Honduras
En el kilómetro 33 de la carretera que conduce al sur del país, a la altura de la aldea La Trinidad, apareció ayer el cadáver del joven José Luis Alonzo, de 22 años, quien fue raptado la tarde del jueves por tres hombres encapuchados en su casa, ubicada en la colonia San Buenaventura.
Los cuerpos inertes de otros dos hombres ejecutados a balazos fueron descubiertos ayer cerca de la aldea San Juan del Rancho. A estos tres crímenes se suma el caso de un joven hallado en las cercanías de la represa Los Laureles, con lo que suman cuatro las víctimas en menos de 24 horas en la capital.
Ejecuciones en serie
El jueves, al filo de las 2:30 de la tarde, tres hombres que cubrían sus rostros con gorros pasamontañas y fuertemente armados capturaron a Alonzo y se lo llevaron en una camioneta color verde con gris, según relataron sus familiares.
Policías a bordo de patrullas y motocicletas iniciaron una tenaz persecución con el fin de capturar a los malhechores, pero en un recorrido por el desvío a la comunidad de Nueva Aldea, cerca de la represa Los Laureles, hallaron el cadáver de otro joven que fue identificado en la morgue como José Geovany Velásquez Zelaya, de 36 años.
En el recorrido, la Policía localizó un automóvil tipo pick-up, color azul, placas PBN-3146 abandonado en una calle de tierra que conduce hacia el cerro El Cimarrón, al sur de residencial Las Uvas.
La incógnita sobre el paradero de Alonzo se despejó la mañana de ayer, ya que moradores de La Trinidad hallaron su cadáver en la orilla de una calle de tierra, amarrado de pies y manos. Presenta disparos en la cabeza y en otras partes del cuerpo, sin que la Policía diera a conocer el calibre del arma utilizada.
La fiscal de turno y el perito forense del Ministerio Público, conjuntamente con equipos de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC), realizaron el reconocimiento legal y trasladaron el cadáver a la morgue de Medicina Legal.
A la hora que las autoridades reconocían el cadáver de Alonzo fueron informados de la existencia de otros dos ejecutados en la carretera de tierra de la aldea San Juan del Rancho, por lo que se movilizaron a la zona.
En un matorral yacían los cadáveres de dos hombres tendidos boca abajo y con similares características de las de Alonzo. Tenían los pies y manos amarrados con una cabuya color naranja y balazos en la cabeza, así como en otras partes del cuerpo.
Las autoridades no lograron identificar a las víctimas en la escena del crimen debido a que no les hallaron documentos personales, por lo que fueron trasladados a la morgue en calidad de desconocidos.
Dos más
El policía clase II, Pablo García, reveló que a las 5:00 de la mañana recibieron una llamada anónima informándoles que en el desvío a San Juan del Rancho habían dos personas muertas sin especificar el sitio exacto, por lo que iniciaron un recorrido de búsqueda.
Un familiar de una de las víctimas se presentó a la morgue y confirmó que respondían a los nombres de José Francisco Ortega, de 24 años, residente en la colonia Buenas Nuevas, y Pablo Alberto Flores, de 39, quien tenía su domicilio en la colonia Villafranca de Comayagüela.
El doliente, quien prefirió no revelar su nombre, relató que seis hombres fuertemente armados aprehendieron a los ahora occisos el jueves a las 6:00 de la tarde en la colonia Villafranca y se los llevaron en dos automóviles tipo pick-up, uno de color rojo y otro gris con vidrios polarizados.
Algunos testigos aseguran que los captores de los cuatro fallecidos andaban vestidos como policías y con chalecos antibalas.
Proceso de investigación
Equipos de la DNIC levantaron evidencias en las tres escenas de los crímenes con el fin de identificar a los asesinos en serie para proceder a darles captura y ponerlos a la orden de los tribunales de justicia competentes.
Los cuerpos de investigación policial no lograban ayer establecer los móviles de los crímenes, por lo que continuaban con las averiguaciones de rigor y entrevistas con familiares de las víctimas, así como otros testigos con el propósito de dar con el paradero de los criminales.
La hipótesis preliminar que manejan los cuerpos de inteligencia policial es que los autores materiales de los hechos sangrientos son sicarios del crimen organizado o matones a sueldo que actúan en aparentes ajustes de cuentas.
Hasta ayer la Policía no tenía pistas de los responsables de las múltiples muertes que se han registrado en la capital en similares circunstancias.