Honduras
El hecho de ser sorpresiva no le restó méritos para convertirse en la boda más emotiva y esperada por los capitalinos.
La pareja de ancianos que puso a meditar a muchos con sus carencias, pero con sus enormes ganas de vivir, por fin ha cumplido sus sueños y desde hoy son marido y mujer ante Dios y ante la ley.
Su boda se venía preparando con varias semanas de anticipación, pero debido a la inestabilidad social que envuelve al país se suspendió hasta nuevo aviso.
Sin embargo, divinamente ese aviso lo puso Dios, y él quiso que estos dos siervos suyos cumplieran el sagrado sacramento del matrimonio, aún desde su lecho.
Casi en contra reloj se preparó el enlace civil y religioso de estos dos viejitos con alma y espíritu de niños.
Doña Crucita se casó de blanco como lo manda la ley, y aunque su galán no puede levantarse y no pudo ser vestido con su traje especial, lució una elegante camisa café que combinaba perfectamente con sus ojos color miel.
La alegría iluminó sus rostros, al grado que a doña Crucita se le olvidaron sus dolencias en la cadera.
Y es que, pese a la inmediatez, en la boda religiosa no se escapó detalle alguno.
Los hermanos en la fe, de la comunidad de Las Torres, acompañaron de principio a fin a la feliz pareja, en este paso sagrado para acercarse a Dios.
Además hubo un coro de ángeles, integrado por sus nietos y vecinos, al pie de la cama de don Celestino y su bella novia junto a él.
Sus nietos postizos, como los llama a los periodistas de diario EL HERALDO, también estuvieron allí.
Todo el equipo de la sección Metro, con ayuda de Vida, se encargó de organizar el enlace matrimonial.
La editora de la sección Metro, Glenda Estrada, y el jefe de Redacción de este prestigioso diario, Fernando Berríos, fueron los padrinos de la boda.