Estados Unidos
La comunidad internacional comienza a mostrar su característico pragmatismo de aceptar los hechos tal como están y abandonan paulatinamente la emotividad que les ocasionó la salida de Manuel Zelaya del poder el pasado 28 de junio, tras ser arrestado por los militares y expulsarlo a Costa Rica.
Ahora los presidentes latinoamericanos comienzan a aceptar que la salida a la crisis hondureña provendrá de largas negociaciones entre las partes, las cuales se realizan en Costa Rica, bajo la mediación del presidente Óscar Arias.
Reacciones
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, aseguró ayer que la crisis en Honduras no es fácil de resolver, en una rueda de prensa ofrecida al concluirse la cumbre del G8 de L’Aquila (Italia).
La víspera, Lula y el presidente mexicano, Felipe Calderón, condenaron desde L’Aquila “el golpe de Estado” en Honduras y acordaron trabajar “para fortalecer la unidad latinoamericana”.
Por su lado, el presidente boliviano Evo Morales afirmó ayer tener “información no confirmada” de que grupos de poderosos narcotraficantes están “metidos” en el golpe de Estado que sacó de la presidencia hondureña a Manuel Zelaya, aunque no dio más detalles.
“Raro ese grupo militar en Honduras”, acotó Morales, en referencia al rol gravitante que tuvo el alto mando militar hondureño en la expulsión de Zelaya el 28 de junio, tras lo cual el Congreso designó a su hasta entonces presidente, Roberto Micheletti, para terminar el mandato.
Morales, duro crítico de Estados Unidos, también dijo que el gobierno estadounidense tuvo un rol gravitante en el levantamiento militar que echó del poder a Zelaya, que aspira a volver.
El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, está pesimista por un pronto acuerdo en la crisis hondureña y señaló que hay cierta intransigencia en los equipos negociadores.
“Desgraciadamente, me llamaron a eso de las 2 ó 3 de la mañana para informarme que las cosas se pusieron bastante más rígidas. La verdad es que hay intransigencia de ambas partes”, declaró Insulza desde Washington, en declaraciones dadas ayer a la radio Cooperativa.
Prensa
La mejor solución para la crisis hondureña sería que el depuesto presidente Manuel Zelaya regresara a su cargo bajo la promesa de no intentar la reelección, opinó el New York Times el viernes.
“Lo mejor que podría pasar es que los militares hondureños, las cortes y el gobierno de facto, permitan que Zelaya regrese a Tegucigalpa por el resto de su mandato ... a cambio de que abandone todos sus esfuerzos de alterar la Constitución a fin de poder reelegirse para un segundo período”, señaló el diario en el artículo.
El periódico indicó que el presidente Barack Obama “correctamente dejó claro desde un principio que la defensa de la democracia es mucho más importante que la personalidad o la ideología”. Gracias a su posición, Washington puede desempeñar un “refrescante papel” de mediador.
Zelaya y el nuevo presidente Roberto Michelleti accedieron a una negociación mediada por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias. El diario califica el apoyo de la secretaría de Estado, Hillary Clinton, a ese proceso como “discreto, pero esencial.”
Estados Unidos
Por su lado, Zelaya ha salido en defensa de la posición de Estados Unidos en cuanto al movimiento que lo desplazó del poder.
“Las señas de ellos (Estados Unidos) han sido totalmente evidentes. Ellos acompañaron la resolución en Naciones Unidas, fueron copatrocinadores de esa resolución condenando inmediatamente el golpe, a las 24 horas. Fueron también vehementes en la OEA (Organización de Estados Americanos) condenando ese tipo de acciones”, dijo.
“Creo que en este caso el mensaje que Estados Unidos, por lo menos el gobierno del (presidente) Barack Obama, ha enviado al mundo es sumamente positivo”, añadió Zelaya.