Las FARC, terroristas sin valores

"A mí, no lo olvide, me mueve una gran pasión y amor por mi país, eso en primer lugar. El país, además, me recibió muy positivamente, se movilizó y nos abrazó, tanto a mi hijo como a mí"
ElHeraldo.hn

Colombia

06.02.2010 - Ricardo Angoso - diarioSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Clara Rojas es, a sus 47 años, víctima y testigo involuntaria de la crueldad casi sádica, que, a través de los secuestros, ejercen las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Recientemente, y quizá como catarsis para superar lo padecido, ha publicado un libro: “Cautiva”, donde relata su triste y dolorosa experiencia en la selva, el sufrimiento de los secuestrados, las tensiones con Ingrid y luego el final, la alegría tras su liberación y el reencuentro con su hijo. El relato, narrado desde el fondo de su corazón y sin contemplaciones, es un firme alegado en contra del terrorismo y la utilización de la violencia como instrumento de acción política en esta Colombia del siglo XXI. Un documento triste y desgarrador, como la realidad misma, pero también necesario para reivindicar la vida y libertad de todos los que todavía padecen en las selvas de Colombia el calvario de la cautividad a manos de las FARC.

¿Por qué, tras lo sucedido, ahora este regreso a la política?
Ha sido un proceso largo, meditado, tras más de años de readaptación a la vida normal. El balance de estos dos años ha sido muy positivo: me he organizado de una forma rápida, he sido muy bien recibida por la gente, tanto en el exterior como en el interior del país, y entonces escribí el libro, que cumplía un vacío y llenó mi tiempo. He cumplido con mis compromisos editoriales, tanto en el país como en el mundo, habiendo viajado por toda América Latina y Europa, incluida España, en el último año. He estado en Alemania, Holanda, Italia, Brasil, Portugal y se ha traducido a 11 idiomas; ha sido un éxito editorial y he sido capaz de cumplir con mis compromisos derivados del libro. Luego, como parte de ese proceso, la gente comenzó a preguntarme cuál sería el siguiente paso y que qué es lo que iba a hacer con mi vida. Mucha gente me llamaba a participar de la vida de mi país, de la política en general, y ese ánimo que me infundían tantos me sirvió para tomar esa decisión y lanzarme al “ruedo político”. Adicionalmente, este camino hacia la política coincidió con que el Partido Liberal había estado muy cerca de mí tras mi liberación por parte de la guerrilla y me abrieron las puertas para que algún día me incorporase a ese proyecto. Así, las cosas se fueron dando y madurando hasta que presente formalmente mi candidatura por los liberales al Senado; la acogida de la opinión pública ha sido muy buena y los comentarios que he podido escuchar en los medios acerca de mi decisión han sido muy positivos, en términos generales. En los sondeos, incluso, he encontrado un apoyo que llega hasta el 75%, y aquí estamos, ya inmersa en plena campaña electoral y mirando siempre hacia el futuro

¿Qué cree que, desde su experiencia, le puede aportar a la política colombiana?
Desde el punto de vista del conflicto, creo que puedo aportar mi grano de arena, en el sentido de que hay que buscar una conciliación y otros caminos para superarlo. Desde un plano personal, claro, tengo una concepción muy nítida: quiero que mi país viva tranquilo y en paz, superando para siempre este conflicto. Es la hora de la paz y no de la guerra.

¿Y qué hacer, con su experiencia y conocimiento, con las FARC?
Es difícil porque las FARC, como muchos grupos terroristas, es un grupo autista, aislado, que vive en la selva y se intercomunica poco con los demás sectores sociales. Sin posibilidades de interrelaciones con la sociedad y totalmente aislados, es muy difícil afrontar esta cuestión. Puede que en sus orígenes las FARC tuvieron objetivos nobles y que buscaban la consecución de sus fines de una forma más o menos racional, pero ahora han perdido el sujeto de su misión y creo que tampoco saben en profundidad qué es lo que realmente buscan. Llevan casi medio siglo buscando conseguir el poder y no lo han logrado; ahora, sin embargo, están muy desubicados, aislados del mundo y sin tener claro cuál es el horizonte final que buscan. Llevan años de lucha perdidos y están sin norte, sin dirección, completamente aislados. No les veo ningún horizonte político ni el corto ni en el largo plazo.

¿Qué haría si fuera el presidente de la República para acabar con las FARC?
Es un desafío muy grande, no olvidemos que son una organización terrorista que causa grandes daños y ha nacido para realizar actividades criminales. Su trabajo es en pro de la desestabilización, y ha realizado acciones horrendas, como la acaecida hace unas semanas en las que degollaron a un gobernador de nuestro país. Pero las cosas son así y tenemos que seguir insistiendo en la búsqueda de un sendero que permita a este país vivir sin violencia. La política de Seguridad Democrática de Uribe ha dado resultados, hemos avanzado mucho, pero sin perder de vista que el problema sigue ahí y que tenemos que seguir enfrentándolo día a día. Hemos recuperado la confianza y el país vive más tranquilo, es cierto, pero seguimos con las FARC activas y sin que se atisbe un escenario de paz. Debemos plantear el debate para la paz y la reconciliación en Colombia, buscando nuevos espacios y creo que esa es la tarea. Todos los candidatos estamos de acuerdo en la búsqueda de un espacio de diálogo que lleve al fin de la violencia como sea. En eso estamos todo y creo que el esfuerzo merece la pena porque estamos luchando, en definitiva, por la paz.

¿De dónde proviene esta crueldad, sin género de duda, de un grupo como las FARC que mantiene encadenados a decenas de soldados, policías e incluso civiles indefensos?
Es algo horrible. No tiene ningún sentido esta política horrenda. Como los guerrilleros están aislados, como le he dicho antes, no tienen ni valores, ni religión, ni ley… Viven en un autismo total. No hay nadie que les señale cuáles son las reglas morales y les cuestione, lo que les ha llevado a ese aislamiento y a cometer acciones como esos interminables secuestros de numerosos jóvenes que han perdido lo mejor de sus vidas y existencias. Yo lucho porque sean liberados ya y que se termine este largo calvario. Es un sinsentido este tipo de secuestros inhumanos y crueles. Debemos buscar caminos para el diálogo y la reinserción, pero condenando como inadmisibles este tipo de actos absolutamente injustificados en los tiempos que vivimos. Otro aspecto importante de cara al futuro es hacer llegar a los guerrilleros jóvenes que tienen otro camino distinto al de las armas, como la reinserción en la vida social del país y el regreso a la normalidad. Tenemos que trabajar en esa dirección y dar un aire de esperanza a este largo conflicto.

Cierta izquierda, tanto en Colombia como en el exterior, asegura que el conflicto colombiano responde a la gravísima crisis social y política que vive su país desde hace décadas, ¿le parece acertado ese análisis?
Sin duda, hay una semilla que puede explicar algunas cosas, pero llegar a justificar el crimen y determinados hechos verdaderamente atroces que horrorizan a cualquier ser humano es demasiado. El secuestro, las matanzas y el crimen no caben dentro del mundo político. Es cierto que en Colombia hay grandes desigualdades, que uno puede palpar y ver en la realidad, pero no hace falta reivindicar el cambio político y social por la vía de la barbarie, pues soy de las que piensa que en nuestro país hay las suficientes maneras para expresar ese anhelo de cambio de una forma democrática y pacífica sin recurrir a la violencia. Quien quiera utilizar las vías políticas en Colombia puede hacerlo y expresarse libremente, creo que tenemos las condiciones objetivas para ello. La violencia ya no tiene cabida y es un sinsentido.

¿Cómo encontró Colombia tras seis años de pesadilla como secuestrada en la selva?
Muy cambiada. No olvide que estábamos desconectados totalmente del mundo y ajenos a la realidad de lo que estaba pasando, tanto en Colombia como en el planeta. El desarrollo, en general, había sido inmenso. A mí, no obstante, lo que más me llamó la atención en aquellas primeras semanas fue que la gente en Colombia se había sensibilizado acerca del drama de los secuestrados y de sus padecimientos en la selva. La sociedad había hecho como propio el drama de los secuestrados y lo hacía suyo, lo sentía en primera persona, algo que hasta entonces yo no había percibido. Ese fue un cambio fundamental, la gente marchaba contra los secuestros y pedía la libertad de todos los secuestrados. Eso dice mucho de nuestro país en términos de sentimientos y de solidaridad, algo que no se debe perder y el fragor debe continuar. La gente siente el drama colombiano como algo suyo y se echa a las calles en pro de la libertad de los secuestrados, de todos sin consideración de su posición o escala social.

¿Ingrid fue, en cierta medida, el símbolo de ese movimiento al que se refiere?
(Largo silencio). Cada situación, cada persona, sufre un drama en sí mismo y nadie se puede arrogar el dolor de todos los secuestrados. Cada persona tiene un valor intrínseco en sí mismo y sus sufrimientos deben ser reconocidos en sí mismos. También Moncayo fue un símbolo y Dios quiera que su libertad se concrete en los próximos días, todos lo esperamos, ya es hora.

Destaca, sin embargo, como positivos los avances de Uribe en materia de seguridad, aunque no critica las violaciones de los derechos humanos, como los casi mil casos de falsos positivos asesinados por algunas fuerzas del ejército.
Falta mucho trabajo todavía. Creo que tenemos que hacer un esfuerzo todavía mucho mayor. Entiendo el trabajo del ejército y sé que es muy difícil, pero no por ello puedo eludir criticar algunas situaciones que se le han ido de las manos, como los denominados falsos positivos. Me parece que el ejército tiene que hacer un esfuerzo por explicar lo ocurrido y que la justicia tiene que intervenir, señalando las responsabilidades y dando a las víctimas y a sus familiares su oportuna reparación. Es algo que se tiene que hacer por el bien del país y también del ejército.

¿Cómo examina la situación política actual de Colombia?
Me parece interesante y fascinante el momento que vivimos, tenemos que invitar a la gente a que se manifieste libremente en la fiesta que es la democracia y que tome las riendas de su destino. Uribe ha sido muy popular, pero los demás liderazgos por esta tendencia se han dormido y el país no los ha expresado. Ahora surgen con nuevas fuerzas y bríos; eso es la democracia: la construcción de alternativas y nuevas fuerzas que compitan con quien está en el poder. Veo que Uribe quiere continuar, pero veremos qué ocurre en los próximos meses. Hay un gran debate en el país, grandes ilusiones, nuevos proyectos, un momento en donde se da una gran efervescencia y un importante debate de ideas acerca de proyectos democráticos. Caminos por la senda democrática, aunque Uribe presenta signos de agotamiento y parece que va a presentarse. Veremos.

Si se presenta Uribe, tal como parece, ¿no cree que el resto de los candidatos, incluido el liberal, tienen pocas posibilidades de éxito?
En política nada escrito y no es una ciencia exacta. Hay mucha más recepción al resto de los candidatos parte de la sociedad que antes y se está recuperando la autocrítica, que estaba encubierta por la alta popularidad del presidente Uribe y al que quizá se le perdonaba todo. Se encubrían los problemas y no se abordaban adecuadamente; creo que el futuro del país pasa por esa autocrítica y por reafirmar nuevos y sólidos liderazgos. No podemos vivir solo del liderazgo de Uribe.

¿Qué quedan de aquellos años en los que estuvo en política con Ingrid?
Estoy retomando ese espíritu que me movía en aquella época, esas ideas, esos proyectos y esas ilusiones, y por eso vuelvo a la política. El proyecto se extinguió durante nuestro secuestro y ahora enfrentamos una nueva era, basada en el medio ambiente y la reconciliación nacional. Ahora me siento muy bien dentro del Partido Liberal, me siento libre e independiente y veo que las ideas que tengo como mujer se pueden desarrollar sin problemas ni cortapisas. Creo que también muchas de las nuevas alianzas y partidos que hay en Colombia tienen una deficiencia estructural, pues no logran consolidar equipos ni liderazgos sólidos a largo plazo. El Partido Liberal, sin embargo, es una gran formación sólida, con ideas justas y con una conciencia social en la lucha contra la inequidad. Tenemos que ser capaces de generar ilusiones y afrontar los problemas, incluidos los gravísimos desajustes sociales. Y, sobre todo, tenemos que ser capaces de dar soluciones a los problemas de los colombianos.

¿Serán capaces los liberales de afrontar esos grandes desafíos que tiene Colombia ante sí?
El liberal es un partido con una gran historia, tiene un proyecto y un programa para la sociedad colombiana. Creemos que tenemos la suficiente capacidad para liderar a este país en este momento. Ha habido errores en el pasado, eso es evidente, pero el haber estado en el desierto también le ha permitido a liberales la posibilidad de regenerarse y aunar nuevos esfuerzos y personas al proyecto común, que como yo estábamos fuera de la política en Colombia hasta hace muy poco. Estamos liderando la renovación y ofrecemos muchas propuestas a esta sociedad. Y Rafael Pardo (liberal), es el candidato, tiene un gran perfil; fue el primer ministro de Defensa Civil, ha participado en procesos de paz y conoce el país. Tiene grandes activos a su favor para ser el futuro presidente de Colombia y liderar el cambio. La gente tiene que conocerlo y conocer en profundidad su proyecto, sus ideas y sus propuestas para ese gran cambio que necesita el país ahora mismo.

¿Qué opinión le merece el debate político que hay en América Latina entre los que defienden el modelo chavista y aquellos que se muestran partidarios de las democracias occidentales de corte clásico? ¿Cree que Venezuela representa un desafío?
Yo estoy trabajando por el reencuentro entre los dos países. Trabajo por tender puentes entre las dos partes, por reencontrarnos y superar las diferencias, respetando las diferencias ideológicas que pueda haber entre nosotros y afianzando lo que nos une y no las diferencias. No es bueno para los ciudadanos de ambos países este clima y hay que buscar unas relaciones de cordialidad entre los dos pueblos; tenemos que trabajar por crear este clima, por avanzar en el diálogo y por resolver los problemas de América Latina dentro de nuestro mundo y sin interferencias externas. En ese sentido, también quiero reivindicar nuestro derecho como colombiano a que los pueblos del continente conozcan nuestros problemas reales, como el flagelo que representa el narcotráfico y los golpes que ha dado tan brutales a nuestra sociedad.

¿Está tan ligado el problema del narcotráfico, tal como aseguran algunos conocedores del tema, con el de las FARC?
Yo, y es mi opinión personal, creo que sí, que están absolutamente ligados y no se pueden estudiar separadamente. Las FARC lo niegan reiteradamente, pero nadie conoce sus fuentes de financiación; el origen de sus fondos es ilícito y todos los expertos consideran que sus principales capitales son los secuestros y extorsiones y el dinero del narcotráfico, parece ya un tema zanjado y suficientemente conocido.

¿Al escribir su libro “Cautiva”, “saldó” sus cuentas con las FARC y se cerró para siempre esa página de su vida?
El libro me ayudó mucho, fue una catarsis en el sentido más positivo de mi vida, pues me ayudó a situarme en el presente y ver con distancia el pasado. También me ayudó a comprenderme, a conocerme, a valorar mi libertad, que estoy viva junto con mi hijo, al que reencontré después de tan traumática experiencia. Estamos juntos y caminamos juntos por la senda de la vida, eso es lo realmente importante. También me ayudó a perdonar y a cambiar con respecto a la vida, a salir hacia delante y dejar atrás lo malo, lo negativo. Vivir el presente, ser felices y superar el dolor del pasado.

Qué gran diferencia con respecto a Ingrid, que huyó de Colombia y no quiso saber nada, ¿no?
A mí, no lo olvide, me mueve una gran pasión y amor por mi país, eso en primer lugar. El país, además, me recibió muy positivamente, se movilizó y nos abrazó, tanto a mi hijo como a mí. Mi hijo, y el reencuentro, me llenó de energía y de ganas de vivir con esperanza. Por eso, estoy tan ilusionada y con ganas de vivir, de salir hacia delante; la motivación fue muy grande y lo vivido en estos dos años ha sido muy intenso, muy positivo. Hay que ser toreros, como dicen ustedes los españoles, y poner el alma en el ruedo. Y en esa lucha estamos.

Muchas gracias por sus palabras, ha sido un placer conversar con usted y le deseo lo mejor de cara al futuro.

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La ex prisionera de las FARC, Clara Rojas, dice que ahora su país vive más tranquilo, pero la guerrilla sigue activa, sin que se visualice un escenario de paz.
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