Honduras
Hay personas cuyo verdadero sentido de la Navidad está en compartir y entregarse a los demás.
Hay quienes la temporada se les hace corta para regalar felicidad, especialmente a los más vulnerables y abandonados.
Se trata de capitalinos que empujados por su corazón solidario hacen a un lado sus trabajos de rutina diaria para llevar un poco de alegrÃa a personas que se vuelven invisibles ante la mirada indiferente de la sociedad.
Un Santa Claus que cura
Francisco Amador, médico de profesión, desde que tenÃa 20 años comenzó a ver la vida de otra manera.
Un dÃa, previo a la temporada navideña, salió de su casa, vio a unos pequeños jugando y fue cuando concibió la idea de personificar a Santa Claus. Vestirse de rojo, con el traje peculiar del viejecito bonachón, le servirÃa para regalarle alegrÃa a los niños, no a los que en la comodidad de su hogar celebran a lo grande la Navidad y el Año Nuevo y son colmados de regalos y atenciones, sino aquellos que por sus condiciones de pobreza piensan que la temporada no existe para ellos.
"Desde los 20 años me visto de Santa Claus y lo hago para los niños pobres, para aquellos que no tienen nada", comentó Amador.
Con el tiempo, el simpático Santa se graduó de médico y sin olvidarse del Juramento Hipocrático hizo a un lado la gabacha blanca y el estetoscopio, esta vez no solo para compartir con los niños, sino para rescatar del olvido a adultos mayores.
Es en la calle donde descubre que hay personas que viven en medio de la desesperanza y la indiferencia y nuevamente lo invade la idea de crear un hogar para los necesitados.
Asà nace Ceder, un hogar de ancianos fundado en el año 2000, con el objetivo de seguir la mÃstica de un asilo de caridad, que muy pocos hay en el paÃs. "Ceder nació para atender con calidad a aquellos adultos que no tienen nada. Los únicos requisitos que pedimos para ingresar aquà es vivir en la calle y en la miseria, actualmente nos acompañan 30 ancianos", declaró el galeno.
Para sus adorados viejitos, como él les llama, y con el fin compartir momentos de felicidad con ellos y hacerlos sentir que son importantes para él, también recurre al disfraz de Santa Claus, un traje que no requiere de barba postiza, porque tiene una natural.
El Santa catracho
Quién puede imaginarse que detrás de una barba larga, fabricada con mechas de trapeador, un atuendo de bombero y sobre el casco negro y un gorro navideño se esconde un psicólogo. Nos referimos a VÃctor Torres, más conocido como "Panchocolás", un Santa originalmente catracho que nació hace cinco años. Torres es un bombero voluntario encargado de la Unidad de Asistencia Psicológica y Apoyo Humanitario, creada recientemente por la benemérita institución.
Esta unidad se encarga de asistir a familiares de los bomberos asà como de ejercer proyección social dentro de la comunidad. Recientemente, el Departamento de Apoyo Humanitario celebró la Navidad a los niños del Materno Infantil, los que están internos en las salas de PediatrÃa, NeurocirugÃa, Quemados, Ortopedia entre otras, donde el personaje que causó sensación fue Panchocolás. El Santa Bombero llegó para encender el fuego de la solidaridad entre los niños hospitalizados y se hizo acompañar de un equipo de voluntarios.
"Panchocolás es un personaje muy catracho y encierra esa parte de niño y adulto que llevamos dentro", expresó Torres. Más que regalos, Panchocolás se caracteriza por obsequiar no solo dulces y regalos, sino cariño, afecto, esperanza y calor humano a los niños y a las personas que necesitan de él.
"Creemos que lo que necesita la gente, más que un obsequio para este tiempo de Navidad, es el cariño, un mensaje de esperanza que le haga creer en el mañana y mucho calor humano", manifestó el voluntario. Y es que las vidas del Santa Doctor y Panchocolás están marcadas por el servicio a los demás. Ellos son embajadores de la solidaridad.