Honduras
Los hondureños, cansados de casi cuatro meses del conflicto político acrecentado con la destitución de Manuel Zelaya de la Presidencia, ansían que vuelva la normalidad al país, profundamente dividido por la crisis.
El gobernante interino Roberto Micheletti resistió esta semana una vez más la presión internacional y los plazos impuestos por el depuesto presidente Manuel Zelaya para un acuerdo sobre su retorno al poder, pero el diálogo sigue en medio de gran tensión.
"Estamos esperando una solución, se tienen que hacer las elecciones", sugiere Mary Fúnez, camarera de 24 años.
"El problema es que ninguno de los dos (Zelaya ni Micheletti) da su brazo a torcer", se queja Sonia Isasi, de 24 años, mientras atiende una tienda de ropa del centro comercial Plaza Miraflores de la capital.
Isasi lamenta que desde que estalló el conflicto el 28 de junio, cuando Zelaya fue destituido y reemplazado por Micheletti, sus ingresos "se han venido abajo".
"A mí me pagan por comisión y si no vendo nada, no gano nada, ¿y cómo voy a vender si aquí nomás tenemos el relajo (disturbios)? A la gente le da miedo venir", dice.
Plaza Miraflores, uno de los centros comerciales más antiguos de la ciudad, queda al frente de la Universidad Pedagógica, que por meses fue el cuartel general de los seguidores del Frente de Resistencia contra el Golpe, que busca la restitución de Zelaya.
"Si no se ponen de acuerdo en el diálogo, si no aceptan la restitución de Mel (Zelaya), aquí va a haber guerra", sostiene Gerson Romero, de 52 años, sentado en una piedra, frente a una tabla colocada en la calle donde exhibe los implementos de celulares que vende, frente lo que queda del edificio de 'Popeyes'.
El 11 de agosto, durante una manifestación de zelayistas, fue quemado el local de la cadena de comida rápida estadounidense, aunque de propiedad de empresarios hondureños, quedando sólo las paredes amarillas.
"Queremos que haya arreglo, queremos que haya paz porque los perjudicados no son los ricos sino los más pobres. Yo casi no vendo nada", se lamenta Romero, que representa más de la edad que tiene por "la vida dura" que ha llevado.
La crisis tiene a los hondureños divididos, en las familias el esposo con la esposa o con los hijos, unos identificados con Zelaya y otros con Micheletti.
Inclusive la selección de fútbol que el miércoles alcanzó el boleto directo por la Concacaf en el Mundial de Sudáfrica-2010 mostró las fisuras que se reflejan en la sociedad.
Flor Guevara, la madre del capitán de la selección Amado Guevara, regaló el viernes una camiseta autografiada a Zelaya diciendo que se la enviaba su hijo, pero éste la desmintió.
"Lo mío es jugar fútbol y eso me hace feliz, mi madre es lo más grande que tengo, pero no tenemos por qué compartir ideologías, ella puede apoyar a Mel, sin embargo yo no tengo por qué hacerlo", dijo el jugador del Toronto FC de Canadá.