Mohammed VI llegó al trono de Marruecos un 23 de julio, hace diez años.
En comparación con el año 2000, el primero del reinado de Mohamed VI, hoy hay en Marruecos más corrupción, menos estabilidad política, menos respeto por las normas jurídicas y menos libertad de expresión; además, el Estado es menos eficaz y la calidad de la legislación apenas ha mejorado. ¿Quién afirma todo esto? Ni más ni menos que el Banco Mundial. La filial del banco que se encarga de evaluar la gobernanza de sus países miembros publica todos los años una serie de índices que miden los resultados obtenidos por los diferentes gobiernos.
RIQUEZA. La revista ‘Forbes’ estima en 1757 millones de euros la fortuna del rey. Este es un elemento más, resaltaba la agencia de prensa oficial marroquí MAP, del éxito del "proyecto estrella" del megapuerto de Tánger-Med, que el rey Mohamed VI lanzó en 2002, y que compite con Algeciras.
Con motivo del décimo aniversario de su entronización la prensa oficialista marroquí reitera machaconamente la "visión estratégica" que tuvo el monarca.
El noroeste de Marruecos está desarrollándose a marchas forzadas en los últimos siete años.
El proyecto lo dirige la Agencia Especial Tánger Mediterráneo, que, en buena medida, escapa al control del gobierno y depende del palacio real. El ejemplo ilustra la manera de gobernar del soberano alauí. Fundaciones, comisiones y agencias especiales -se acaba de crear una nueva para el puerto de Nador- eluden el control del Ejecutivo y solo rinden cuentas al rey.
CORONACIÓN. Hassan II falleció hace diez años y su hijo primogénito, que tenía entonces 35 años, fue entronizado ese mismo día. Heredó un país en el que su padre, en sus últimos años de reinado, había impulsado una alternancia política -un socialista accedió a la jefatura del Gobierno en 1998- que podía anunciar una transición.
La transición inacabada, titula el profesor francés Pierre Vermeren el libro que publicó el mes pasado sobre Marruecos. Inconclusa porque el artículo 19 de la Constitución otorga casi todos los poderes al rey y no se contempla su revisión. Socialistas e islamistas moderados la piden, no obstante, de vez en cuando, pero con la boca pequeña.
Mohamed VI mantiene además la costumbre de su progenitor de nombrar directamente, además del primer ministro, a varios miembros del gobierno, una atribución no prevista por la Constitución. Los llamados "ministros de soberanía" desempeñan las carteras de Interior, Justicia, Exteriores y Asuntos Islámicos. Para más inri, el rey ha creado nuevos órganos, como la agencia que gestiona Tánger-Med, vinculados al palacio real.
Empeñado en combatir las interpretaciones radicales del islam, el soberano ha promovido también dos grandes reformas religiosas en 2004, poco después de los atentados de Casablanca, y en 2008. Ambas consolidan aún más su poder como Comendador de los Creyentes, es decir, jefe espiritual de los musulmanes, un título que ya le otorga la Constitución.
La revista especializada estadounidense Forbes estimaba en junio que la fortuna de Mohamed VI era, en 2008, de 1,757 millones de euros. Fue el único monarca importante que consiguió incrementar sus haberes ese año.
Pese a tanta acumulación de poder, el soberano es discreto. Rehúye a los medios de comunicación -desde que en enero de 2005 recibió a EL PAÍS no ha concedido más entrevistas- y también las cumbres y conferencias internacionales. En Marruecos, en cambio, es omnipresente. Multiplica las inauguraciones, sobre todo aquellas con una vertiente social, hasta extremos insospechados. Llegó a cortar la cinta de una piscina municipal en Oujda que ni siquiera era olímpica.
Bajo su mando
Mohammed VI: La tarde del 23 de julio de 1999, a los 35 años, Mohammed VI sucedió a su padre, el rey Hassan II, fallecido ese mismo día. Desde ese día han pasado diez años en los que Marruecos ha avanzado.
En 2008, la Unión Europea (UE) le concedió un "estatus avanzado" que le permitirá en un futuro acceder libremente al mercado europeo y dotarse de infraestructuras sin igual en el Magreb.
Desde el punto de vista económico, las tras voces principales de ingresos presupuestarios -turismo, remesas de marroquíes residentes en el extranjero y exportación de fosfatos- sufren disminuciones sensibles, por el impacto de la crisis mundial.
