Una de las mayores dificultades que ha tenido la prensa internacional para entender nuestra crisis -cuya comprensi贸n completa se nos escapa a煤n a nosotros- es que no ha buscado la percepci贸n de los hondure帽os corrientes, aquellos que sufren la desgraciada situaci贸n, pero sin los prejuicios de la militancia ideol贸gica en uno u otro bando.
Vale decir, la inmensa mayor铆a del pueblo hondure帽o.
Para ver m谩s all谩 de las apariencias, e informar la realidad que ocultan los fen贸menos visibles, no bastan las preguntas callejeras, que producen respuestas coyunturales y superficiales, ni son suficientes las entrevistas a los implicados, cuyas respuestas incluyen parcialidades dif铆ciles de evaluar para observadores for谩neos.
Por otra parte, la prensa internacional ha enviado muy pocos analistas, pero s铆 numerosos reporteros y camar贸grafos, cazadores de noticias truculentas que parecen haber tra铆do ya sus propias conclusiones antes de aterrizar en Toncont铆n, salidas de las antiguas ecuaciones 鈥渙ligarqu铆a + gorilas = golpe de Estado鈥, o, del otro lado, 鈥渋zquierdistas + intentos reformistas = golpe de Estado鈥.
Por eso me sent铆 aliviado cuando el viernes 3 de julio recib铆 una petici贸n del New York Times para que escribiera un art铆culo 鈥渄esde el punto de vista de la gente com煤n鈥.
El gran diario present铆a que la gente com煤n ten铆a algo que decir, que tras los humos de las hojarascas encendidas por las partes en pugna, hab铆a realidades m谩s profundas, para las que las viejas ecuaciones resultan obsoletas, si se quiere entender la verdadera realidad.
El t铆tulo de mi art铆culo -鈥溌緼 qui茅n le importa Zelaya?鈥-, publicado en la p谩gina editorial del Times el martes 7 reci茅n pasado, refleja el criterio de esta columna, tantas veces anunciado durante tantos a帽os: 鈥渓as reformas econ贸micas de 1990 incluyeron una importante devaluaci贸n de nuestra moneda y una inflaci贸n que deterior贸 los salarios reales.
Esas deprimentes realidades econ贸micas est谩n entrelazadas con la corrupci贸n, y con un sistema donde las ganancias del narcotr谩fico parecen financiar pol铆ticos.鈥
鈥淒emasiadas veces hemos celebrado con optimismo la inauguraci贸n de un nuevo presidente, solo para sentirnos despu茅s enga帽ados y frustrados por la incompetencia pol铆tica y la corrupci贸n鈥 que ha marcado las administraciones.
鈥淎unque hemos gozado de libertades b谩sicas y de un precario crecimiento econ贸mico, nuestros l铆deres han fallado por completo en aliviar la pobreza y la permanente desigualdad social. Por estas razones, numerosos hondure帽os son ap谩ticos respecto a los pol铆ticos y a la pol铆tica en general.鈥
鈥淢el鈥 intuy贸 esas fracturas estructurales, y bien pudo resanar algunas, para que el pa铆s, con nuevos liderazgos, continuara la tarea. Pero en vez de apelar a la fuerza de las masas y no a falsos l铆deres, malogr贸 su gobierno y propuso un cambio que le dar铆a presidencia permanente, en el estilo de Ch谩vez, su promotor y corruptor pol铆tico.
Sin conocer las ra铆ces hist贸ricas de la crisis no hay forma de entenderla. Lo que importa es la fractura estructural, no la coyuntura, que, asociada a Zelaya y Micheletti, es pasajera y casi irrelevante para entender la esencia del conflicto.
Esas consideraciones explican que, 鈥渆n el extranjero, muchos est谩n obsesionados por la cuesti贸n de si la deposici贸n del se帽or Zelaya fue legal, o si fue un cl谩sico golpe militar. Pero este debate obscurece el hecho de que, durante muchos a帽os, Honduras ha sido solo una crisis en espera de su estallido鈥.
Afuera, todos se han cre铆do con derecho a opinar sobre nuestra desgracia, y algunos a agravarla, sin conocer los personajes, ni la historia de la trama, ni nuestra Constituci贸n, que es trasfondo, parte y soluci贸n de la contienda.
Si esa desgracia ha crecido tanto, es porque los de afuera tienen agendas propias, ajenas a la de Honduras, y en ciertos casos contradictorias de nuestros intereses.
La ONU, la OEA, la Uni贸n Europea, Obama y la se帽ora Clinton, Ch谩vez, Fidel, Ortega, la ALBA, Insulza, todos, en inexplicable mezcla, buscan objetivos pol铆ticos propios, que muy poco tienen que ver con nosotros.
En la mesa de p贸quer donde se juega nuestro destino, a la que nos han arrastrado literalmente tomados por el pelo, Honduras tiene asiento, y es el premio de la partida, pero nadie le reparte cartas.
Muchas gracias, mejor nos retiramos, para resolver entre nosotros el problema, como sea, sin m谩s ayuda que la del presidente Arias.
Si en esta crisis aceptamos imposiciones for谩neas, perderemos una vez m谩s la dignidad nacional que con tanto esfuerzo est谩bamos construyendo. Es una responsabilidad hist贸rica indelegable, que comparten las dos facciones en pugna.
El art铆culo concluye opinando que 鈥渆l se帽or Zelaya puede o no regresar para servir los seis meses que le faltan de su per铆odo. Pero, 驴de veras importa? Hasta que una nueva generaci贸n de pol铆ticos j贸venes, no contaminados y democr谩ticos tome el control, y las profundas injusticias de nuestro sistema econ贸mico comiencen a ser atendidas, no podremos confiar en nuestros l铆deres.鈥