Libertad berlinesa

Durante 15 años, los únicos contactos con sus padres y sus hermanos se limitaron a "algunas cartas", hasta el día en que cayó el Muro
ElHeraldo.hn

Alemania

13.11.2009 - AFP/AP - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Mientras admiran las fichas de dominó gigantes que, como el Muro de Berlín hace 20 años, se vinieron abajo durante una "Fiesta de la Libertad" en la Puerta de Brandenburgo, los alemanes compartían el lunes sus sueños y decepciones recordando aquel 9 de noviembre de 1989.

Como la canciller Ángela Merkel, que debía participar en un oficio solemne en la iglesia Getsemani, que fue un símbolo en la lucha contra el régimen comunista en el oriental distrito de Prenzlauer Berg, otros alemanes comunes y corrientes desafiaban el frío y el húmedo día para recordar aquella histórica noche.

Una mujer recordaba la alegría de poder reunirse con su familia después de años de amarga separación a cada lado de la Cortina de Hierro que dividió a Alemania y a Europa durante 28 años.

"Me escapé hacia el oeste a través del Checkpoint Charlie, escondida en un auto, hace 35 años", relata a la AFP Thekla Koehler, de 59 años, mientras examina los coloreados dominós de poliestireno instalados en el lugar donde estaba antes la odiada barrera.

"Huí por amor. Había conocido a mi futuro marido, que vivía en Berlín oeste, cuando él había ido a visitar a su familia en Dessau (RDA). Nos enamoramos y me dediqué sola a preparar mi fuga".

Durante 15 años, los únicos contactos con sus padres y sus hermanos se limitaron a "algunas cartas", hasta el día en que cayó el Muro.

Kristel Ucar, de 61 años, educadora jubilada, recuerda que el 9 de noviembre se precipitó delante del Muro, frente al Reichtag, con su hija, una amiga y las hijas de esta.

Ellas "debían tener unos diez años (...) La gente las levantó para que pudieran pasar el muro, y luego las seguimos".

Ella había huido cuando tenía seis años, antes de la construcción del Muro, desde su casa en Alta Sajonia junto a sus padres en tren hasta Baviera.

Reconociendo sus simpatías de izquierda, admite su decepción porque la RDA no consiguió crear "un socialismo humanizado".

"Se había convertido en una dictadura, porque el socialismo no venía de la base, sino impuesto por sus dirigentes. Al final, la caída del Muro fue un alivio para nosotros, y un momento de gran alegría", agregó.

Karl-Heinz Buchholz, que ahora tiene 63, era una de las 30,000 personas que ese día manifestaron por la libertad en Berlín oriental, a pesar de haber pasado un año en prisión cuando era joven.

"Cuando volvimos a casa escuchamos en la radio que el Muro había caído", se recuerda este trabajador social jubilado.

Privado de su carné de identidad y del derecho a viajar después de su detención por la Stasi cuando tenía 19 años, Buchholz se apresuró en descubrir Occidente.

Buchholz no comprende a aquellos que echan de menos el antiguo régimen, un fenómeno llamado "Estalgia", contracción de las palabras "este" y "nostalgia".

Sin embargo, según sondeo publicados esta semana, 11% de los alemanes consideran que la reunificación alemana, realizada en 1990 fue una decisión errada.

Thekla Köhler explica que muchos ex alemanes orientales están decepcionados por la diferencia económica entre las dos partes del país, con un desempleo dos veces más elevado en la ex RDA.

SIMBÓLICA. El lunes pasado, la fiesta de la libertad comenzó en Berlín a las siete de la tarde. El centro de la ciudad estaba adornado por el falso muro de más de mil fichas de dominó hechas de corcho blanco, de dos metros y medio de altura, cada una pintada de forma diferente. Sobre las piezas primaban los mensajes de reconciliación y de alegría, pero también había algún logotipo publicitario de empresas patrocinadoras.

El Muro del lunes era de cartón piedra y pintado, pero los cientos de policías eran de verdad. A las seis y media de la tarde, las comitivas oficiales impedían el paso de los ciudadanos. Entre divertidos y curiosos, miles de berlineses especulaban en las aceras sobre quién podía ocupar cada vehículo. "Ahí va el ruso, ¿cómo se llama?", se preguntaba Christiane, berlinesa del Oeste. El desfile impresionaba. Cuando la caravana se detuvo, un grupo de personas permanecía aún junto a un furgón con dos tiradores de élite de la policía, con los ojos puestos en las miras telescópicas. "Serán de visión nocturna", le decía un hombre a su boquiabierto hijo. No muy lejos, en la Luisenstrasse, Marius y Catarina, nacidos en 1991, celebraban la caída del Muro refugiados con una botella de sidra. Viven en Potsdam, en el antiguo Berlín Este. Ella es del Oeste; él, del Este. ¿Diferencias? "Alguna habrá, pero es cosa de nuestros padres". El Muro solo lo conocen a través de los libros de la escuela.

CONMOCIÓN EUROPEA. El "mundo vivió a la hora de Berlín" y "el cielo lloraba de alegría", exclamó con orgullo la prensa alemana al celebrar el éxito de la "Fiesta de la Libertad", en la cual los líderes europeos y más de 100,000 personas conmemoraron el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Por su parte, la prensa europea, haciéndose eco del discurso video sorpresa del presidente norteamericano Barack Obama, exhortó a no olvidar que todavía existen otros muros, todavía muy sólidos, que merecen ser derribados.

"Hoy, todavía hay quienes viven dentro de los muros de la tiranía. Seres humanos a los que se les niegan los mismos derechos que hoy celebramos", dijo el presidente norteamericano.

"El cielo lloraba de alegría", tituló el diario Bild, el más leído de Alemania, resumiendo en una sola frase el mal tiempo de toda la jornada y la alegría de la multitud.

"El 9 de noviembre se convirtió, sin lugar a dudas, en la fiesta nacional en el corazón de los alemanes", señaló el diario de referencia Frankfurter Allgemeine Zeitung, aludiendo a un debate recurrente en la Alemania unificada.

Actualmente, la fiesta nacional es el 3 de octubre, día de la reunificación, y no el 9 de noviembre, día de la Noche Cristal, como se llama al progrom ocurrido en esa fecha, preludio del Holocausto.

"Se puede festejar una cosa, sin silenciar la otra. Desde hace 20 años, el 9 de noviembre no es más un día de vergüenza nacional, sino también un día de alegría. Ninguna fecha reúne en forma tal los altibajos de la historia alemana como el 9 de noviembre", escribió el editorialista Berthol Kohler.

El orgullo de los alemanes fue matizado por la canciller Angela Merkel, al señalar en su discurso que la "unidad alemana todavía estaba incompleta" porque a pesar de los gigantescos esfuerzos financieros el este de Alemania sigue siendo más pobre que el oeste.

La prensa europea destacó el éxito de la fiesta, pero también los nuevos desafíos que enfrenta el mundo.

"Veinte años después el Muro de Berlín volvió a caer para evocar el pasado e inspirar al mundo en sus nuevos desafíos", escribió el diario español Público.

La victoria del capitalismo en 1989 "no resolvió la cuestión de la justicia social", observó el diario austríaco Kleine Zeitung.

Otros "muros existe en México, Palestina y otras partes, muros que un día habrá que destruir alegremente a golpes de pico", editorializó por su parte el diario francés de centroizquierda Liberation.

SILENCIO EN CUBA. La prensa cubana soslayó los 20 años de la caída del Muro de Berlín que se cumplen este lunes, suceso al que siguió la desintegración de la ex Unión Soviética, aunque destacó el fin de semana el 92 aniversario de la revolución bolchevique en Rusia.

Un sólo comentarista de la televisión cubana se refirió el domingo a los acontecimientos de noviembre de 1989 en Alemania y llamó a la caída de "todos los muros", en alusión a los levantados por Estados Unidos en su frontera con México y por Israel a lo largo de los territorios palestinos.

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