Nicaragua
Los carteles colombianos de la droga han tejido redes de apoyo logístico y refugio ocasional en islas y aldeas indígenas en la costa del Caribe de Nicaragua, una extensa y pobre región con escasa presencia militar y del Estado, según fuentes castrenses y de inteligencia.
Esta vasta región de 60,000 km cuadrados (más grande que Costa Rica) tiene unas 360 lagunas naturales y en sus 463 km de costa hay ríos, bosques, 360 islotes, cayos y manglares que ofrecen refugios y canales naturales.
El jefe del Ejército, general Omar Halleslevens, expresó recientemente su preocupación por la creciente presencia del narcotráfico en la costa atlántica y alertó sobre la falta de recursos para combatirlo.
El Ejército solo posee en la zona un helicóptero, algunas lanchas rápidas decomisadas a los narcos y pocos medios propios, según un experto en seguridad.
Otro factor que limita la vigilancia es "el sentimiento antimilitarista" de los indios miskitos, principal etnia local, desde los tiempos del régimen revolucionario sandinista (1979-1990), que los desplazó y persiguió por apoyar a los rebeldes ‘contras’ financiados por Estados Unidos.
Una de las bandas que ha logrado mayor incidencia es el Cartel del valle del Cauca, que estableció una base en la aldea costera de Walpasiksa (‘piedra negra’ en miskito).