Un comercio maldito

Este relato narra un caso real. Se han cambiado los nombres
ElHeraldo.hn

Honduras

13.11.2009 - Carmilla Wyler - siemprecarmillawylerSPAMFILTER@yahoo.es

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Uno de los actos más repudiables de la conducta humana es el sicariato, el asesinato por encargo, que pone precio a la vida ajena y que es ejecutado por seres inescrupulosos, sin valores ni principios y que se esconden en el anonimato para llevar luto, dolor y lágrimas a la sociedad, dando rienda suelta a sus impulsos sociopáticos en una especie de venganza sin sentido contra la humanidad.

Se sabe que esta actividad cruel y sin moral tiene raíces muy antiguas. Ya en el año 81, el derecho romano trató de imponer condenas severas a estos asesinos a través de la ley cornelia sobre apuñaladores y envenenadores, y se dice que Judas Iscariote, el apóstol traidor, pertenecía a una cofradía de ladrones y asesinos a sueldo y que su nombre significa Judas, el sicario.

El término viene de la palabra latina sica, que significa daga; de allí que se conozca a los apuñaladores como hombres-daga, o sicarios, en el término latino. Por desgracia, este negocio maldito sigue desarrollándose conforme la sociedad avanza en la historia y, según los expertos, es un comercio que genera enormes utilidades a nivel mundial y contra el cual muy poco pueden hacer las autoridades.

VÍCTIMAS. El diez de noviembre pasado, al mediodía, cerca de un taller de automóviles frente a la morgue judicial en Tegucigalpa, asesinaron a balazos al hermano menor del ex presidente Callejas. Uno de los asesinos se acercó a él y le dijo que a él lo andaban buscando, lo tomó del cuello y lo sacó del vehículo donde conversaba con otra persona, luego le disparó en la cabeza. Los detectives de Homicidios dicen que fue un asesinato por encargo, un crimen del sicariato. Diez días antes, un grupo de hombres disfrazados con uniformes antiguos de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) y fuertemente armados, secuestraron a una familia completa en la colonia Villanueva; una semana después, los cinco aparecieron muertos a balazos, flotando en las aguas de un río, a casi trescientos kilómetros de su casa de habitación. Los detectives dicen que los asesinos son sicarios al servicio del crimen organizado.

ORGANIZACIÓN. Los expertos dicen que las motivaciones de estos criminales son solamente económicas, sin embargo, algunos van más allá y hablan acerca de los complejos y frustraciones de este tipo de personas que han padecido abusos y limitaciones desde temprana edad; esto los convierte en enemigos potenciales de la sociedad. La mayoría tiene instrucción militar, vienen de los estratos sociales más bajos y alimentan su odio irracional con una especie de envidia enfermiza hacia los que más tienen o viven en mejores condiciones que ellos, una aberrada forma de entender su propio papel en la comunidad. De esa forma se convierten en depredadores de sus semejantes y dedican su tiempo y su esfuerzo a matar a sangre fría por unos cuantos centavos.

Por supuesto, el sicariato, por ser tan antiguo, está bien organizado en muchos países y es una industria temible, execrable y muy rentable. Quienes "buscan sus servicios" tienen motivaciones profundas, malignas desde todo punto de vista, y, por supuesto, pertenecen también a ese submundo delincuencial que está definido como la intelectualidad del crimen, y que es penado con igual severidad. Sin embargo, existen también asesinos a sueldo de poca monta, o de perfil más bajo; criminales que por poco dinero le quitan la vida a otra persona y que operan bajo la influencia de las drogas, un estimulante de su odio irracional contra la sociedad.

Asesinos como estos son los que se prestan para ejecutar venganzas motivadas por la envidia, el odio y el despecho. El "Ganso", por ejemplo, está identificado como el asesino material de doña Beatriz Flores, muerta a balazos frente a su propio negocio, al inicio de la cuesta de El Chiverito; según la DNIC, el asesino se esconde en algún lugar de los Estados Unidos, hasta donde viajó ilegalmente, apoyado por los autores intelectuales del crimen. A pesar de que se tiene orden de captura en su contra y de que la Policía Internacional (Interpol) lo busca en Estados Unidos y México, es un hombre escurridizo que vive y opera con otro nombre y al que será muy difícil capturar.

Otro criminal a sueldo y que no forma parte de una organización definida es el "Sayayín", un hombre joven, ex miembro de una mara y que opera en una motocicleta, junto a uno de sus compinches; según informantes de la Policía, el "Sayayín" tiene tarifas que van desde mil lempiras hasta cincuenta mil. El "Ganso" cobró ochenta mil por asesinar a doña Beatriz. El mismo informante dice que el "Sayayín" es un drogadicto empedernido, es también violador y, en otro tiempo, participó en algunos secuestros de pandilleros rivales; vive y opera cerca de los mercados de Comayagüela y magnifica su odio contra la humanidad porque está infectado del virus que produce el sida. Su esposa murió hace unos meses, de la misma enfermedad, y sus dos hijos gemelos están en la fase terminal. Dicen que tiene algunos contactos en la Policía y que escapó de prisión hace algunos años. Se cree que morirá pronto, aunque sigue el tratamiento casi al pie de la letra y es uno de los pacientes más disciplinados del Instituto Nacional del Tórax.

CASOS. Los odios también son desencadenantes de asesinatos por encargo. Un marido despechado mandó a asesinar a su esposa infiel con el propio amante; pagó quince mil lempiras por la muerte y, descubierto por la Policía, paga su pena en la Penitenciaría Nacional de Varones de Támara. Una mujer, enfermera de profesión, pagó tres mil lempiras porque asesinaran a su rival de amores. Su amante, un hombre diez años menor, se enamoró de una sirvienta que vivía cerca de su casa y amenazó con irse con ella. La enfermera rogó, suplicó y se humilló por amor pero el don Juan siguió inflexible. "Ella tiene algo que vos ya no tenés -le dijo-: juventud. Además, vos me hostigás demasiado y ya no quiero seguir haciendo el ridículo con una vieja. Hasta mi madre se burla de mí por tu culpa". Aquello fue lo más doloroso que la mujer padeciera en su vida y después de amarlo tanto lo odió mucho más. En ese momento deseó verlo muerto. El "Gato Zarco", un delincuente de la colonia La Sosa, traficante de drogas al menudeo y antiguo discípulo de Mama Tere, se ofreció para castigar al amante cruel y desagradecido. Cobró quinientos lempiras. La enfermera empeñó el equipo de sonido en la San Miguel y le entregó el dinero. Esa misma tarde, el amante estaba muerto. Lo mataron a puñaladas atrás de las canchas de la colonia. Cuando la enfermera supo que la Policía había detenido a uno de los asesinos, huyó a Nicaragua, dejando a su marido y a sus tres hijos abandonados. Interpol tiene su orden de captura. La última información que tuvo la Policía de Nicaragua sobre ella es que se escondió unos meses en el barrio La Cruz, en el pueblo de Mozonte, en Nueva Segovia. Tiene la nacionalidad nicaragüense y puede que no sea fácil extraditarla a Honduras.

DIONISIO. En su libro "La virgen de los sicarios" Fernando Vallejo escribió: "Abuelito, por si acaso puedes oírme desde el otro lado de la eternidad, te voy a decir qué es un sicario: un muchachito, a veces un niño, que mata por encargo".

Cuando mataron a Dionisio, en la estación de taxis de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), en Tegucigalpa, los testigos dicen que los asesinos eran dos muchachos, casi dos niños. Unos días antes dos hombres se le acercaron a Dionisio y le dieron un mensaje del jefe de una pandilla: como él era dueño de varios taxis y era, además, directivo de los taxistas, debía pagarle a la mara quince mil lempiras mensuales por concepto de impuesto de guerra; Dionisio fue militar, de Fuerzas Especiales, siempre estaba armado y, además, era valiente. Se negó a pagarles y los amenazó. "Ustedes están armados, yo estoy armado; veamos de a cuánto nos toca". Esas palabras fueron su sentencia de muerte. Era una tarde húmeda cuando dos asesinos lo buscaron en el punto de taxis; como siempre, allí estaba él, trabajando. Estaba de espaldas a la calle, conversando con unos amigos, con un refresco en una mano, apoyado en un taxi. Uno de los asesinos bajó de la moto de un salto, sacó una pistola de nueve milímetros y le disparó por la espalda. Los primeros cinco balazos casi le arrancan el brazo derecho. Dicen los detectives que los criminales sabían que se enfrentaban a un hombre experto en armas y que le dispararon al brazo derecho para que no pudiera defenderse, por si solo quedaba mal herido. Dionisio cayó al suelo, el asesino se le acercó y le disparó en el pecho y en la cara, luego subió a la moto y, en medio de los gritos de los pasajeros que hacían fila esperando el taxi, escaparon por donde habían venido. Un informante de la Policía dijo que por la muerte de Dionisio, alguien pagó treinta mil lempiras. Los asesinos están identificados, pero los testigos del crimen no quisieron colaborar con la Policía.

PSICOSIS. Y uno de los crímenes más espeluznantes que se han cometido en Honduras sucedió hace tres años, en septiembre de 2006. Asesinaron a una anciana de la forma más grotesca. La Fiscalía logró dos condenas. La DNIC asegura que se pagó por la muerte de la señora. Esto también es sicariato, aunque la legislación hondureña no persigue este delito como tal. Sicario es todo aquel que mata por dinero, así cobre un millón o cobre cien lempiras. Son psicópatas con quienes la ley debe ser dura y sin contemplaciones ya que comercian destruyendo lo más valioso que hay sobre la faz de la Tierra: la vida humana, y lo hacen a sangre fría, sin ningún remordimiento, convirtiéndose en ejecutores de los odios, las venganzas, las envidias y los resentimientos de quienes los contratan y que son, positivamente, tan criminales como ellos mismos y, por lo tanto, merecedores de iguales o mayores condenas.

IMPUNIDAD. ¿Quedará en la impunidad el asesinato de José Eduardo Callejas? ¿Pagará algún día el "Ganso" la muerte de doña Beatriz? ¿Y los asesinos de Dionisio? ¿Qué pasó con el drogadicto que mató al amante de la enfermera? Y ¿qué le falta a la justicia para cerrar el caso de la anciana asesinada en 2006? ¿Sigue siendo don Dinero tan poderoso caballero? ¿Podrá combatir la autoridad este comercio maldito? Dicen los detectives que esperan que todo mejore ahora que ha regresado Francisco Murillo a la DNIC. Mientras tanto, los asesinos a sueldo seguirán disparando contra sus víctimas indefensas y desprevenidas desde autos rápidos o desde sus motocicletas, contratados por criminales sin escrúpulos, tan asesinos como ellos, mientras sus víctimas esperan justicia. La enfermera asesina se esconde en Carazo o Wiwilí, en Nicaragua; el "Ganso" está feliz, lejos de aquí; el "Gato Zarco" fue detenido por la Policía una semana después del crimen, pero sigue en la calle, vendiendo drogas y delinquiendo tranquilamente; los que mataron a Callejas Romero amanecieron serenos, sin cargos de conciencia, riéndose de las autoridades y esperando su próximo "encargo" y quien escribió 666 en la frente de la anciana sabe que podrá burlarse de la justicia. O tal vez no. Por lo pronto, el "Sayayín" pagó con su vida sus delitos. Al terminar de escribir, un detective de la DNIC me llamó para decirme que el "Sayayín" murió de neumonía, la noche anterior. No quiso seguir luchando contra el sida. Estos son los justos juicios de Dios, y también se ejecutan a sangre fría.

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El sicariato en Honduras es el tema de hoy, motivado por las psicosis y las demás manifestaciones pcosiopáticas, tan comunes en la sociedad hondureña actual.
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