Un fértil territorio apetecido para las industrias ganadera y forestal en el sur de Chile es reclamado por la etnia mapuche. Pero ellos están dispuestos a derramar su sangre para recuperar las tierras de sus ancestros.
"Recuperar nuestras tierras nos costará sudor, lágrimas y sangre", aseguró Héctor Llaitul, apresado lÃder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), una organización radical que se ha adjudicado varios atentados incendiarios como parte de su lucha, y que el dirigente justifica como una forma de defenderse.
Los mapuche, la mayor etnia indÃgena de Chile, reclama territorios ubicados principalmente en la Región de La AraucanÃa (650 km al sur de Santiago), que tiene como capital a Temuco y que hoy están en manos de madereras y empresarios.
Llaitul está en prisión preventiva en la cárcel de El Manzano en Concepción (500 km al sur de Santiago), acusado de liderar una emboscada contra un fiscal, acusación que él rechaza ya que la CAM -dice- avala sólo acciones que no generen daños contra las personas.
"Queremos recuperar tierras para reconstruir la nación mapuche, un pueblo con cultura e idioma", le dijo a corresponsales extranjeros Llaitul, uno de los 50 presos mapuches vinculados a actos de violencia en su objetivo de recuperar sus tierras, según cifras de la ONG Liberar.
SUS OPCIONES.El gobierno chileno recomendó a los indÃgenas mapuches -que reivindican tierras en el sur del paÃs- adaptarse al mundo moderno y, aunque les garantiza la preservación de sus costumbres, descartó entregarles la autonomÃa que ellos reclaman, la que calificó como "una utopÃa".
"Tienen que entender que su identidad se tiene que dar en un mundo cambiante y moderno", aseveró el ministro de la Presidencia, José Antonio Viera Gallo, encargado presidencial para asuntos indÃgenas. "La solución es la convivencia de mapuches con empresarios", insistió en diálogo con la prensa extranjera.
Viera Gallo calificó como una utopÃa la posibilidad de entregar un territorio autónomo a los mapuches. "Sobre las tierras ancestrales, podemos dar el derecho de uso pero no de dominio", aclaró, agregando que esto podrÃa plasmarse en una coadministración o derecho de uso compartido de las tierras.
"Una autonomÃa como la vasca o la catalana no es posible (...) Es una utopÃa, eso no puede ocurrir nunca. La solución es que vivan mapuches y no mapuches. Es un aprendizaje lento", sostuvo.
El ministro consideró que la única autonomÃa que puede entenderse es la capacidad de las comunidades de seguir con sus costumbres y tradiciones.
Durante 2009 el Estado chileno se ha hecho parte en procesos judiciales contra mapuches en tres oportunidades, por atentados contra un fiscal y ataques incendiarios sobre fundos y camiones madereros, pese que al inicio de su mandato la presidenta Michelle Bachelet se comprometió a no utilizarla.
Los mapuches aseguran que la PolicÃa los reprime al momento de entrar en sus comunidades en busca de indÃgenas supuestamente vinculados con hechos violentos, lo que ha quebrado la confianza ganada en los diálogos entre el gobierno y las comunidades.
EN DEFENSA DE SU TIERRA. Los mapuche representan casi un millón y medio de habitantes. Son el segundo pueblo indÃgena más poblado del continente americano, tras los aymara. En el censo de población de Chile elaborado en 2002 se contaron 604,349 mapuche, es decir, casi el 4% de la población chilena. Con su cultura, sus ritos, su cosmovisión y su idioma propio, el mapudungún, este colectivo sigue apostando por la recuperación de sus tierras ancestrales.
"Los mapuche perdimos nuestra independencia hace sólo 128 años, en la generación de mi bisabuelo, en una campaña militar conjunta entre Chile y Argentina. Los chilenos llamaron a la ocupación Pacificación de La Araucania. En Argentina se le denominó Campaña del Desierto. Cristóbal Colón y sus amigos no tuvieron nada que ver", reconoce Pedro Cayuqueo.
Tanto en Chile como en Argentina, los conflictos entre el pueblo mapuche y estos dos estados latinoamericanos tienen relación con la propiedad de la tierra y con la explotación de sus recursos naturales. El modelo de desarrollo económico, basado en el libre mercado y en la inversión de las grandes multinacionales, ha desequilibrado la balanza.
"El problema de los mapuche es como la pescadilla que se muerde la cola" declara Luis Prieto, ex vicepresidente del Banco Industrial de Venezuela, y amante del paÃs andino. "Hace más de 50 años el gobierno de Arturo Alessandri RodrÃguez desarrolló un novedoso plan para incentivar la maltrecha economÃa chilena. Se llamó Vea crecer sus ahorros. Miles de chilenos de clase media compraron pequeñas parcelas donde habÃa pinitos plantados, desarrollando asà una agresiva industria maderera. Chile pasó, de importador, a ser uno de los mayores exportadores de madera del mundo", añade el anciano.
"Y bingo, esas tierras que cultivó Alessandri pertenecÃan en su mayorÃa a la comunidad mapuche. Ahora, más de medio siglo después, el derecho de Usu Capion establece que esos territorios pertenecen a sus nuevos propietarios. Y el gobierno chileno lo sabe", concluye Luis.
El avance mÃnimo en materia de reconocimiento de los derechos indÃgenas por parte del Estado chileno agrava la situación. "Chile aún se define en su Constitución PolÃtica como un paÃs sin pueblos indÃgenas, una nación única e indivisible, algo que contrasta notablemente con los avances en esta materia que se han dado en otros estados de la región, tales como Bolivia, Perú o Colombia", manifiesta Pedro Cayuqueo.