Honduras
Un ambiente de tranquilidad reina en los alrededores de la colonia Palmira.
Los vehículos circulan de un lado a otro por la primera calle de la residencial donde se encuentra la Embajada de Brasil, lugar escogido como refugio por Manuel Zelaya y desde donde hizo llamados a la violencia que desencadenaron en vergonzosos actos vandálicos por parte de sus seguidores.
Ayer, EL HERALDO comprobó como los primeros vecinos llegaban a la zona, con una sola cosa en mente: cambiar el rostro de sus casas para borrar así los tristes recuerdos que arrastran desde el pasado 21 de septiembre. Pero eso no es todo, también han tenido que evaluar los daños y pensar en los miles de lempiras que deberán desembolsar.
De ahí que pedir una indemnización por daños al gobierno de Brasil sea una posibilidad que se está considerando con seriedad.
Y es que los seguidores de Zelaya destruyeron techos, portones, vehículos y paredes durante los actos de violencia y vandalismo incitados por el ex presidente. "Patria, restitución o muerte", gritaba Zelaya, a través de un megáfono desde la terraza de la residencia brasileña.
Una vecina miraba con indignación como tenía que pintar las paredes rayadas con vulgaridades mal escritas, porque los protestantes ni buena ortografía tenían.
La atención en los negocios y en oficinas particulares también comienza a desarrollarse con relativa normalidad.
En la primera calle, donde se encuentra la sede diplomática, hay negocios como ser: bufetes, clínicas, laboratorio, restaurantes y otro tipo de oficinas.
A raíz de los actos de vandalismo y en aras de proteger la integridad de la sede diplomática y del ex gobernante refugiado, los militares montaron un cerco militar que dejó sin circulación vehicular y peatonal varias calles a la redonda.
La medida repercutió en los negocios, varios de ellos tuvieron que cerrar y otros, a medida pasaba el tiempo, pudieron atender la clientela siempre y cuando se registraran en los controles militares.
Para que una persona pudiera llegar a una clínica de la zona los propietarios debían notificar al control militar. El paciente era escoltado por un policía o un militar.
La secretaria de un bufete de abogados que solo se identificó como Marlen contó que todos los días desarrolló su trabajo, pero con baja intensidad.
Admite que por un lado fueron afectados pero por otro no. "Aquí nos hará falta la presencia de los policías y de los militares ya que nos sentíamos seguros", dijo Marlen.
En medios internacionales como BBC, los entrevistados han expresado que por los daños económicos quien debe responder es el gobierno brasileño.En septiembre, Estados Unidos responsabilizó a los países que ayudaron a Zelaya a entrar en el país sin tener un acuerdo.
La posibilidad de un baño de sangre era inminente, sin embargo, se evitó por el uso medido de la fuerza policial y militar, pese a que el vandalismo estaba desbordado.
Trascendió que los países que propiciaron el ingreso de Zelaya, para negociar desde el cautiverio su restitución, fueron Venezuela, Nicaragua, El Salvador y Brasil.
Los ejecutivos de otra empresa aseguraron que las ventas se redujeron al 30 por ciento.
El ejecutivo manifiesta: "desde que ‘Mel’ Zelaya llegó a la embajada de Brasil la clientela cayó porque tenían miedo, no de los militares sino de la resistencia, porque no podían dejar sus carros aquí debido a que había tumultos violentos".
"Esperamos que tal vez, por medio del gobierno, podamos emprender alguna acción legal para conseguir una indemnización por todos los daños que se nos causó". Otra comerciante que habló para la BBC es Sulma Reyes, dueña de un salón de belleza ubicado cerca de los retenes militares.
Asegura que la clientela cayó 50 por ciento. Reyes considera que por los daños económicos tuvo que despedir algunas de sus empleadas y dice que si pudiera pediría que la embajada se vaya a otro lugar porque "ellos nos perjudicaron bastante".
"Me" incumplió su palabra
El comisionado nacional de los derechos humanos, Ramón Custodio López, considera que "es un alivio para los hondureños que Manuel Zelaya Rosales esté fuera del país".
Además de eso, es del criterio que "Mel" Zelaya incumplió su palabra por lo que tuvo que pagar el precio.
Declaró que "ni el dinero, ni el poder político se han hecho para cualquier persona porque no hay cosa más desagradable que el nuevo rico y que el nuevo poderoso que no sabe comportarse al ejercer el poder".
Custodio recordó que en enero del 2006 Zelaya juró ante el pueblo ser fiel a la República y a la Constitución, palabra que incumplió, y eso lo llevó a la sustitución.