La tolerancia, el camino para vivir en concordancia

Las causas de la creciente intolerancia se originan en la pérdida de valores del mundo actual, donde la búsqueda del bienestar nos aleja del bien obrar
ElHeraldo.hn

Honduras

13.11.2009 - Nueva Acrópolis - infoSPAMFILTER@acropolishonduras.org

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Tolerancia es la apreciación de la diversidad y la habilidad de ejercitar una objetiva actitud hacia aquellos cuyas opiniones, ideas, color de piel, nacionalidad y equipo de fútbol difieren al nuestro. Tolerancia no es solo estar de acuerdo con otra persona o permanecer indiferentes, sino mostrar respeto hacia la humanidad esencial de cada persona.

Sin embargo, las dificultades que presentan nuestro momento histórico han recrudecido los matices de la tolerancia. Nuevamente la humanidad se enfrenta a una plaga que centra sus ataques en las diferencias externas donde poco a poco la ignorancia se vuelve fanatismo, desembocando en una batalla sin cuartel entre seres humanos.

Ya sea física -en donde no se admite a seres de otras razas- o ideológica -que cree tener la fórmula mágica para solucionar los problemas sociales-, la falta de tolerancia constituye una cuestión meramente circunstancial pues de haber nacido en otra latitud o época se asumirían posturas completamente antagónicas; sin embargo se defenderían a capa y espada con igual convicción. Una actitud egocéntrica nos induce realizar valoraciones desde una perspectiva en concordancia con nuestros intereses.

La incapacidad de admitir ideas ajenas que permitan contrastar las propias, redunda en el fanatismo de creerse dueño de la verdad sin realizar el menor intento por la investigación o meditación de ideas que se adoptan a punta de repetición sin raciocinio alguno, muy parecido a la forma en la que lo hacen ciertas aves domésticas.

ACEPTACIÓN. El Imperio Romano tuvo tal esplendor gracias al reconocimiento de la diferencias, lo cual trajo unidad en Europa y la cuenca de mar Mediterráneo. Roma, lejos de condenar diferencias en lenguaje, costumbres o creencias religiosas, amparó a los distintos pueblos bajo del espíritu civilizatorio. En el imperio existían por un lado los civilizados y por otro estaban los demás. Esta división no era étnica ni religiosa, más bien se refería a pueblos o individuos no integrados al Imperio. En este sentido los bárbaros no eran más que pueblos extranjeros que podían ser integrados y llegar a ser considerados como ciudadanos. La idea desarrollada en Roma de ciudadano del mundo, no es otra si no el llamado del alma a transcender las diferencias externas, donde humanidad en sus distintas razas y religiones puedan circular y expresarse libremente alrededor del orbe.

La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas, formas de expresión de los seres humanos que constituye un valor esencial para la convivencia entre las personas. Sin ella, la convivencia entre unos y otros sería imposible, puesto que en la naturaleza del ser humano reside la individualidad que por sí misma acentúa las diferencias entre las personas. Como todos somos diferentes se parte del supuesto que para poder vivir en comunidad es preciso aprender a tolerar a los demás.

Una costumbre muy acentuada en nuestros días es la falta del compromiso, cuyas manifestaciones van desde la indiferencia cada momento hasta comportamientos irresponsables, ambos extremos marinados por la ferviente convicción de creernos únicamente poseedores de derechos mas no de deberes, lo cual en otra clave tendría una afiliación con la tiranía. La permisividad, consecuencia de la falta de compromiso, es un defecto disfrazado de virtud que nos induce a admitir o consentir todo, propio de la ausencia de una escala de valores lo cual no expone a obrar correctamente según los caprichos del azar.

VIVIR EN CONVIVENCIA. Un valor asociado con la tolerancia es la convivencia, cuya acepción implica dos frentes de trabajo: lo individual y lo colectivo. Es necesario realizar un trabajo interno a fin de ofrecer a los demás nuestras virtudes en lugar de nuestras carencias, requiriendo de nuestra parte olvidarnos por un momento de nosotros mismos en beneficio de nuestros semejantes. Mientras la pandemia de la intolerancia se expande por el planeta, la genuina cortesía da claros síntomas de estar en peligro de extinción a manos de depredadores como el egoísmo y confort. El cultivo de la cortesía permite alentar la tolerancia y convivencia donde brotan los sentimientos de aprecio y respeto a los otros, que en una actitud generosa permite abandonar nuestra comodidad para estar más al tanto de las necesidades de los demás.

La solidaridad, por su parte, nos impulsa a compartir con los demás algo valiosos de nosotros mismos, y no únicamente lo que nos sobra, alimentando en las personas los sueños y esperanzas que divisan un mundo más fraterno. La solidaridad debe de estar acompañada con el despertar de la conciencia de forma que sea un estilo de vida y no únicamente un analgésico que tranquilice nuestra conciencia y nos haga sentir buenas personas por un rato.

Las causas de la creciente intolerancia se originan en la pérdida de valores del mundo actual, donde la búsqueda del bienestar nos aleja del bien obrar. Tristemente, el desarrollo que se ha dado en las máquinas no se ha llevado a la par del desarrollo humano, hemos mejorado en la técnica mas no en las virtudes. Es preciso reformular el sistema educativo que llama a los jóvenes a memorizar como autómatas conceptos únicamente con fines de evaluación para propiciar un sistema que fomente una actitud reflexiva y crítica, principios éticos que permitan valorar lo interno y espiritual en lugar de las apariencias externas profundamente materialistas. El estudio comparado de distintas culturas permite fomentar el respeto por los demás, que más allá de la forma mantienen como en el fondo similitud con nuestros conflictos y anhelos.

La tolerancia es entonces el respeto a la forma de ser y pensar de los demás que en una connotación más amplia significa aceptar y comprender a los otros como son, apelando a su mejor parte donde moran los más elevados valores que ennoblecen al ser humano, disculpando sus errores sin que eso implique disimularlos o, en el peor de los casos, compartirlos. Para ser tolerantes es preciso la aceptación propia, el conocimiento objetivo de nuestros defectos y virtudes permite emitir una valoración justa de los demás; solo quien ha desarrollado el autoconocimiento puede comprender a los demás; en otras palabras, quien ha corregido un defecto es capaz de dar fe del trabajo que ello implica.

Tengamos la mente y el corazón limpios para decir y reconocer que siendo diferentes buscamos como humanidad un destino común que con tolerancia y voluntad recorreremos juntos. Para que nuestra sociedad camine por una mejor senda es preciso mejorar la materia prima que la constituye: los seres humanos. Hondureños virtuosos traerán como consecuencia gobernantes ejemplares, hombres capaces de creer en el ser humano que sepan discernir y ver lo bueno sin alentar luchas políticas ni religiosas que tanto daño han hecho a humanidad.

DÍA DE LA TOLERANCIA. Con el objetivo recoger las inquietudes ante determinados problemas de discriminación, los países miembros de Organización de Naciones Unidas (ONU) declararon el 16 de noviembre como el Día Internacional de la Tolerancia. Celebremos y meditemos mañana lunes y siempre, el respecto al tema de la tolerancia como el camino para vivir en concordia.

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Para ser tolerantes es preciso la aceptación propia, así como el conocimiento objetivo de nuestros defectos y virtudes.
Para ser tolerantes es preciso la aceptación propia, así como el conocimiento objetivo de nuestros defectos y virtudes.

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