Honduras
15.08.2009 - Delia Steinberg Guzmán /Directora Internacional de Acrópolis - infoSPAMFILTER@acropolishonduras.orgHay veces en que la vida nos deja fuera de combate. No tanto los grandes dramas, la lucha por sobrevivir, sino el cúmulo de pequeños quebrantos, del problema de cada dÃa. Pero hay muchas más veces en que nos alzamos victoriosos en el campo de la pelea diaria, mirando con orgullo hacia adelante, sin dejarnos amedrentar, esperando lo que haya de venir, bueno o malo, lo que Dios nos quiera mandar, que para eso estamos.
Ese es el héroe cotidiano.
Es un héroe a veces inconsciente, puro instinto de supervivencia, que aparta las ramas del camino sin preguntarse el nombre de los árboles. Pero a veces se toma un respiro y reflexiona. Se le vienen a la mente las mil eternas preguntas del hombre de siempre: por qué, para qué, cómo es posible, y si yo...
Son ni más ni menos que las reflexiones del héroe cotidiano. Las hace ante eso que todos vemos y no todos paramos a ver qué estamos haciendo: ese separatismo que nos convierte en "hombre, lobo para el hombre"; que nos hace incrustar las manos en el bolsillo antes que tenderlas; ese miedo a cien cosas abstractas e irrazonables; esa agresividad que se nos despierta rugiendo al menor roce; ese agobio que nos hace sentarnos mirando al vacÃo porque ya no sabemos por dónde empezar; esa opinión pública a la que rendimos tantas veces nuestros ideales más hermosos, ante la que se arrÃan las banderas de nuestros sueños... Nueva Acrópolis lleva ya muchos años haciendo camino al andar, que no otra cosa es el ser filósofos. Parando a reflexionar en esa andadura, que eso es el estudio, la lectura, la investigación. Este artÃculo es una reflexión dedicada a ti que sueñas, que luchas y que sin ser portador de una armadura te retas a vivir la más dignas de las batallas: La lucha contigo mismo.
Convirtiéndonos en Héroes. Entre las muchas cosas que "ya no se llevan" está lo heroico, el sentido heroico de la vida. Eso de los héroes queda para los libros, ya ni siquiera libros de historia, sino de historias fantásticas para niños, a los que se entretiene con héroes de papel o de celuloide, siempre y cuando no intervenga el psicólogo de turno para expresar que tales relatos distorsionan la mente infantil.
Pero, a pesar de las pretendidas modas, la vida, en su rico muestrario, nos ofrece muchas más heroicidades de las que uno está dispuesto a admitir. No se trata de los grandes personajes, de esos que, a pesar de la opacidad de las crÃticas envidiosas, siguen brillando con luz propia en el tiempo; no. Se trata de los pequeños héroes cotidianos que realizan verdaderas gestas, con un esfuerzo digno de titanes, aunque tengan la altura de los hombres.
Cada uno tiene su medida. Cada uno tiene sus sentimientos y sus ideas, cada uno tiene sus sueños, sus ambiciones. Cada uno tiene sus deseos de cambiar, de mejorar, de dejar el mundo un poquitÃn diferente de como lo encontró... Y allÃ, en ese cada uno, con todas esas caracterÃsticas, está el héroe cotidiano, el que se afana laboriosamente para conseguir algo o mucho de lo mencionado.
Si algún escritor dotado recogiese las peripecias de estos personajes anónimos y les diese expresión con la palabra, convertirÃa a personajes y peripecias en héroes y heroicidades, porque sabrÃa destacar el valor de cada experiencia, la valentÃa de cada minuto.
Cuando la filosofÃa clásica ponderaba a los héroes, haciéndoles reconocer por todos, creo que no se apoyaba solamente en gestas guerreras o en actos sobresalientes de destreza psÃquica o biológica. Creo entrever, en más de un filósofo, una callada y sutil invitación a emular a esos héroes desde la sencillez de nuestras propias vidas, desde el puesto de guerra -¿por qué no?- que el destino nos ha concedido a cada uno de nosotros.
SER DIFERENTE. El sentido heroico de la vida no se agota en una batalla, ni en una oportunidad difÃcil de la que hayamos podido salir victoriosos. Por eso hablamos de un "sentido de la vida", y no de una ocasión en la vida. El sentido de la vida es como una dirección general, es un sendero que, con más o menos vericuetos, lleva hacia una meta.
Y la heroicidad consiste, pues, en enfocar cada dÃa, cada acto, como una prueba en la que todas nuestras fuerzas, desde las fÃsicas hasta las sutiles de la inteligencia y del alma, van a entrar en juego. A veces caeremos, y otras tantas, y cuantas hagan falta, nos volveremos a levantar... Entonces, ¿no sientes aún al héroe en ti? Hazle un sitio y lo verás crecer como una columna en tu propio interior.
Esta es una invitación a lo heroico: ser diferente, ser mejor, ser claro, honesto y razonable en nombre de una filosofÃa natural, cuando todos insisten en destruirse en aras de la cursilerÃa y de la ignorancia. Es una invitación a navegar contra corriente y atreverse a realizar actos cotidianos con valentÃa.
