ParecÃa el final feliz de una clásica pelÃcula Disney. En la iglesia Hedvig en Estocolmo, Mia Ljungberg y John Nevado se convertÃan en marido y mujer rodeados de 16,000 rosas y claveles. Todo un sueño teñido de rojo.
Y no podÃa ser diferente. John es hijo del español Roberto Nevado, un ingeniero mecánico de profesión que empezó en la floricultura por hobby y que llegó a Ecuador en 1996 para dedicarse a esa industria que auguraba fortuna. Le fue tan bien que, de las cuatro hectáreas que plantó en un comienzo, hoy tiene 45. Pero confiesa que "si hoy todos pudiéramos salirnos de las floricultura, lo harÃamos porque no es un buen negocio".
Asà de tajante. Es que al analizar las exportaciones de los principales productores de América Latina, Ecuador y Colombia a Estados Unidos, Europa o los paÃses asiáticos, las cifras son bastante desalentadoras. La crisis económica y el calentamiento global están haciendo que este mercado sea cada vez más costoso y competitivo.
En Ecuador, por ejemplo, comparando entre enero y julio de 2008 y 2009, las exportaciones disminuyeron un 16.17%, las áreas cultivadas bajaron en 138 hectáreas y despidieron a 11,070 trabajadores.
"Esto pasa porque el precio internacional de las flores cayó en un 46% y sus volúmenes de exportación en un 8%", dice Ignacio Pérez, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Flores (Expoflores).
En Colombia, segundo mayor exportador en el mundo, después de Holanda, el panorama no cambia. Durante los 10 primeros meses de 2009 las exportaciones a Estados Unidos disminuyeron un 16.9%. Los productos no tradicionales cayeron en un 15.1% y la floricultura en un 6.4%. La situación para ambos paÃses es compleja.
A FLOR DE PIEL. En Rusia y Ucrania existe la tradición de que cuando los niños asisten a su primer dÃa de clases deben llevarle una flor a su maestra. Una maravilla para aquellos que exportan flores a esos paÃses. Las festividades religiosas u otras como el dÃa de San ValentÃn, el de la Madre o de los Muertos "son muy significativas porque crece el consumo", dice Pérez. El problema es que o los consumidores están menos sensibles o cambiaron las preferencias de sus regalos, porque ni siquiera durante todas estas fechas se consiguió levantar el mercado durante 2009.
"Nuestra rosa es reconocida a nivel mundial y por eso su valor es más alto que el del resto del mercado", justifica Elizabeth Barsallo, coordinadora sectorial de la Corporación de Promoción de Exportaciones e Inversiones de Ecuador (Corpei). Las rosas ecuatorianas se caracterizan por sus largos tallos, que incluso alcanzan los dos metros de altura, y por sus cabezas que bordean los 15 centÃmetros.
En Colombia, en cambio, encontramos la rosa estándar, cuyo tallo no sobrepasa los 50 centÃmetros, es más barata y más demandada. Las áreas plantadas son mayores, sus ciclos para producir son más cortos y el volumen de su cosecha es mayor.
En Ecuador existen alrededor de 400 tipos de rosas y es lo que los distingue en los mercados internacionales. Según Corpei, entre 2006 y 2008, EE UU importó el 64% de estas flores, Rusia el 12%, PaÃses Bajos el 9% y España, Canadá e Italia el 2%. Con eso las flores ecuatorianas habrÃan captado 521 millones de dólares.
Colombia no tiene una gama tan amplia de rosas. Aun asà "aporta el 70% de todas las flores consumidas en EE UU. Ecuador aporta el 10% a EE UU, donde se consumen al año unos 10,000 millones de flores frescas cortadas", dice el colombiano Jesús Arboleda, director y expositor de la floricultura en la Universidad de Guadalajara, México. "Lo que importa en este momento es que hay más competencia", dice Pérez. Y es que debido al cambio climático se está alargando la capacidad de producción propia, como son los casos del sur de Rusia y Ucrania, que al tener su propia flor nacional disminuirÃan su importación.
Arboleda es más cauto en ese sentido. Comenta que eso es más dificil que ocurra. "Los costos serÃan muy grandes porque tendrÃan que controlar al máximo grado las variables del clima", comenta.
México, que sufre de fuertes cambios de temperatura, no se hace problema. "Solo el 5% de su producción se exporta porque es un gran consumidor", dice Pérez. Y eso va vinculado con su cultura y la cantidad de festividades que tienen al año.
"EE UU le ha dicho a México en muchas ocasiones: cultiva flores que te las compro todas", dice Arboleda. Pero hasta ahora por parte de México no hay respuesta. Sigue exportándole solo el 1% de su producción. Las crÃticas surgen entonces porque 2009 fue uno de los años más difÃciles para ellos y ni siquiera el dÃa de los muertos pudo resucitar su industria.
Arboleda, que ha dictado cátedras sobre la industria de la floricultura en varios paÃses, dice que el comportamiento de México se debe a que la floricultura es vista como una economÃa de subsistencia, para ayudarle al campesino pobre. Recalca que distinto es el caso de Colombia, donde se le ve más como una agroindustria.
"Guadalajara tiene unos cinco millones de habitantes y consume entre 13,000 y 15,000 dólares. Solo en una ciudad como Guadalajara", añade.
Nevado comenta que "son mercados autosuficientes, que no pueden competir con la calidad ecuatoriana o colombiana".
La gran excepción que está rompiendo la regla es Perú. Sus exportaciones crecieron un 15%, entre enero y agosto de 2009, según la Asociación de Exportadores de Perú, con lo que podrÃa entrar a competir con Colombia.
"AL TERMIMETRO". Los cambios climáticos bruscos son un gran riesgo para el agricultor. Las plagas aumentan, el control sobre el producto se vuelve incontrolable y aumenta el uso de agroquÃmicos.
Por eso cada dÃa tienen más relevancia las certificaciones socio-ambientales, que se preocupan de medir las condiciones laborales y cómo usan y desechan los quÃmicos. "Las empresas que no cuenten con estas certificaciones no podrán participar ni llegar a los mercados internacionales", sentencia Nevado.
"Los plaguicidas dependen de cómo se utilizan, más que del quÃmico en sÃ", comenta Arboleda. Agrega que al momento de una inspección "si no das respuestas satisfactorias te pueden incluso cerrar".
Entre las certificaciones de Nevado, tiene dos orgánicas. "Como no usan quÃmicos las podemos servir en restaurantes (saben un poco amargas, pero sabrosas) o un spa", relata orgulloso.
Un aspecto que destaca Arboleda es que de aquà a unos años más podrÃan desaparecer los cultivos a cielo abierto. Por eso serán claves los invernaderos bien acondicionados, para controlar las plagas y tener cultivos todo el año, de mayor y mejor calidad. "Bajo esas condiciones la industria podrÃa seguir siendo rentable. Asà produces lo necesario para la fecha exacta", sentencia.
Y es que los productores están preocupados y no saben si este negocio seguirá siendo rentable o no.
Nevado asume con tristeza que nunca volverán a tener la rentabilidad que consiguieron entre 1965 y 1975 o entre el 92 y 96. "¿Pero qué hacemos si las plantas están en el suelo? Salirse de este gremio es muy difÃcil", asume el empresario.
Arboleda no comparte esa opinión. "El consumo de flores en el mundo crecerá como lo ha hecho en los últimos 50 años", rebate. Argumenta que si bien la floricultura es la inversión más cara en la agricultura, los rendimientos son muy buenos. "Basta con decir que cada rosal da entre 15 y 20 plantas comerciales por año", reflexiona.
"Creo que tanto Colombia como Ecuador tenemos las condiciones para mantener nuestro liderazgo", concuerda Pérez.
Barsallo, por el contrario, cree que la utilidad que se percibe no es un atractivo, sobre todo cuando existen varios factores de riesgo que no están en las manos de los productores.
Solo el tiempo dirá si las importaciones de los principales mercados volverán a nutrir de agua este producto. Por ahora, y de aquà a algunos años, la industria no se encuentra en la flor de la vida.