Pincelada a pincelada, Gerhard Kriedner aplicó pintura rosada de acrílico con un pequeño pincel en un tramo de 12.8 metros del muro de Berlín, recreando el mural que pintó meses después de la caída de este el 9 de noviembre de 1989.
Kriedner y 90 artistas del mundo se han reunido nuevamente para volver a pintar creaciones originales sobre los bloques de concreto, dándole nueva vida a imágenes erosionadas por la naturaleza las últimas dos décadas, en el trecho más largo que queda del muro que una vez dividió a la capital alemana.
"Esto es muy emotivo para mí", dijo Kriedner, de 69 años, quien escapó de la Alemania comunista oriental a la occidental cuando joven. "El muro de Berlín representa la total falta de libertad que teníamos entonces".
Aunque los berlineses inicialmente se mostraron ansiosos de derribar el más detestado símbolo de la ciudad, en meses recientes ha habido un gran esfuerzo por restaurar la dilapidada sección de 1.3 kilómetros del muro, una importante atracción turística con 106 pinturas y graffitis distintos.
Todos los días miles de turistas visitan el lugar y posan frente a los murales.
El lado oeste del muro fue cubierto con graffiti durante las décadas que siguieron a su levantamiento el 13 de agosto de 1961. El lado este se mantuvo estéril, desolado y custodiado por policías fronterizos. Solo tras la caída del muro un grupo de artistas de Berlín decidió decorar el tramo, en el primer proyecto de arte conjunto de la otrora dividida ciudad.
Llamaron a artistas de todo el mundo para que se les unan expresando sus sentimientos en pintura y color sobre lo que antes era intocable.
