Tuve una conversación con un amigo esta semana en la cual nos dimos cuenta de una triste realidad.
Los dos hemos tenido, gracias a Dios la oportunidad de conocer todos los países de Centroamérica y es lamentable saber que es un hecho que Honduras es de los más atrasados de la región.
Dos de estos países tienen premios Nobel, otros se venden como paraíso turístico, los otros tienen una industria tan desarrollada que incluso se están apoderando de la nuestra, otro es un mini Miami, ¿y nosotros? Ahora, viene la realidad más dura: la culpa es completamente nuestra.
¿Cuántas veces uno se burla de su propio país?
Nosotros mismos lo ponemos de mal ejemplo, nos comparamos y encima nos divertimos y aceptamos nuestro subdesarrollo diciendo: “¿Y que esperabas, estás en Honduras? Estoy completamente seguro, y lo digo sin ninguna duda: Honduras tiene mayores recursos humanos y naturales que la mayoría de nuestros hermanos centroamericanos, pero estamos tan empeñados en nuestra propia destrucción que hasta la aceleramos.
¿Cuántas veces ha botado basura en la calle?, ¿Cuántas veces ha pasado un semáforo en rojo?, ¿A cuántos policías a sobornado?, ¿A cuántos funcionarios corruptos ha extendido su mano para saludarlo como si fuera estrella de t.v.?, ¿Se da cuenta que nosotros somos víctimas de nuestras propias acciones y omisiones?
El cambio no va a venir de ninguna parte. Deje de pedirle al gobierno que nos cree un paraíso, el cambio debe de venir de nosotros. Comencemos a pensar como buenos hondureños que quieren heredar a sus hijos una gran nación.
Exijamos resultados, encerremos a los corruptos, tengamos conciencia social y eduquemos a nuestros hijos para que no sean payasos del mismo circo.
