Es importante saberlo porque de este sistema defensivo depende, en gran medida, el estado del ADN de tus células y tu grado de fotoenvejecimiento
Esta expresión, capital solar, se ha puesto muy de moda últimamente, y no es otra cosa que un mecanismo de defensa que tiene la piel para protegerse de las agresiones del sol. Es decir, cada persona posee un sistema de protección que permite reparar los daños provocados por la exposición solar.
Cuando este sistema defensivo se pone en marcha, la piel consume melanina, queratina, vitaminas... que el propio cuerpo va reponiendo según se gastan, pero llega un día en que esas reservas se agotan y perdemos la capacidad de protegernos del sol. Azucena Mir, dermatóloga, explica claramente en qué consiste: “La piel es como una alcancía llena de monedas, y cada moneda es una hora de exposición solar. Cada persona cuando nace tiene asignadas unas monedas, y la cantidad es mayor o menor en función del fototipo de piel. A lo largo de la vida las vamos gastando, así que el estado de nuestra piel depende de lo bien que las administremos”. Dos personas de la misma edad y características físicas pueden tener diferente capital solar, si una ha tomado el sol sin protección en su infancia y ha padecido quemaduras solares y la otra no.
¿Cómo sabes que se está terminando?
La piel no es como un teléfono móvil de prepago que te avisa cuando tu saldo está próximo a agotarse, pero sí nos envía señales que podemos interpretar para esmerarnos en el ahorro de esas monedas solares que nos quedan.
“El sol envejece la piel, independientemente de la edad de la persona. El colágeno se pierde y tenemos la epidermis menos elástica, comienzan a aparecer pequeñas manchas, arrugas prematuras... O sea, el cuerpo nos avisa de que nos estamos cargando la dermis (capa profunda de la piel por debajo de la epidermis y sobre la hipodermis) por una excesiva exposición al sol, comenta la experta.
Es posible detener este proceso tomando las medidas adecuadas, y a veces revertirlo con ayuda de láseres, medicina antiaging... y, por supuesto tomando, precauciones no solo al ir a la playa sino también al pasear, ir al campo, hacer deporte...».
¿De qué protegerse?
La respuesta no es tan obvia como crees -del sol- ya que sus rayos también pueden alcanzar nuestra piel indirectamente cuando se refleja en determinadas superficies. Por ejemplo, ¿sabías que en el agua rebota un 20% de la radiación solar; en la hierba un 10%; en la arena de un 15% a un 25% y en la nieve un 85%? Con lo cual, sobre cualquiera de estas superficies, además de la radiación directa del sol, tendremos una ración extra de rayos ultravioletas. Los días nublados también son un poco tramposos, ya que las nubes no dejan pasar ni el calor ni la luz, pero sí que abren la puerta a los UVA y UVB; los primeros son causantes del envejecimiento cutáneo, los segundos, de las quemaduras solares, y ambos del cáncer de piel. Son los protectores que llevan sustancias antioxidantes en su composición los que protegen el núcleo de las células de la acción de los rayos solares. Entre estos ingredientes se encuentran la vitamina C, la E o precursores de estas.
El sol, rayo a rayo
Tener una insolación no es lo mismo que quemarse, y esto último tampoco es igual a fotoenvejecer (piel ajada a causa de un exceso de luz solar).
Las tres cosas pueden ir acompañadas, pero cada una de ellas es obra de un tipo de radiación concreta.
Los rayos infrarrojos (IR) son los responsables de la sensación de calor. Si nuestro sistema de regulación de temperatura corporal se satura por un exceso de IR estaríamos hablando de una insolación, y existiría riesgo de deshidratación. Si pasamos mucho tiempo al sol, sin protección, la piel no tiene tiempo de fabricar melanina para protegerse de los rayos UVB y acabamos por quemarnos.
El FPS que aparece en los botes de crema nos indica la protección frente a esta radiación. Las pequeñas grietas que se hacen en la piel de personas jóvenes, los léntigos (manchas marrones), la falta de elasticidad... son consecuencia directa de la degradación de las fibras de colágeno y elastina de la dermis que provocan los rayos UVA.
Pero no todo es malo, estos rayos, a parte de dar color a la piel, estimulan la síntesis de vitamina D, disminuyen la presión sanguínea, mejoran la calidad del sueño, ahuyentan la depresión y aceleran la cicatrización de heridas.
Melanoma: identifícalo
Hay que saber diferenciar entre peca, léntigo,... (son diferentes tipos de lunares) y melanoma para evitar falsas alarmas. Un lunar es una acumulación de células pigmentarias (melanocitos). Puede ser diferente según la zona del cuerpo en la que esté. Según Azucena “todos tenemos lunares”. El melanoma es un tumor maligno. Se desarrolla sobre un lunar, pero también puede surgir espontáneamente. Es una agrupación de melanocitos malignos, y la causa principal es la exposición al sol. Si encuentras un lunar nuevo o de aspecto raro, acude directamente a tu médico, ya que la detección temprana es la cura más certera.
Cuestión de filtros
Son el alma de una crema solar ya que de ellos depende la calidad de la protección. Hay dos tipos de filtros: químicos y físicos. Los primeros, también llamados orgánicos, “están formados por partículas de pequeño tamaño y penetran en la piel”, comenta Eulalia Mateu, de laboratorios Pierre Fabre, “no protegen frente a todas las radiaciones sino que, dependiendo del filtro elegido, anulan los UVA o los UVB, por este motivo se utilizan combinados entre sí”. Los segundos han sido formulados con partículas grandes, que no penetran en la piel y dejan sobre el cuerpo una pantalla blanquecina (hace años casi todas las lociones con FPS alto usaban estos filtros) que refleja los rayos. Están indicados para bebés y personas fotosensibles. Hay cremas que combinan ambos tipos de protección.
abcde del melanoma
El diagnóstico precoz permite curar el 100% de los melanomas. Es muy importante saber localizarlos, así que apréndete el ABCDE del melanoma.
• Asimetría: a diferencia del lunar, el melanoma es asimétrico.
• Borde: es irregular.
• Color: no es homogéneo, presenta claroscuros.
• Diámetro: superior a 6 mm.
• Evolución: suele ser un lunar que cambia de forma, tamaño, color...
