Haití
Un chaparrón inmisericorde empapó a una multitud que acampa en torno del averiado Palacio Nacional y cubrió con un manto de lodo el campamento improvisado.
En medio de los charcos, algunos amputados caminaban trabajosamente con muletas o avanzaban a duras penas en sus sillas de ruedas.
Muchos en los campamentos informales de carpas donde viven unas 600,000 personas en la capital haitiana carecen siquiera de lonas de plástico, que la comunidad internacional trata de distribuir antes del 1 de mayo.
"Es difícil mantener limpios a mis hijos. Llueve demasiado, hay demasiado polvo", dijo Joseph Dukens, de 25 años, en el campamento junto al palacio al momento en que señalaba a su bebita, a quien le amputaron una pierna. "No parece tener trazas de mejorar".
Vulnerabilidad
En Haití, la temporada de lluvias, que precede la de los huracanes en junio, suele empezar hacia el mes de abril, pero este año fuertes chaparrones ya caen en Puerto Príncipe generando inquietud entre los socorristas.
El país más pobre de América ya era particularmente vulnerable ante los avatares climáticos antes del terremoto de enero que dejó al menos 217,000 muertos. Así, en 2008, cuatro tormentas y huracanes habían dejado más de 800 muertos y unos 1,000 damnificados.
Tanto los haitianos como la ONU temen una nueva catástrofe humanitaria en el país caribeño, sobre todo luego de que meteorólogos advirtieran sobre una probabilidad mayor de que uno o varios huracanes importantes afecten Haití este año.
Ante tal emergencia, el jefe interino de la Misión de estabilización de la Naciones Unidas en Haití (Minustah), Edmond Mulet, llamó a la movilización general.
Además, la ONU hizo ayer un llamado de fondos por una cifra récord, de 1,440 millones de dólares, para ayudar a unos tres millones de damnificados por el sismo del 12 de enero en Haití, que dejó más de 217,000 muertos.