El aterrizaje y posterior incineración en la noche del miércoles de otra aeronave que transportarÃa un cargamento de drogas, esta vez en Yoro, es un recordatorio de que la narcoactividad continúa en el paÃs, incrementando cada vez más su poder como generador de violencia y corrupción.
Se cuentan por decenas las aeronaves que desde hace algún tiempo aterrizan en diversos sitios del territorio nacional con un patrón similar: en horas de la noche, en pistas clandestinas, en pistas privadas, en carreteras; posteriormente sus ocupantes y sus compinches en tierra, transportándose en poderosos vehÃculos y portando armas pesadas, tras descargar la droga, incendian la avioneta. Cuando las autoridades llegan al lugar apenas encuentran señas y testimonios de los vecinos sobre la droga y los "narcos". Muy poca droga se ha confiscado en estos casos y menos aún son los delincuentes que han sido capturados in fraganti.
Desde hace tiempo se habla de la complicidad de autoridades civiles, policiales y militares en el narcotráfico en Honduras. De hecho, algunos oficiales ya han sido capturados, al igual que diputados, por su participación en el ilÃcito. Incluso uno de ellos, perteneciente al partido que actualmente está en el poder, fue asesinado mientras cumplÃa una condena. Pero todavÃa no hemos tenido una investigación que ponga al descubierto todos los tentáculos que ese flagelo tiene en los diversos cÃrculos del poder.
Después de los aterrizajes de avionetas y desembarques en las costas, que es el punto de encuentro entre quienes traen las drogas de los centros de producción en América del Sur y quienes las distribuyen en Centroamérica y las hacen llegar hasta el gran mercado estadounidense, entran en juego los miembros hondureños de las mafias que facilitan el trasiego.
El efecto más percibido por parte de la población del involucramiento de hondureños en el narcotráfico son los tristemente célebres "ajustes de cuentas" o cuando hay casos extremadamente grandes en los que los "capos" deciden deshacerse de colaboradores fortuitos o no confiables a lo que ellos llaman "limpiar la mesa".
Para eso hacen uso de sicarios entre quienes estarÃan los miembros de "maras", según se ha denunciado. Con esto el narcotráfico se convierte en el principal generador de violencia e inseguridad.
Por esto, y por mucho más, a la par de las acciones concretas contra la delincuencia común, también deben multiplicarse los esfuerzos para impedir que el poder del narcotráfico se convierta en una amenaza para el Estado mismo, como ya ocurrió antes en Colombia y como sucede en estos momentos en México.