Haití
La desesperanza se dibuja en el rostro de Patrice Fortune. Perdió su casa, su trabajo y no tiene cómo mantener a su familia.
El terremoto que azotó a Haití lo dejó en la calle, pero trata de no desmayar para poder alimentar a los suyos.
Nos vamos de Haití y en la estación de buses Caribe Tours, en donde esperamos la unidad que nos sacará de este país, se acerca un hombre delgado, con ojos de dolor.
Primero pide dinero para ajustar el pasaje. Le di 10 dólares, quería darle más, pero no ajustaba.
Luego suplica: “Ayúdeme, quiero salir a buscar trabajo, de lo que sea, soy profesor de historia de la Universidad de Louvre, pero también puedo trabajar de mesero”.
Fortune relató que daba clases de historia en Louvre, pero que ese centro fue destruido por el terremoto y que unos 300 estudiantes suyos murieron aplastados.
Dice que está desesperado porque tiene una hija de tres años y que su esposa, a la que señala, está embarazada de dos meses y no sabe cómo mantenerlas.
“No hay oportunidad en Honduras, lo siento”, le contesto.
Agacha la cabeza y dice con resignación que “sí, a ver cómo hago”.