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Una joya que merece salir de la tumba del olvido

El camposanto en el que descansan los restos de medio millón de capitalinos urge de un proyecto de restauración. El lugar se ha convertido en una guarida de malvivientes
22.10.09 - Actualizado: 22.10.09 06:26pm - Patricia Cálix: gloria.calix@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Una de las obras que conforman el patrimonio histórico de los capitalinos va camino al deterioro de manera acelerada. En su interior yacen hombres y mujeres que fueron protagonistas de la historia y aportaron su grano de arena al desarrollo del país.

La última morada que los cobija tiene nombre y apellido: Cementerio General de Tegucigalpa, un monumento que de no implementarse cuanto antes un proyecto de restauración, pasará a la historia como tantos otros.

Muros deteriorados, tumbas y mausoleos dañados, techado de la capilla a punto de caer, la desidia y la indiferencia son solo una muestra de que este lugar de descanso eterno de miles de capitalinos pide a gritos atención inmediata.

En el olvido

De acuerdo a datos históricos, este camposanto, donde reposan más de medio millón de personas, fue construido durante los gobiernos de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa.

La determinación se hizo debido a que el antiguo cementerio que quedaba al norte de la iglesia El Calvario, hoy Capilla del Santo Sepulcro, era insuficiente.

El 2 de marzo de 1879, Soto dispuso que se comprara el terreno de La Chivera para que los habitantes de Tegucigalpa hicieran ahí su cementerio.

El predio fue denominado La Chivera, porque en ese lugar pastaban muchos cabros.

En sus inicios hacia el año de 1884 fue construido en dos manzanas de terreno, que la municipalidad de Tegucigalpa compró a la de Comayagüela por la suma de cien pesos plata.

Este lugar donde debería reinar la quietud que los muertos reclaman desde sus tumbas se encuentra en total abandono.

De los muertos muy pocos son los que se acuerdan y veneran sus memorias, a pesar de los nobles actos que hayan protagonizado en vida.

Uno de estos ejemplos es la tumba que guarda los restos del extinto general y ex presidente Tiburcio Carías Andino, que da pena verla por deteriorada que está, no así el mausoleo donde yacen los restos de su hermano el general Calixto, que al parecer corrió con mejor suerte, ya que luce en mejores condiciones.

El cementerio, construido con su elegante frontispicio, jardines donde fueron sembrados cipreses romanos, un pequeño parque que en las tardes invitaba a la meditación están actualmente en estado lamentable.

La Alcaldía Municipal, responsable del camposanto, pocos esfuerzos ha hecho para recuperarlo y ante la falta de una política se ha permitido que los mercados capitalinos invadan este espacio.

Otro de los aspectos es que la zona donde está ubicada esta valiosa joya que destaca por sus imponentes obras de arte que hay en su interior, como mausoleos esculpidos en piedra y mármol, lo mismo que otros monumentos; se encuentra degradada por la inseguridad.

Completa invasión

Al problema de la inseguridad también hay que sumar que los vecinos de sectores aledaños como El Pastel, Flor 1 y 2, Campo Cielo, San Martín, Las Ayestas y Los Profesores, entre otros, lo utilizan como lugar de paso.

Es por ello que es tan común ver transitar diariamente por el cementerio a vendedores, estudiantes, sin extrañar la cantidad de enfermos alcohólicos que hay en los alrededores. Asimismo y como una falta de respeto para quienes reposan en esta última morada, en horas de la noche grupos de malvivientes se introducen al interior del camposanto con la intención de dañar las tumbas y los monumentos, tal como ocurre con la tumba del ex presidente Policarpo Bonilla, por mencionar alguna.

Anteriormente, cuando

la posta policial existía en las inmediaciones, muchos de estos actos vandálicos eran controlados.

Hay muchas razones para pensar en un proyecto de restauración completa de este valioso patrimonio de Tegucigalpa: devolverle su belleza original y honrar la memoria de personajes como Julio Lozano, Laura Vijil, Paulino Valladares, Vicente Cáceres, Pablo Zelaya Sierra, Juan Ramón Molina, Juan Manuel Gálvez y Miguel Dávila, entre otros, que se encuentran enterrados en las tumbas del olvido. Hay que pensar en una obra como tal, más ahora que se acerca el Día de Difuntos.

* Histórico: En este cementerio reposan los restos de hombres ilustres como Froylán Turcios, Julio Lozano, Juan Manuel Gálvez, Paulino Valladares, Ramón Rosa, Policarpo Bonilla y Miguel Dávila, entre otros.

Flores y coronas inundan los mercados

El Día de los Santos Difuntos ha creado un nuevo ingreso para cientos de familias en la capital.

La tradicional venta de ramos de flores y coronas ha invadido los principales mercados capitalinos. Justo en las afueras de los cementerios se pueden adquirir desde ya.

Doña Vilma Varela ha sobrevivido los últimos 12 años gracias a esta actividad de corta duración. Apenas tiene 15 días para comercializar las flores que cultiva en las afueras de La Esperanza, Intibucá. Desde el pasado 12 de octubre se han diseminado decenas de vendedores. En las afueras del Cementerio General, del Jardín de Paz Suyapa y de muchos campos santos, los familiares pueden comprar un ramo o una corona para sus difuntos. Los precios se mantienen este año debido a la crisis económica que golpea a los hondureños. Se encuentran coronas desde 80 hasta 200 lempiras, y los ramos de 30 lempiras en adelante.

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