Afganistán
El presidente Hamid Karzai dijo el jueves al tomar posesión para un segundo mandato que las fuerzas afganas podrÃan asumir el control de la seguridad en los próximos cinco años y afirmó que la corrupción es un peligro para el Estado.
Las fuerzas locales deben encabezar la lucha contra la insurgencia en Afganistán y deben estar en condiciones de controlar la seguridad en los próximos cinco años, expresó Karzai en la ceremonia de investidura para su nuevo perÃodo quinquenal en la presidencia.
Durante el acto en el palacio presidencial en Kabul, Karzai abordó también el tema de la corrupción, que le ha generado presiones internacionales para combatirla. Los funcionarios corruptos deben ser "enjuiciados y procesados", dijo al describir a la corrupción como un "enemigo peligroso del Estado".
El mandatario indicó que desea ministros "expertos" y competentes en su gobierno, al tiempo de advertir que su gobierno combatirá enérgicamente a los traficantes de drogas.
Hamid Karzai, ex protegido de Occidente
Karzai fue investido el jueves para un nuevo mandato tras haber ganado por retirada de su adversario unas elecciones marcadas por fraudes masivos, es un ex protegido de Occidente, caÃdo en desgracia a causa de su controvertida gestión.
Llevado al poder por las potencias occidentales que a fines de 2001 invadieron el paÃs y derrocaron al régimen islamista de los talibanes, fue electo en 2004 y reelecto este año tras la retirada de su adversario, Abdulá Abdulá, en la segunda vuelta, tras una calamitosa primera votación marcada por fraudes que provocaron la anulación de una cuarta parte de las papeletas.
Pero incluso antes del alud de crÃticas provocado por estos fraudes, sus partidarios en el seno de la comunidad internacional comenzaban a dar muestras de impaciencia ante un gobierno infestado por la corrupción.
"Tenemos que aprender de nuestros errores y de las deficiencias de los últimos ocho años", reconoció Karzai en su discurso de investidura el jueves. "La cultura de la impunidad debe llegar a su fin", aseguró.
Conocido por su cortesÃa y elegancia, con su caftán verde y violeta y su bonete de astracán, Karzai, de 52 años, nació en una familia poderosa.
Apoyado por Estados Unidos, fue electo en los primeros comicios del paÃs en 2004, que la población vivió como la promesa de una nueva era y en los cuales participó en ellos con entusiasmo.
Pero su estrella se ha apagado bastante desde entonces. En Washington, la nueva administración de Barack Obama no ha escatimado crÃticas al principio, antes de atenuarlas por falta de alternativa.
Y la cólera arrecia entre la población por su fracaso a la hora de atajar la violencia islamista, en su nivel más alto desde 2001, y de combatir el crimen y la corrupción.
Karzai puede atribuirse, en cambio, varios éxitos, en materia de sanidad y educación sobre todo.
Pastún del clan de los Popalzai, nacido el 24 de diciembre de 1957 en el pueblo de Karz, cerca de Kandahar, la gran ciudad del sur cuna de los islamistas talibanes, estudió en Kabul y luego en India, donde se especializó en Ciencias PolÃticas.
Casado con Zenat, una médica muy discreta, tuvo un hijo en 2007.
Entre 1982 y 1994 pasa la mayor parte del tiempo exiliado, sobre todo en Pakistán, excepto un efÃmero paso como viceministro de Relaciones Exteriores por el Gobierno muyaidÃn en 1992.
En 1994, de regreso en Kandahar, se relaciona con los talibanes pero rompe definitivamente con ellos cuando su padre muere en 1999 en Queta (Pakistán) en un atentado atribuido a los estudiantes de teologÃa.
Regresa clandestinamente a Afganistán en octubre de 2001 y, después del derrocamiento de los talibanes por una coalición militar internacional dirigida por Estados Unidos, es designado presidente en diciembre de 2001, en la conferencia de Bonn, convocada para constituir un Gobierno "interino".
Confirmado en junio de 2002 por una Loya Jirga (gran consejo tribal), gana a finales de 2004 la primera presidencial por sufragio universal directo de la historia afgana, con un 55% de los votos.
Hamid Karzai ha sobrevivido al menos a cuatro intentos de asesinato, el último durante un desfile militar en abril en Kabul.
Su decisión de designar como candidato a la vicepresidencia a Mohammad Qasim Fahim, un ex jefe de guerra tayiko acusado de crÃmenes de guerra, ha horripilado a la comunidad internacional, pero aporta al presidente pastún el respaldo de la influyente minorÃa tayika.
También lÃderes de las comunidades uzbeka y hazara han anunciado su apoyo al nuevo presidente. Sus rivales han fracasado a la hora de formar un frente unido.