Costa Rica
El nuevo gobierno que se elija este domingo tiene que restablecer las relaciones inmediatamente con Honduras, cuyo pueblo ya mostró una gran capacidad para acudir a las urnas, consideró Claudio Alpízar, politólogo y catedrático de la Universidad de Costa Rica.
él no concibe cómo el mundo sigue ensañado contra un país cuyos ciudadanos mostraron tener un gran aprecio por la democracia, desde el mismo momento en que fueron a votar en las elecciones realizadas el 29 de noviembre de 2009, donde resultó electo presidente Porfirio Lobo Sosa, quien tomó posesión el pasado 27 de enero.
En una entrevista concedida a El Heraldo, este experto en temas políticos de América Latina, además de hacer un análisis sobre las elecciones que tendrá el pueblo costarricense este próximo domingo, también reflexiona sobre las amenazas que tiene la democracia en la región.
Aquí su conversación con EL HERALDO en San José:
¿Por qué no existe fervor electoral en su país, en relación con otras elecciones? Pueden estar sucediendo dos aspectos: los ticos ven ahora la democracia con un grado de mayor madurez, pues desde 1948 en Costa Rica se traslada la banda presidencial sin mayores conflictos. Otro es también que los costarricenses siguen creyendo en la democracia y en la política, pero han perdido credibilidad los políticos.
¿Cómo concibe el pueblo de Costa Rica el concepto democracia? La democracia por sí sola no soluciona nada, pero da la gran oportunidad de intercambiar. Tenemos muchos problemas, como los puede tener Honduras u otro país del continente. Es cierto que Costa Rica puede decir que tiene una equidad que se ve en muy pocos países, pero en los últimos 20 años las distancias entre una clase pobre y una clase rica se han hecho muy grandes. Pero esos problemas la democracia no los soluciona por sí sola, son las instituciones y su fortalecimiento quienes permiten que hayan cambios fundamentales en una sociedad.
¿Cuáles son las exigencias que tendría el nuevo gobierno? El reclamo urgente va en dos rubros. Uno es la seguridad que no solo se debe percibir, como el tener más policías y más cárceles, sino que exige la equidad, la cual en Costa Rica se alcanzaba a través de la educación. Costa Rica ha crecido mucho en el aspecto económico, pero se ha acumulado en un sector. Parece mentira, antes éramos menos productivos a nivel internacional, pero había una sociedad más igualitaria, ahora se produce más, pero hay más desigualdad.
Además de las inequidades, ¿qué otras situaciones amenazan la democracia? Esto también surge como efecto que se ha venido desarrollando en América Latina una democracia delegativa, que no es representativa ni participativa. Los que nos gobiernan nos piden que los dejemos hacer lo que ellos consideran conveniente. Casi nos dicen ustedes no se metan en nada, solo elíjannos, escójannos, nosotros somos los mejores, luego usted váyase para su casa, no reclame nada, porque nos delegó el poder y déjennos el proyecto país. Ahora en América, si se deja que los gobernantes se reelijan, entonces se quedarán en el poder hasta cien años.Esa nueva modalidad que han adoptado varios presidentes de cambiar las leyes para perpetuarse en el poder. Eso se está volviendo un sistema muy utilizado por nuestros gobernantes que reclaman la democracia y la alternabilidad en el poder pero se engolosinan cuando están en él, generando un populismo dictatorial. Amparados en la democracia han querido modificar las constituciones. Una constitución hecha para el cuerpo de los ciudadanos se busca cambiar a la medida del cuerpo de los gobernantes.
Hablando de reelección, ¿cuál fue la posición del pueblo costarricense sobre la crisis política en Honduras? Costa Rica siempre estuvo muy identificado con la crisis política hondureña, no solo porque el presidente Óscar Arias participó como mediador, sino porque a este país siempre le han interesado las buenas relaciones con la región, aunque a veces se malinterpreta la negativa de participar en los procesos regionales.
Incluso aquí hubo un doble gusto: a unos no les gustó la posición de Manuel Zelaya, y a otros no les gustó la posición de Roberto Micheletti. A muchos no les gustó la forma en que Zelaya quería perpetuarse en el poder, porque eso de la cuarta urna, que luego cambió a encuesta, sentimos que era un engaño discursivo.
Pero tampoco gustó la forma en que lo sacaron y lo mandaron para San José. Pero lo importante es que ahora Honduras está viviendo un reencuentro con la democracia y a los costarricenses nos complace eso.
¿Cómo vio la posición de la comunidad internacional frente al problema hondureño?
El mundo en general se ensañó y fueron muy duros en la crítica. Yo no me imagino ese aislamiento internacional a una nación poderosa, pero en países como los nuestros, que son más débiles, la comunidad internacional como que se ensaña y exige cambios pasándose por encima la famosa autodeterminación de los pueblos.
Parecía que la comunidad internacional se empeñaba en decidir por los hondureños. Incluso algunas disposiciones de nuestro gobierno no fueron las correctas. En un momento caímos en esa única visión que se empezó a vender que lo que pasaba en Honduras era culpa del señor Micheletti y se exonera al señor Zelaya
¿Cuál debería ser la actitud del nuevo gobierno en relación con Honduras?
El nuevo gobierno tiene que restablecer las relaciones inmediatamente. El pueblo hondureño ya mostró una gran capacidad de ir a las urnas. Aun pasando un proceso difícil, los hondureños mostraron tener un gran aprecio a la democracia.
Un pueblo que está desesperado por tener un orden constitucional como el hondureño acudió a las urnas masivamente y eso debe ser reconocido por Costa Rica, por todos los centroamericanos y por todos los países del mundo. Esas coyunturas que se dan a veces, de cambios políticos, deben ser aceptadas como eso, como conflictos temporales y no tratar de extrapolarlos para castigar a un país que no lo merece.
¿Qué enseñanza dejó a los políticos de la región lo sucedido en Honduras? La crisis hondureña dejó una gran enseñanza no solo para los políticos, sino también para los economistas. Los economistas han entendido que su disciplina es una ciencia social, no una ciencia exacta. Se demostró la funcionalidad e importancia del Estado como distribuidor de riqueza y su deber de velar por ese bien común. Quedó demostrado que no se debe trabajar solo para hacer el bien a unos pocos y lo común para las mayorías. Los ojos deben ser puestos hacia los más necesitados.
En momentos en que ustedes los costarricenses van a elecciones, ¿lo sucedido en Honduras impactará en los próximos gobernantes? Claro que sí, comenzando porque deben preocuparse por responder a los intereses y exigencias de la sociedad, que poco a poco ha ido perdiendo confianza en la clase política.
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