Bonsái: Arte viviente en Tegucigalpa

Para lograr paz interior, armonía y equilibrio
ElHeraldo.hn

Honduras

01.08.2009 - Fundación Nueva Acrópolis - infoSPAMFILTER@acropolishonduras.org

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Los seres humanos siempre hemos tenido cierta fascinación por los aspectos mágicos de la naturaleza. Todos los pueblos antiguos de una u otra forma han sido grandes observadores de los fenómenos que en ella se esconden y han dado atributos mágicos a algunos de ellos. Es de todos conocido el hecho de que las culturas de oriente gozan de ese aspecto mágico en las diferentes actividades artísticas u expresiones estéticas.

El bonsái, como un digno representante de estas expresiones artísticas orientales, es una de las más sorprendentes y gratificantes actividades a la que podemos dedicarle tiempo y paciencia, ya que este arte cumple con funciones y propósitos muy variados y enriquecedores en diferentes aspectos de nuestras vidas.

Fueron los chinos quienes, en su afán por capturar los elementos mágicos que existen en la naturaleza, comienzan con los primeros intentos de miniaturizar árboles; es válido decir que no fueron los árboles las primeras prácticas de miniaturización que ellos hacían, pues ellos creían que en las montañas, ríos, lagos, etc., moraban seres mágicos y que esas energías podían ser atrapadas si los hombres lograban hacer representaciones diminutas de los mismos.

Es por eso que ellos tienen en sus hogares pequeñas montañas, riachuelos, cascadas, todo esto a manera de paisajes. Todo esto es fruto de las creencias religiosas de este pueblo en particular y esto nos resulta importante porque para ellos la miniatura en sí no es tan importante como el aspecto ceremonial y sagrado que ellas contemplan. Esto se debe en su mayoría a la influencia Taoísta y Budista de este pueblo, en cuyas creencias están enmarcadas la gran mayoría de las actividades artísticas, estéticas y marciales de estos pueblos.

ORIGEN. No es sino después de muchos años que, debido al intercambio comercial y la ocupación militar en China por parte de los japoneses, lo primeros árboles miniaturas viajan hacia la isla de Okinagua, donde este magnífico arte logra alcanzar su máxima expresión; dado que es el pueblo japonés el que perfecciona la técnica del bonsái. Pero ellos también se dejan cautivar por el aspecto ceremonial de esta práctica, ya que los monjes budistas Zen lo asumen con una especie de meditación en movimiento, al igual que lo son el Ikebana (arreglos florales), el Kyudo (tiro de arco) y la ceremonia del té, entre otras. Es con estos elementos que podemos comprender entonces por qué los maestros insisten tanto en que lo importante en el bonsái es lo que no se ve; es decir que el cultivo y desarrollo del árbol es solo una excusa para poder desarrollar y cultivar la parte interior del bonsaísta y crear paz interior, armonía y respeto. Nos resulta muy lógico y normal que algunos especialistas en la ciencia de la psiquiatría y la psicología recomienden de manera más seguida a pacientes que sufren de estrés, ansiedad y otros males asociados, la práctica de este tipo de artes orientales, en los cuales se busca un equilibrio entre la calidad de tiempo que invertimos en una actividad y el desarrollo de una actividad estética.

Los maestros de este milenario arte viviente hacen hincapié en que árbol como tal no es más que el reflejo de la persona que lo moldeó; es decir, que toda la belleza, elegancia, armonía del árbol, es el reflejo del alma del bonsaísta, puesto que no hay forma de que un alma dañada o desordenada pueda alcanzar la plasmación de una obra de arte que sea capaz de conmover y enternecer a quienes la observen.

TÉCNICA. Uno de los signos que parecen desprenderse de la presencia del bonsái en Occidente es que va perdiendo su carácter religioso o filosófico que tuvo en sus orígenes, cuando los monjes zen lo practicaban para desarrollar la capacidad de concentración y meditación. Aunque no deja de mantener su carácter enigmático, no cabe duda de que los maestros orientales se han visto sustituidos por los clubes de aficionados de Occidente y las revistas especializadas. Se atiende a la perfección y eficacia de las técnicas empleadas, a la espectacularidad de los efectos logrados y hasta a la competición que se establece en exposiciones diversas, más que a la idea que el bonsái, en un plano más espiritual, intenta transmitir. Por otra parte, la forma de apreciar el tiempo que se tiene en Occidente, tan diferente a la oriental, se ve reflejada, por ejemplo, en lo que se considera en la actualidad un buen bonsái: debe tener aspecto de árbol fundamentalmente, aunque sea un ejemplar inmaduro de cinco años. Sin embargo, antes, se decía que para que un árbol fuera perfecto necesitaba, por lo menos, cincuenta años de maduración.

Como hondureños nos sentimos muy orgullosos de contar con una floresta abundante que nos brinda variedades y especies de árboles y arbustos que se prestan perfectamente para la práctica del arte del bonsái, así como también en ser uno de los países con muchos exponentes de este arte milenario que involucra personas sin importar la edad, género ni condición social. Nueva Acrópolis coordina cursos de este arte en Tegucigalpa y los interesados pueden llamarnos al teléfono 232-0727.

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Un desarrollo integral del arte del bonsái debe gestarse tanto en su aspecto técnico como en hacer crecer esa armonía.
Un desarrollo integral del arte del bonsái debe gestarse tanto en su aspecto técnico como en hacer crecer esa armonía.

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