Estados Unidos
Puedo recordar la primera vez que pensé seriamente en Twitter.
En marzo pasado asistí a la conferencia SXSW, cónclave celebrado en Austin, Texas, donde se combinan y se reinventan la tecnología, los medios y la música y donde, no por casualidad, fue presentado Twitter en la edición de 2007.
Alguien como yo, con exceso de subscripciones en Facebook, abrumado por los canales RSS con sus noticias e inundado por mensajes recibidos por correo electrónico, lo que menos quiere es una intrusión más en su vida procedente de la Web. Y además estaba el nombre. ¿Twitter?
En el panteón de la nomenclatura digital -marcas dentro de un sector de la economía que crece tan rápido que ya están tomados todos los nombres razonables- hubiera sido difícil imaginar un nombre más trillado que Twitter (gorjeo).
Se impugna a sí mismo, prometiendo algo ligero e intrascendente pero, aun así, con la capacidad de hacer que desaparezcan las horas sin dejar nada qué mostrar. Y por si el substantivo no fuera tan acusatorio, el verbo “tuitear” (gorjear, en español correcto) es aun más bochornoso.
Fuera de la boba terminología, la idea de que se pueda decir algo inteligente y digno de compartirse en 140 caracteres -los parámetros de Twitter se ajustaron para que cupieran en los mensajes de texto de los teléfonos celulares- parece bastante improbable.
Pero en esa conferencia quedó claro que la plataforma informativa principal era Twitter, con la anotación en tiempo real en los paneles del escenario y actualizaciones importantes sobre lo que ocurría en otras partes de una convención muy ajetreada. A los 52 años de edad, sucumbí en parte por necesidades profesionales.
Sinónimo de actualidad
Y ahora, casi un año después, ¿Twiter me ha derretido los sesos? No, en un momento dado estoy al tanto de más cosas de las que pensaba que fuera posible y, en lugar de pasar media hora navegando en la Web en busca de iluminación, tengo una idea de las noticias del día y de cómo está reaccionando la gente en el tiempo que tardo en esperar a que me sirvan el café en Starbucks. Sí, me preocupa mi capacidad de elaborar razonamientos largos -¿en qué estábamos?- pero el trueque ha valido la pena.
Dentro de poco tiempo, la compañía no quiere decir cuándo, se habrá inscrito en Twitter el usuario número 100 millones, para seguir a sus amigos y ser seguido por ellos y por extraños. Eso puede sonar a un MySpace en mi futuro -¿se acuerdan de MySpace?- pero estoy convencido de que Twitter llegó para quedarse.
Utilidad
Y no soy el único. “La historia de Internet enseña que ha habido buenos sitios web que se ponen de moda y luego son olvidados y que ha habido estándares abiertos que se han vuelto esenciales”, señala Steven Johnson, escritor y observador de la tecnología que en junio pasado escribió en la revista Time un artículo fundacional sobre Twitter. “Twitter cada vez parece como plomería y la plomería es eterna.”
¿De veras? ¿Qué podemos encontrar de utilidad en esta cacofonía de comunicación por pequeñas ráfagas?
Bueno, todo depende de a quién le preguntemos, pero lo más importante es a quién sigamos.
En Twitter, cualquiera puede seguir a cualquier otro, pero hay muy pocas expectativas de reciprocidad. Ya que custodia cuidadosamente a la gente que seguimos, Twitter se convierte en una corriente continua de datos procedente de gente brillante en su campo respectivo, cuyos “tuiteos” suelen estar llenos de vínculos a información increíblemente importante y oportuna.
La objeción más frecuente a Twitter es la más previsible: “No necesito saber que alguien se está comiendo una dona en este mismo momento”.
Pero si ese alguien es un usuario serio de Twitter, de hecho podría estar tomando un almuerzo frugal, avanzando a toda prisa con una imagen actualizada de un mundo ajetreado y cada vez más interconectado.
El servicio tiene una utilidad obvia para un periodista, pero independientemente del negocio en el que uno esté, imagínese que pudiera saber lo que están leyendo y analizando los líderes de opinión de su industria.
Y más allá de seguir a personas específicas, las etiquetas de Twitter nos permiten profundizar en intereses y obsesiones: roller derby, física, títeres y Avatar, por mencionar solo algunas de varios miles.