Familiares disputan custodia entre dos mundos

Los chicos se adaptan hoy a una nueva vida en Ushuaia, donde Alden va a la escuela y Aliana está bien atendida
ElHeraldo.hn

Argentina

18.12.2009 - AP - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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A los 30 años, poca gente escribe un testamento. Karl Heiss y su esposa Marisa, sin embargo, no eran personas comunes.

Karl, un carpintero estadounidense, y Marisa, una trabajadora social argentina, vivieron un año en una carpa como las de los indios en los bosques del norte del estado estadounidense de Idaho. Les daban clases a sus hijos en casa, en inglés y en español, para que dominasen ambos idiomas. Los chicos leían, hacían cosas artísticas y tocaban instrumentos.

"A Marisa y Karl no les interesaba acumular cosas", cuenta la madre de Marisa, Violeta Conti. "Lo importante era que los chicos estuviesen bien".

Tal vez fue por eso que decidieron escribir un testamento. Siete frases escritas en inglés y en español, que enviaron a su amiga Libby Harvey para que las guardase en su casa de Seattle.

En octubre de 2008 visitaron a Harvey. Luego planeaban ver a los padres de Karl en Malibu, California, y a la familia de Marisa en Ushuaia, Tierra del Fuego. Dos horas después de irse de la casa de Libby, sufrieron un accidente de tránsito. Karl y Marisa murieron en el acto. Su hija de diez años, Aliana, padeció lesiones cerebrales graves, mientras que su hermanito Alden resultó ileso, tan solo con algunos magullones.

El testamento, con disposiciones precisas acerca de qué había que hacer con los niños si a ellos les pasaba algo, fue usado mucho antes de lo que se podía esperar. Y generó dilemas legales, médicos y culturales que plantearon duros retos a las dos familias.

UNA DIFÍCIL DECISIÓN.Desde su casa manejaban un negocio de ventas online de artesanías argentinas, que el año pasado generó 70,000 dólares en ventas. Libby y los padres de Karl y Marisa llegaron en cuanto pudieron al Harborview Medical Center, donde fueron internados los niños.Un hermano de Marisa, Alejandro, hizo de intérprete entre las dos familias y los médicos.Las ecografías indicaron que el 70% del cerebro de Aliana había sufrido daños irreparables. La niña entraba y salía de un estado de coma cuando se tuvo que tomar la primera decisión importante: ¿Se le retiraba un tubo respiratorio para ver si podía respirar por su propia cuenta?Los médicos explicaron que si se dejaba el tubo, aumentaban las posibilidades de que sufriese una infección que podía afectar sus cuerdas vocales. Si se lo quitaban, existía la posibilidad de que Aliana no pudiese respirar y de que no se le pudiese reinsertar el tubo.Si sucediera eso, la familia tendría que decidir si la dejaban morir o se hacía una traqueotomía de emergencia. "Uno de los médicos dijo que si se tratase de su hija, la dejaría morir", expresó Anna Belle Heiss, la madre de Karl.La familia de Marisa aceptó que se retirase el tubo, pero se opuso a una eventual traqueotomía, diciendo que había que dejar que Dios dispusiese cual debía ser la suerte de la niña, según Rana Longmire, una amiga de Karl y Marisa que dijo haber presenciado las discusiones entre los familiares ese día."Había grandes diferencias", señala.Carina, otra hermana de Marisa, da otra versión y dice que su familia confiaba en una recuperación.Durante el encuentro, funcionarios del hospital leyeron el testamento."Si muriésemos... los niños quedarían a cargo de (en este orden) Violeta Conti (madre de Marisa Bauducco), Carina Bauducco o Alejandro Bauducco. Si existiese la posibilidad, quisiéramos que los criasen en nuestra casa (de Idaho). Un mes al año quedaría reservado para Anna y Fred Heiss (los padres de Karl), para que criasen a los niños como ellos quisiesen".Los Heiss no estaban muy seguros de que el papel tuviese validez legal. "Teníamos problemas para tomar decisiones compartidas sobre el tubo respiratorio y de repente nos damos cuenta de que se trata de algo de vida o muerte", cuenta Anna Belle. "Los médicos dijeron que el testamento le daba a Violeta el poder de decisión. Quedé destrozada, llorando, porque pensé que la habíamos perdido (a Aliana), que podrían desconectarla".La familia de Karl contrató un abogado que impidió que le sacasen el tubo a la niña, a la espera de la recomendación de un "guardian ad litem", como se denomina a un abogado nombrado por los tribunales que vela por los intereses de un menor cuando hay disputas legales. La familia de Marisa también consiguió un abogado. Karl y Marisa soñaban con vivir en contacto con la naturaleza y se radicaron en Bonners Ferry, una aislada localidad de Idaho, donde nieva la mayor parte del año, igual que en Ushuaia.

LA DISPUTA.En mayo masticaba la comida y podía decir algunas palabras. Inició una terapia de rehabilitación que probablemente tome años.Sus abuelos de uno y otro lado tenían ideas muy diferentes sobre su futuro.La familia de Karl quería que la niña se quedase en Estados Unidos para que recibiese la mejor atención médica disponible y donde Alden podría recuperarse del trauma en un sitio familiar.Violeta sostuvo que en Argentina hay atención médica tan buena como la de Estados Unidos, y gratis. Y que los dos niños hablaban español, por lo que el idioma no sería un problema.El juez Justin Julian, de Idaho, desechó los argumentos de los Heiss enumerando las razones por las que Conti no debía recibir la custodia y dijo que no veía razón alguna para ir en contra de los deseos de los padres de los niños. Decidió que Conti se hiciese cargo de ellos once meses al año y los Heiss, uno.Las dos familias, que se estaban alternando en el cuidado de los chicos, apelaron el dictamen.Y comenzó un período de antagonismos.Los Heiss le dijeron al juez que se habían perdido los pasaportes de los chicos y se negaron a firmar los documentos necesarios para que sacasen pasaportes nuevos.Los Conti tuvieron que recurrir al Departamento de Estado para conseguir nuevos pasaportes. Apenas los recibieron, se llevaron a los niños a Argentina, sin avisarle a nadie. Aliana no solo comenzó a respirar por sí misma, sino que mejoró bastante en la parte física.CAMBIOS PARA LOS NIÑOS. Los Heiss pidieron que se los envíen en enero, cuando no hay clases en Ushuaia. Sospechan que la familia de Marisa no lo hará y dicen que harán una denuncia internacional de secuestro si así sucede.Violeta tampoco se fía de los Heiss y adopta un tono adusto cuando se le pregunta si cree que no le permitirían a los niños regresar a Argentina."Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para que se cumpla el testamento", afirma.Mientras se espera el fallo de una apelación presentada por los Heiss ante la Corte Suprema de Idaho, las dos partes no se ponen de acuerdo en nada. Lo único claro es que ambas adoran a los niños y quieren lo mejor para ellos.Los chicos se adaptan hoy a una nueva vida en Ushuaia, donde Alden va a la escuela y Aliana está bien atendida.

UNA DIFÍCIL DECISIÓN.

Desde su casa manejaban un negocio de ventas online de artesanías argentinas, que el año pasado generó 70,000 dólares en ventas.

Libby y los padres de Karl y Marisa llegaron en cuanto pudieron al Harborview Medical Center, donde fueron internados los niños.

Un hermano de Marisa, Alejandro, hizo de intérprete entre las dos familias y los médicos.

Las ecografías indicaron que el 70% del cerebro de Aliana había sufrido daños irreparables. La niña entraba y salía de un estado de coma cuando se tuvo que tomar la primera decisión importante: ¿Se le retiraba un tubo respiratorio para ver si podía respirar por su propia cuenta?

Los médicos explicaron que si se dejaba el tubo, aumentaban las posibilidades de que sufriese una infección que podía afectar sus cuerdas vocales. Si se lo quitaban, existía la posibilidad de que Aliana no pudiese respirar y de que no se le pudiese reinsertar el tubo.

Si sucediera eso, la familia tendría que decidir si la dejaban morir o se hacía una traqueotomía de emergencia. "Uno de los médicos dijo que si se tratase de su hija, la dejaría morir", expresó Anna Belle Heiss, la madre de Karl.

La familia de Marisa aceptó que se retirase el tubo, pero se opuso a una eventual traqueotomía, diciendo que había que dejar que Dios dispusiese cual debía ser la suerte de la niña, según Rana Longmire, una amiga de Karl y Marisa que dijo haber presenciado las discusiones entre los familiares ese día.

"Había grandes diferencias", señala.

Carina, otra hermana de Marisa, da otra versión y dice que su familia confiaba en una recuperación.

Durante el encuentro, funcionarios del hospital leyeron el testamento.

"Si muriésemos... los niños quedarían a cargo de (en este orden) Violeta Conti (madre de Marisa Bauducco), Carina Bauducco o Alejandro Bauducco. Si existiese la posibilidad, quisiéramos que los criasen en nuestra casa (de Idaho). Un mes al año quedaría reservado para Anna y Fred Heiss (los padres de Karl), para que criasen a los niños como ellos quisiesen".

Los Heiss no estaban muy seguros de que el papel tuviese validez legal. "Teníamos problemas para tomar decisiones compartidas sobre el tubo respiratorio y de repente nos damos cuenta de que se trata de algo de vida o muerte", cuenta Anna Belle. "Los médicos dijeron que el testamento le daba a Violeta el poder de decisión. Quedé destrozada, llorando, porque pensé que la habíamos perdido (a Aliana), que podrían desconectarla".

La familia de Karl contrató un abogado que impidió que le sacasen el tubo a la niña, a la espera de la recomendación de un "guardian ad litem", como se denomina a un abogado nombrado por los tribunales que vela por los intereses de un menor cuando hay disputas legales. La familia de Marisa también consiguió un abogado.

LA DISPUTA.

Aliana no solo comenzó a respirar por sí misma, sino que mejoró bastante en la parte física.

En mayo masticaba la comida y podía decir algunas palabras. Inició una terapia de rehabilitación que probablemente tome años.

Sus abuelos de uno y otro lado tenían ideas muy diferentes sobre su futuro.

La familia de Karl quería que la niña se quedase en Estados Unidos para que recibiese la mejor atención médica disponible y donde Alden podría recuperarse del trauma en un sitio familiar.

Violeta sostuvo que en Argentina hay atención médica tan buena como la de Estados Unidos, y gratis. Y que los dos niños hablaban español, por lo que el idioma no sería un problema.

El juez Justin Julian, de Idaho, desechó los argumentos de los Heiss enumerando las razones por las que Conti no debía recibir la custodia y dijo que no veía razón alguna para ir en contra de los deseos de los padres de los niños. Decidió que Conti se hiciese cargo de ellos once meses al año y los Heiss, uno.

Las dos familias, que se estaban alternando en el cuidado de los chicos, apelaron el dictamen.

Y comenzó un período de antagonismos.

Los Heiss le dijeron al juez que se habían perdido los pasaportes de los chicos y se negaron a firmar los documentos necesarios para que sacasen pasaportes nuevos.

Los Conti tuvieron que recurrir al Departamento de Estado para conseguir nuevos pasaportes. Apenas los recibieron, se llevaron a los niños a Argentina, sin avisarle a nadie.

CAMBIOS PARA LOS NIÑOS. Los chicos se adaptan hoy a una nueva vida en Ushuaia, donde Alden va a la escuela y Aliana está bien atendida.

Los Heiss pidieron que se los envíen en enero, cuando no hay clases en Ushuaia. Sospechan que la familia de Marisa no lo hará y dicen que harán una denuncia internacional de secuestro si así sucede.

Violeta tampoco se fía de los Heiss y adopta un tono adusto cuando se le pregunta si cree que no le permitirían a los niños regresar a Argentina.

"Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para que se cumpla el testamento", afirma.

Mientras se espera el fallo de una apelación presentada por los Heiss ante la Corte Suprema de Idaho, las dos partes no se ponen de acuerdo en nada. Lo único claro es que ambas adoran a los niños y quieren lo mejor para ellos.

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Karl Heiss y Marisa Bauducco-Heiss, con sus niños, Aliana y Alden Bauducco-Heiss, cuando vivieron durante un año en una carpa como las de los indios en los bosques del norte del estado de Idaho.
Karl Heiss y Marisa Bauducco-Heiss, con sus niños, Aliana y Alden Bauducco-Heiss, cuando vivieron durante un año en una carpa como las de los indios en los bosques del norte del estado de Idaho.

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