Honduras
Al Indio había que pellizcarlo para darse cuenta que todo había sido una falsa noticia: "¿Realmente me sentían muerto?", atina a preguntar Jorge Urquía, la gloria olimpista y de la Bicolor que, por la mañana de ayer, estuvo dos horas "periodísticamente muerto".
La Centroamérica Oeste, un barrio de obreros al norte de la ciudad donde habita solitario un Urquía desprolijo, ya viejo, a veces lúcido, a veces ido, que usa una y mil veces el estribillo "hostia", bien español, vivió una mañana-tarde de locos con la noticia del fallecimiento del mortal delantero que clasificó con la H de Chelato Uclés al Mundial de España 82 (después no lo jugaría, supuestamente porque Herrera Uclés consideró que estaba veterano); "fueron momentos horribles, angustiosos, queríamos averiguar cómo había muerto y nadie sabía nada realmente; todos nos enteramos por la radio, donde tampoco tenían una versión confirmada... en la morgue del hospital Escuela no estaba y lo que hicimos sus familiares fue averiguar si estaba en la casa, algunos sobrinos de Jorge se vinieron en moto y luego resulta que lo vemos dando unas declaraciones en canal 13, donde el periodista le pedía que mandara un saludo para confirmar que estaba vivo", cuenta Mangui, una de las 6 hermanas del Indio.
No pasa nada...
Tras el tremendo susto, la casa oscura y humilde del Indio, donde huele a pobreza, hay un par de televisores viejos y mucha gente que se acordó que el ídolo existía, volvió a vivir. "¿Por qué me voy a morir si no le debo nada a nadie, en la mañana andaba comprando unas cosas con unos amigos y de repente se vino la bulla de mi muerte... lo importante es que sé que mi gente no me abandonará", dice Urquía.
- ¿Hay que celebrar con café con pan, entonces? ¿Pero por qué si no me he muerto?
- Entonces que viva para siempre. Bueno, tampoco es que voy a ser Matusalem... ja, ja, ja.