El espíritu navideño

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18.12.2009 - NUEVA ACRÓPOLIS - infoSPAMFILTER@acropolishonduras.org

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Al igual que todo lo existente, la Navidad es algo cíclico, pero no por ello monótono ni rutinario sino renovador, ya que también en nosotros existe lo cíclico y vez tras vez debemos recordar el significado y el porqué de las cosas que hacemos, para no caer en la rutina y el olvido, puesto que si ocurre esto perdemos el rumbo, la dirección, el centro, y hay peligro de que se produzca el desaliento, la desmotivación, el sin sentido de todo, o sea el caos…

La celebración de la Navidad y año nuevo son fiestas que con estos nombres, u otros, siempre, en todas las civilizaciones se han realizado, pero adaptadas a una determinada época, y lugar geográfico. Pero en todas ellas se ha absorbido un significado, costumbres o tradición ya existente.

Aunque en teoría la mayoría de las personas entiende la razón de la celebración de la Navidad, en la práctica su significado es ensombrecido por el frenesí de las compras que distrae la atención del verdadero sentido de la Navidad. En sintonía con el querer, desear, pedir o comprar, no es raro encontrar en la lista de regalos un sinnúmero de objeto materiales, descuidando el verdadero trasfondo de la celebración que, sin lugar a dudas, se presenta como una oportunidad para el ser humano de renacer y encaminar su vida por mejores derroteros. Sin duda la Navidad nos confronta con nuestro pasado hasta la época de nuestra infancia, permite recrear los sueños y anhelos que atesorábamos de niños y ver si el camino que tomamos es concordante con los sueños antaño.

BUENA VOLUNTAD. Si bien la Navidad se presenta solo una vez al año, el espíritu navideño o dicho en otra forma el espíritu de la buena voluntad debe permanecer a lo largo del año; que compartir con nuestros semejantes no sea un fecha en especial sino una actitud permanente a lo largo de todos los días del calendario. Es importante subrayar que la Navidad es la época para dar y para esto hay que recordar que hay privaciones de todo tipo: en lo físico hay necesidad de alimento, abrigo y vivienda, la seguridad se manifiesta por la necesidad de empleo, afecto familiar y buena salud. En lo referente al plano emocional existen necesidad de confianza, respeto, amor y amistad. Habiendo entonces carencias de casi todo, es importante que en un esfuerzo solidario los seres humanos pongamos a disposición nuestras virtudes y talentos a fin de llenar entre todos esos espacios vacíos que a lo largo del camino de la vida requieren ser colmados que combinadas con el esfuerzo personal de ser mejores personas, el autoconocimiento nos potencie a ser mejores individuos para nuestro entorno y al final de cuentas el proceso nos convierta en personas felices.

El espíritu navideño por tanto debe llamarnos a la reflexión, representa una estación que nos permite que el camino que hemos transitado con los accidentes, alegrías, inconveniente y desafíos y ver lo que sigue y la forma en la que pretendemos enfrentarlo. Aunque se piense lo contrario, ser una persona bondadosa implica su esfuerzo. Sería un poco ingenuo de nuestra parte pensar que somos en plenitud un derroche de virtud y que nuestras acciones, palabras y pensamientos están llenos de amor y de los mejores pensamientos para los demás. Ya en el artículo del mes pasado referente a la tolerancia aprendimos que esta virtud es el mejor camino para en concordia con los demás, sin embargo tolerar es aceptar al otro con sus defectos y virtudes, admitir las diferencias para convivir bajo el marco del respeto mutuo. En un escalón más elevado, la fraternidad implica reconocer en el otro una esencia común con la nuestra y tener la certeza que aunque distintos en lo externo, nuestro espíritu proviene y se dirige hacia el mismo punto de convergencia.

Dejar un poco el confort para salir del estado de pereza espiritual y ayudar a los demás precisa de un esfuerzo. Esta temporada permite sonar las alarmas que mientras muchos vivimos en un burbuja surrealista, afuera hay un real oportunidad de trabajar por nuestros similares en casi todos los ámbitos según el gusto y la vocación de cada cual. Siempre será más fácil el no hacer nada y mantenernos indiferentes al dolor y la necesidad; pensar que alguien lo hará por nosotros es casi equivalente a decir que difícilmente alguien lo hará. Bajo esa ideas entendemos se esconde el sentido del espíritu navideño: dar sin esperar recompensa o reconocimiento de los demás sino por la alegría de compartir nuestra mejor parte con los demás, con esfuerzo pero no como sacrificio, a sabiendas que estamos poniendo nuestra cuota para construir un mejor mundo, más justo y solidario.

Que la época navideña permita que la llama encendida en nuestros corazones se mantenga viva y permita irradiar amor y llenar de calidez a las personas que viven que lo precisan. ¡Feliz Navidad a todos!

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