El debate, la confrontación de las ideas, la lucha polÃtica y jurÃdica, son vÃas civilizadas que permiten a los individuos y a las colectividades exponer y defender libremente sus puntos de vista y dilucidarlos siguiendo procesos previamente establecidos.
Cuando existen reglas del juego claramente definidas y su respeto es absoluto el extremo de la confrontación de cualquier tipo deberÃa terminar en los organismos encargados de la aplicación de la justicia. Si esto se aplicara no se intentarÃa resolver los conflictos por la vÃa de la fuerza que, por lo general, más bien los empeora.
Pero si eso no ocurre también queda el recurso de la protesta, protegido por la legislación nacional e internacional. Eso sÃ, de la protesta pacÃfica.
En ese sentido, absolutamente nada puede justificar el uso de la violencia para expresar posiciones polÃticas, ideológicas o disconformidad, tal es el caso de la crisis que actualmente sufrimos los hondureños.
Desafortunadamente, quienes hoy se oponen de forma militante al golpe de Estado del pasado domingo son de la misma lÃnea de quienes atacaron la semana pasada a cuatro jóvenes que pacÃficamente protestaban frente a la casa presidencial contra la cuarta urna; en aquel momento exhibieron intolerancia, amparados en el poder, y por eso no es de extrañarse que ahora convertidos en fuerzas de oposición dejan salir su radicalismo.
Es comprensible que intentaran resistirse al desalojo del sitio frente a la Presidencial en el que habÃan permanecido desde el dÃa del golpe de Estado, pero son inaceptables desde todo punto de vista los actos vandálicos cometidos posteriormente y, más aún, la agresión a periodistas y medios de comunicación que realizaron el mismo domingo y el lunes.
Las decenas de personas que resultaron heridas, entre manifestantes y policÃas, son un saldo lamentable, pero también una especie de anuncio de lo que podrÃa pasar en el futuro si no se le pone fin a esta confrontación que ya tiene a varios compatriotas hospitalizados, y podrÃa incluso ocasionar la pérdida de vidas humanas.
No permitamos que la violencia empeore nuestra ya difÃcil situación.