Con una recesión galopante, cuyo final aún no se avizora, muchos estadounidenses con los bolsillos cada vez más vacÃos han empezado a buscar desesperadamente fórmulas para recortar gastos e Internet está demostrando ser una útil herramienta que no solo ofrece vÃas de ahorro sino que, a la par, reaviva un espÃritu en muchos casos algo olvidado: el de una comunidad que comparte.
Desde que a finales del año pasado se revelara la magnitud de la crisis, son numerosas las iniciativas online que han surgido en Estados Unidos -con intención en muchos casos de propagarse a otros paÃses- para dar respuesta a esta búsqueda creciente de un poco de "solidaridad.com" con la que afrontar las vacas flacas de las que pocos se libran.
Con ese espÃritu fue lanzada a comienzos de año Davezillion.com, una comunidad online cuya "misión" es "conectar a personas que se ayuden a arreglar cosas" en casa, como pintar una habitación, realizar una mudanza o arreglar un mueble.
"La idea de esta web surgió de un grupo de amigos que nos conocemos desde la universidad, nos hemos pasado la mayor parte de nuestras vidas intentando ayudarnos cuando uno de nosotros necesitaba pintar su casa o mudarse", explica a la agencia DPA Tom Becker, uno de los cofundadores de esta comunidad que, en apenas ocho meses, ya está presente "en al menos 20 estados" del paÃs, apunta.
"Nos dimos cuenta de que tenÃamos estos amigos en los que podÃamos confiar y pensamos: ¿no serÃa genial si pudiéramos hacer una web donde la gente pudiera construir sus propias redes para conseguir arreglar cosas en sus casas?".
"Hoy en dÃa todo el mundo vigila su presupuesto, y aun asà tienes que reparar cosas en tu casa, hay cosas que se tienen que hacer y que cuestan dinero", señala Becker. "La idea es que muchos de esos proyectos pueden hacerse sin necesidad de pagar a profesionales, eso sÃ, solo si tienes a un amigo que te pueda echar una mano".
"Mi mujer está embarazada de seis meses y la cuna que habÃamos pedido nos esperaba en el almacén. Contacté con alguien de mi ciudad cuya mujer acababa de dar a luz (..) y resultó que sus muebles estaban en otro almacén. Compartimos los gastos de un camión y nos pasamos una tarde ayudándonos a recoger nuestros muebles. Nos ahorramos cien dólares cada uno", explica uno de los usuarios de Davezillion en la web.
Para Becker, quien se confiesa asombrado de la "rápida" expansión de su iniciativa, un valor agregado es la "camaraderÃa" que se desarrolla entre los usuarios. El éxito se debe "parte por lo económico y parte por la tranquilidad mental", opina.
ENTRE AMIGOS Y VECINOS. En el mismo espÃritu se mueve Hyperlocavore (www.hyperlocavore.ning.com), una comunidad online que conecta a vecinos que buscan crear su propio huerto comunitario y donde se comparten consejos, sugerencias y experiencias "jardineras".
Meses antes de que la primera dama, Michelle Obama, anunciara su intención de usar una parte de los extensos jardines de la Casa Blanca para plantar vegetales, Liz McLellan organizó el pasado enero la misma iniciativa vÃa online y para todo el paÃs.
"Lancé la web en enero, justo cuando (Barack) Obama era elegido, en parte como una respuesta a su llamado a arremangarse la camisa y ponernos a trabajar", explica McLellan.
"¡Y la respuesta ha sido fantástica!", se regocija McLellan, para quien el secreto del éxito de su iniciativa, que ya cuenta con una extensa comunidad de "granjeros" tanto urbanos como de zonas campestres en todo Estados Unidos, reside en que "es una idea que va más allá de la polÃtica".
"Representa un modo de ahorrar dinero, hacerse responsable de la seguridad alimentaria y del impacto climático", a la par que sirve para "que la gente mayor y la más joven hagan algo divertido juntos y se coman alimentos mucho más sabrosos", asegura en entrevista -online- con DPA.
McLellan puntualiza que "cada grupo se organiza a su manera". "Yo estoy aquà para ayudar a gente para los grupos, darles un espacio online para discutir y planificar durante todo el año y ayudarles a encontrar a otros jardineros urbanos", indica la joven empresaria, cuya página también conecta con otras iniciativas similares, como Homegrown (www.homegrown.org) de compartir el amor por la comida y consejos para cultivar los propios alimentos.
"Ahorrar peniques puede ser muy divertido y satisfactorio, y cultivar tu propia comida fresca es probablemente el mejor modo de mantener el lujo en la mesa a la vez que se ahorra dinero", señala McLellan, quien en los "dorados" 90 se acostumbró a comer "realmente bien" y dice no estar dispuesta a abandonar esta práctica ahora que corren tiempos de dificultades económicas.
Con la misma idea de compartir y ahorrar costos se enfilan páginas como Swaptree (swaptree.com), una web para intercambiar con otros usuarios libros, discos, pelÃculas o videojuegos, o FreeCycle (www.freecylce.org), que permite que gente que quiere deshacerse de muebles o cualquier otro trasto -en buen estado- se ponga en contacto con habitantes de la misma ciudad para, en vez de tirarlo a la basura, hacérselo llegar a una persona interesada en el producto.
Fiona Murphy, una artista irlandesa que reside desde hace un año en Washington DC, lo considera un "mecanismo fabuloso" sobre todo en momentos de apretones económicos.
"Todo el mundo lo está usando ahora debido a la recesión, la gente ya no tira tantas cosas a la basura, sino que empieza a reciclar", considera Murphy, quien dice que en una ocasión incluso consiguió "cigarros cubanos" viejos por este método de reciclaje online.
Pero Murphy no ha hecho uso de Internet sólo para buscar gangas online, también lo hace para organizar sus viajes en coche, que alquila para su familia por horas en el servicio online Zipcar (www.zipcar.com).
"Nos ahorra mucho, porque cuando uno piensa lo que la gente tiene que pagar solo para el aparcamiento, el seguro, las multas, la gasolina... y para mucha gente de la ciudad es importante poder tener un coche", explica.
Jimmy Hernández, un estudiante universitario de 25 años, acaba de decidirse a convertirse en un "zipster", como se denominan los usuarios de estos vehÃculos que se reservan por Internet y se pueden recoger en diversos puntos de la ciudad, precisamente por la "conveniencia" de la oferta.
"Me hice un presupuesto y me sale a cuenta (...) tuve un coche antes y realmente supone una gran inversión", un riesgo que, dice, no se atreve a correr en esta época de mala economÃa que "no asegura que tendrás un trabajo" el dÃa de mañana.
"A todo el mundo le gusta ahorrar dinero, especialmente durante este bajón económico y el ‘zipster’, medio que vende su coche y se une a Zipcar se ahorra una media de 600 dólares al mes, un montón", confirma Ellice Perez, directora general en Washington de la compañÃa creada en 1999 en Boston y que ya se ha expandido a numerosas ciudades estadounidenses, asà como a Canadá y a Londres.
Con una tarifa anual básica de 50 dólares más el alquiler por hora del coche, a partir de nueve dólares, el perfil medio del usuario de esta alternativa a poseer un coche propio es "alguien que vive en un ambiente urbano y usa el transporte público, o camina o va en bicicleta antes de meterse en un coche", por lo que hace un uso muy "eficiente" de éste, con el consiguiente ahorro también en materia ecológica, apunta.
SOBRE RUEDAS. Un paso más en esta dirección la da Smartbike (www.smartbikedc.com), un servicio de Internet que permite alquilar por horas bicicletas en diversos puntos de la ciudad por una tarifa única de 40 dólares al año.
"Desde luego que no daña al bolsillo. Para mÃ, lo principal es su comodidad, pero la cuestión de la salud y del presupuesto también son factores a tener en cuenta", explica a DPA Joshton Beck, un periodista treintañero usuario regular de esta iniciativa que comenzó hace justo ahora un año en Washington.
"Es práctico, yo soy un urbanita, vivo aquà en el centro de la ciudad y trabajo aquÃ, no demasiado lejos, y sencillamente tiene sentido", asegura sobre el proyecto que tiene gemelos en ciudades europeas como ParÃs (www.velib.paris.fr) o Barcelona (www.bicing.com).
Pero no todas las iniciativas online tienen necesariamente que ser ecológicas y progresistas. Para gustos, colores o, en términos online, webs.
Como Avelle (anteriormente Bagborroworsteal.com), que permite a sus -mayoritariamente femeninas- usuarias alquilar productos de lujo como bolsos de las marcas más exclusivas, gafas de sol, relojes o joyas a un precio asequible incluso en esta coyuntura.
Aunque la compañÃa funciona desde 2004, Avelle reconoce que la crisis económica ha "ayudado" a su negocio, que tan solo en lo que va de año se ha triplicado.