La misión de un sacerdote es salvar almas. Pero el reverendo John Lasseigne se ha fijado otro objetivo más terrenal: salvar viviendas. Eso a menudo requiere verdaderos milagros en su parroquia de Pacoima, un suburbio predominantemente hispano de clase media-baja del Valle de San Fernando donde abundan los carteles de casas que han sido apropiadas por bancos y que están en venta. Una de nueve propiedades enfrentan ejecuciones hipotecarias, lo que hace de esta localidad una de las más golpeadas por la crisis de la vivienda.
"Hay miles de ejecuciones hipotecarias", expresó el párroco de la iglesia María Inmaculada. "Es asombroso".
Lasseigne ahora no solo predica en la iglesia sino que se reúne con políticos y habla con los bancos, tratando de conseguir condiciones más blandas para los préstamos de sus feligreses. En sus misas casi siempre menciona formas de saldar deudas y la desvalorización de las propiedades junto con las Ave Marías y las oraciones del Señor. Su agenda incluye más encuentros con funcionarios bancarios que con figuras religiosas.
Varias iglesias de distintos credos han respondido a la recesión ofreciendo asesoría sobre préstamos y capacitación laboral, siguiendo una vieja tradición de activismo social.
Adentrarse en los secretos de los préstamos hipotecarios es algo inusual para alguien que probablemente jamás vaya a comprar una casa. Lasseigne, no obstante, está bien preparado ya que antes de hacerse seminarista se recibió de abogado.
Combina esos conocimientos con un firme sentido de la justicia y se hizo popular como el padre que lucha contra las ejecuciones hipotecarias en un barrio donde la presencia hispana es tan grande que Lasseigne ofrece dos misas diarias en español y nueve los domingos.
"El trabajo en pro de la justicia es parte del sacerdocio", declaró al religioso. "Tenemos que ayudar a los necesitados y denunciar las injusticias. Las estratagemas financieras empleadas (para atraer clientes) son increíbles".
UNA ESPERANZA. Lasseigne llegó hace un año a Pacoima, suburbio de Los Ángeles donde el 90% de sus 60,000 residentes son hispanos, mayormente mexicanos y centroamericanos. Muchas familias viven en casas pequeñas, abundan las pandillas y se cría pollos en los jardines.
Lasseigne aprendió español en San Antonio, Texas, donde luego de completar sus estudios de derecho se unió a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, una congregación que ayuda a los pobres.
Sabía poco de la crisis de la vivienda cuando una familia le pidió que orase por ellos porque estaban a punto de perder su casa. Esas historias se repitieron y el sacerdote descubrió que una gran cantidad de feligreses que soñaban con tener una vivienda propia, con escasos recursos y pocos conocimientos del inglés, habían caído en la trampa de los préstamos de alto riesgo y los precios sobrevaluados.
Lasseigne comenzó a asesorar a unas 100 familias, armó un banco de datos con archivos de cada caso y participó en reuniones de propietarios de viviendas. Se enteró de sus problemas y trató de darles esperanza cuando pensaron que lo habían perdido todo. "Nunca oí de un cura que hiciese tanto por ayudar a la gente", comentó Juana Rodríguez, mujer que cría sola a cuatro hijos y que casi pierde su vivienda. "Siempre está dando la cara por nosotros, guiándonos. Ya no siento miedo".
Alentada por un agente de bienes raíces amigo, Rodríguez financió la totalidad de una casa de tres dormitorios sacando préstamos de interés variable por valor de 272,000 dólares. El entusiasmo inicial dio paso al miedo cuando los intereses subieron al 10.56% y el pago mensual de 1,300 dólares subió a 1,990 dólares. Y para empeorar, se quedó sin trabajo.
Con la información recibida en los talleres logró refinanciar su hipoteca y sacó un préstamo a 30 años, con intereses fijos del 5%. Además consiguió trabajo en una clínica. Ahora asesora a otras personas que enfrentan problemas para conservar sus viviendas.
En colaboración con One LA-Industrial Areas Foundation y Neighborhood Legal Services of Los Ángeles County, Lasseigne habló con legisladores, concejales y ejecutivos para tratar de conseguir términos más favorables para los préstamos.
Va a esas reuniones usando su cuello de sacerdote. "No me propongo hacer que se sientan culpables, pero le da un cierto peso moral a la gestión", declaró. "Quisiera pensar que cuando me ven llegar, saben que hablo en nombre de miles de personas que corren peligro de perder sus viviendas".
