Filosofía, la clave para desvelar enigmas

Intentemos reeducarnos, reencontrarnos y emprender la aventura de vivir con filosofía
ElHeraldo.hn

Honduras

22.08.2009 - Delia Steinberg Guzmán/ Directora Internacional de Nueva Acrópolis - infoSPAMFILTER@acropolishonduras.org

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La vida nos plantea a menudo preguntas sobre el sentido de lo que estamos experimentando, sobre cómo resolver los dilemas que se nos presentan, si seremos capaces de ver realizados nuestros sueños y aspiraciones... Aquí la filosofía se convierte en la clave para desvelar enigmas cotidianos.

Hoy, tal vez, a muchos siglos de distancia de Pitágoras, de aquellos filósofos considerados utópicos, la filosofía, en líneas generales, es algo bastante diferente. Hoy, filosofía es algo muy abstracto; son muchas palabras y muchos conceptos difíciles, y cuando la gente se queda con esta idea de la filosofía, huye de ella.

Hoy, filosofía es casi historia de la filosofía, es un repaso a todo lo que han pensado todos los filósofos de todos los tiempos. Eso sí, acatando ciertas normas, porque en todo momento hay filósofos que son muy buenos, muy notables, y hay otros que son prohibidos, malos, nefastos. Pasarán unos años y los nefastos serán los buenos, y los que hoy se consideran buenos pasarán del otro lado: también la historia de la filosofía tiene modas.

¿UNA UTOPÍA? Hoy, la filosofía no se considera algo práctico, algo útil para la vida. Esa idea de falta de aplicación, esa idea de que la filosofía es una utopía, de que no sirve para nada, ha hecho que tuviéramos que padecer, sobre todo en parte del siglo pasado y en éste, en que muchas ideas materialistas han ido avanzando, las consecuencias de este mito que es la filosofía. Por ejemplo, en algunos países del mundo, se ha decidido quitar esta materia de los planes de estudio, porque ¿para qué sirve?

Consecuencias: que la gente intenta evitar la filosofía de la misma manera que el que no ha aprendido a vivir intenta evitar el estar a solas consigo mismo. Hay mucho vacío interior, mucha inseguridad, y no debe extrañarnos en absoluto que haya tanta corrupción, tanto desorden, tantas catástrofes naturales, porque cuando el ser humano no encuentra un eje dentro de sí mismo, no tiene cómo salir adelante.

Aunque algunos digan que la filosofía es solo teórica y que no sirve para nada, debemos reflexionar y preguntarnos por las grandes preguntas, las grandes inquietudes… ¿dónde se contestan? ¿Qué hacemos con aquello que nos asalta cuando uno se encuentra a solas consigo mismo: y por qué la vida, y por qué la muerte, y por qué el dolor, y por qué envejecemos, y por qué nos pasan las cosas que nos pasan? ¿Por qué hay sufrimiento, y por qué se puede pasar del sufrimiento a la alegría y de la alegría al sufrimiento, y qué es lo que nos conduce como un viento de una cosa a otra? ¿Por qué tenemos temores y por qué dudamos…?

Y cuando surgen estas preguntas, o las respondemos o viviremos perpetuamente angustiados porque habremos echado una cortina delante de nuestros ojos intentando no ver lo más importante. Cuando hay interrogantes, no hay más remedio que preguntar.

Cuando Sócrates decía: "Solo sé que no sé nada", no lo decía por conformarse con no saber nada. Es un reconocimiento de lo que no se sabe y un punto de partida: "Voy a saber más porque necesito más".

Aunque pasen los siglos, el ser humano se seguirá planteando estas interrogantes. Y basta que nos exijan una respuesta para que la filosofía se vuelva útil, práctica, y necesaria. La filosofía es la gran educadora; es la que nos enseña a vivir. Lo más difícil de todo, que es vivir, casi nadie lo enseña. No vamos a llegar a ser sabios, pero por lo menos tendremos algunos temores menos, algunas dudas menos de las que teníamos antes; no vamos a mirar a la gran verdad, pero empezaremos a tener algunas certezas.

El quién soy, qué hago aquí, para qué estoy, de dónde vengo y adónde voy es una forma de aprender a vivir; el arte de vivir es contestarse día a día a esas preguntas. Es entender por qué sufrimos, por qué hay dolor.

EL APRENDIZAJE DE LA VIDA. Los filósofos orientales, tan viejos que a veces no sabemos ni en qué fecha nacieron, decían que el dolor es vehículo de conciencia. Cuando uno es feliz y ríe, difícilmente se pregunta: "¿por qué me pasa esto a mí?". Parece ser que los humanos aprendemos cuando algo nos duele, y el arte de vivir nos enseña que cada vez que sufrimos, hay que detenerse y preguntar: "¿por qué sufro, qué me está intentando enseñar la vida en este momento? ¿Qué hay detrás de este dolor? ¿Qué experiencia importante puedo extraer?".

Este arte de vivir incluye también algo tan importante como valorar la vida y a todos los seres vivos. No es posible escuchar que haya gente joven que diga: "Yo no he pedido venir a la vida", como si fuera un reproche. Un reproche ¿a quién? No sé si hemos pedido venir a la vida: estamos aquí, y hay que aprender a valorarla, porque es un magnífico regalo. No se puede pasar por la vida dejando que nos arrastre; tal vez esto también constituya el arte de vivir.

En lugar de ser un tronco de árbol a la deriva en un río, tener la capacidad de construir una barca con el tronco, unos remos, y poder dirigirnos a nosotros mismos a través de la corriente.

Esta filosofía y este arte de vivir, ¿es para unos pocos? No; es para todos. En todo momento, en todos los lugares, nos hace falta algo que nos dirija en este arte de vivir… Nos hace falta un camino. La filosofía nos enseña a valorar ese camino. Ya que hemos hablado de filosofía, tenemos que hablar de educación. En un buen diccionario encontramos cosas tan bonitas explicando lo que es educación, cómo dirigir, encaminar, adoctrinar; y podemos decir: "¡Esto está muy bien en el diccionario, pero según dónde se diga puede sentar bastante mal!", porque nadie quiere ser dirigido, ni encaminado ni adoctrinado.

EDUCAR CON ARTE. Hoy todo el mundo pretende ser libre, antes que aprender. Queremos ser libres antes que saber. Sin embargo, educar es eso: es encaminar, es dirigir, es saber llevar, y solo puede educar el que tiene alma de educador, porque sabe encontrar lo que hay dentro de la persona, sabe desarrollar, engrandecer todos esos valores que a veces permanecen callados, escondidos, y si uno no tiene el valor de extraerlos, permanecerán callados y escondidos a lo largo de su existencia.

El fundador de Nueva Acrópolis, Jorge Angel Livraga, hablaba mucho sobre la educación. Él decía que el papel de la educación es hacer surgir las cualidades intrínsecas del individuo. Y este papel de la educación de hacer surgir viene, precisamente, de la raíz latina educir; es sacar de dentro hacia fuera.

Platón decía que el filósofo hace las veces de una partera: hay una partera que nos trae a la vida con el nacimiento, y hay un filósofo, alguien, que nos da la vida el día que nos ayuda a extraer lo que llevamos dentro, hilar nuestras vidas, a unirlas, a poner orden en nuestros sentimientos y a dirigir nuestra vida con cierta seguridad; y seguía diciendo el profesor Livraga que la verdadera pedagogía es aquella que despierta el potencial de aprender: educa sin reformar, informa sin mentir, despierta el alma y las fuerzas interiores que existen en todos los seres humanos.

La ciencia de la educación platónica se resumía en cuatro virtudes, que eran tan valiosas hace miles de años como ahora: valor, templanza, prudencia y justicia. Valor no es ser temerario; es poseer fortaleza, es saber estar vivo con dignidad.

Templanza es la capacidad de mandar sobre nosotros mismos, es encontrar el justo medio, el equilibrio; es un equilibrio alto, elevado.

Prudencia es una palabra que se puede interpretar de maneras muy distintas: el ser prudente es ser sabio; solo el que sabe es prudente. El que ignora es imprudente y se arroja en brazos de la vida de cualquier manera.

Confucio decía que el hombre prudente piensa las cosas dos veces: una es muy poco, y tres, una exageración. Dos veces, lo justo. Eso es prudencia, eso es sabiduría.

Una buena educación forma y transforma. Una buena educación es alquimia interior; no podemos ser igual antes de aprender como después. Y si somos iguales es que no hemos aprendido nada, es que hemos memorizado un montón de cosas y no sabemos nada. Esa educación formativa, de transformación, no es una educación de forzar a la gente; no se puede torcer la personalidad humana.

En todo caso, es una educación que nos tiene que liberar de muchas ataduras, de muchas deficiencias, de muchas inseguridades y temores. Cuando uno puede soltar estos lastres, desamarrar la embarcación, el alma se siente libre. Esa educación formativa tiene que ayudarnos, tenemos que aprender a aprender.

Y tenemos que aprender con la práctica, porque nos estamos haciendo muy sedentarios. Demasiado. Nos falta la experiencia.

Hay que llegar a ser uno mismo. Encontrarse pequeño y saber que eso es mucho más hermoso que no encontrarse y no saber dónde está lo que llamamos "yo", dónde está el "yo soy".

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La filosofía es la gran educadora; es la que nos enseña a vivir, algo que casi nadie lo enseña.
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