Honduras
En las afueras del Registro Nacional de las Personas (RNP) cualquier cosa puede pasar.
Aunque parezca confuso, en las cercanías de esta institución alguien puede morir y continuar con vida, dos personas se pueden casar sin siquiera haber acudido a un notario o mucho menos conocerse y, peor aún, la puerta queda abierta para primero morirse y después casarse.
¿No lo cree? A continuación la Unidad Investigativa de EL HERALDO se lo demuestra:
La posibilidad de primero morir y después casarse es viable mediante la compraventa de documentos falsos que se ofrecen en las afueras de la institución encargada de la identificación nacional, el RNP.
Hace poco más de cinco años, EL HERALDO desnudó las irregularidades que ocurrían con el tráfico de documentos y la compraventa al mejor postor.
Esta vez hemos vuelto al RNP para encontrarnos con que la red de tráfico sigue igual que antes. Las autoridades del RNP se muestran impotentes ante un problema que afecta exclusivamente la imagen del Registro Nacional de las Personas.
La gama de documentos que ofrecen las redes que operan en las afueras del Registro es amplia: tarjetas de identidad, actas de nacimiento, matrimonio, defunción, cambios en cualquier tipo de documentos personales, inscripciones, actas de soltería y otros.
La combinación de documentos puede ser infinita. Todo depende de la cantidad de dinero que se tenga y de las necesidades del "cliente".
La operación
Era una mañana regular, la gente iba y venía bajo el sol incesante. Unos luchaban por conseguir una partida de nacimiento o una inscripción. Otros buscaban contactar tramitadores para que les ayudaran con sus trámites.
EL HERALDO estaba entre la muchedumbre esperando el momento oportuno para conocer los límites de estas redes.
La idea original era "matar" a un ciudadano y luego "casarlo".
Con esta intención se buscó a un tramitador para obtener un acta de defunción a nombre de una persona "X" y luego, en una fecha posterior, conseguir un acta de matrimonio a nombre de esa misma persona "X".
Se hicieron los contactos respectivos para lograr la misión. Mil lempiras era lo que bastaba para que EL HERALDO tuviera en sus manos un acta de defunción y posteriormente una de matrimonio fácilmente adulteradas.
La operación entró en dudas por un instante porque la petición se hizo a un mismo tramitador y a este las fechas no le "cuadraban". Hizo la observación de que estábamos cometiendo un error.
"No puede morirse primero y luego casarse", analizó el tramitador, al que no le interesaban las razones del trámite, sino que únicamente su pago.
Ante la suspicacia del primer tramitador, EL HERALDO buscó, en un segundo intento en días posteriores, a otro tramitador y fue posible obtener el acta de matrimonio sin ningún problema. Habíamos comprobado que en Honduras una persona se puede morir y luego casarse.
El cierre del negocio
La obtención de documentos falsos no es nada complicado. Es fácil. Solo hay que presentarse a las oficinas del RNP en el edificio del Instituto de Previsión Militar (IPM) y esperar a que los tramitadores lo aborden.
A la Unidad Investigativa de EL HERALDO lo abordó un hombre con la piel quemada por el sol, cabello fino, zapatos bien limpios y bajo de estatura.
-¿Qué quiere?, preguntó.
-Ando buscando a alguien que me iba ayudar con unos trámites, respondí.
-Yo les puedo ayudar, replicó.
-Es que es algo muy especial, algo fuera de la ley, le dije.
El hombre pequeño se quedó pensando y luego me invitó a buscar un mejor lugar para hablar con tranquilidad.
Le hice la propuesta de obtener una certificación de defunción y otra de matrimonio.
"Pero para qué la ocupa... porque si los van a presentar en algún lugar donde verifiquen documentos los pueden descubrir, pero no hay problema porque mi contacto hace muy buen trabajo y no van a tener problemas", se vanaglorió el tramitador.
Se le explicó que de eso no debía preocuparse. El precio fijado por el tramitador fue de mil lempiras por documento.
"Tengo un contacto allí adentro -señalando son sus labios al interior del edificio IPM que alberga al Registro- que es bueno... él mañana le entrega los documentos, por eso es caro", argumentó.
Le alegué que eso no justificaba los altos precios y se defendió al decir que "ahora es más difícil, desde que agarraron a los cameruneses (en 2006) hace como dos años la situación se ha hecho más difícil y por eso es más caro", dijo.
Ante la rapidez y eficiencia prometida acordamos, después de unos 50 minutos de diálogo, hacer el trámite.
Se propone una cita para el día siguiente para obtener los dos documentos y hacer efectivo el pago.
El tramitador pide un adelanto del 50%. Me niego ante su petición y le planteo entregarle todo el dinero hasta tener el documento en las manos. La intención es evitar la estafa de la que tienen fama muchos tramitadores.
Al día siguiente estamos puntuales a la cita. Eran las 10:00 de la mañana, pero había que esperar hasta el mediodía, cuando el contacto saliera a almorzar.
"Es un lic (licenciado), ya días trabaja allí. Lo vamos a llamar y a decirle que usted está aquí para que aliste los documentos", dice el tramitador.
Luego de la llamada telefónica, el hombre pregunta "¿trajo el dinero?" A lo que se responde de forma afirmativa, y pide un adelanto, pero se le niega y se le reitera que se le entregarán los dos mil lempiras (mil por cada acta) hasta tener los documentos en la mano.
Al mediodía, momento de la entrega de los documentos, el tramitador se excusa y desaparece. Pide que se le espere cerca del estacionamiento del edificio. Aparece hasta media hora después. A todas luces quería evitar un posible encuentro con su contacto.
Se me acercó con una sonrisa en su cara, los documentos semi doblados en la mano derecha y en su izquierda el maletín negro que nunca abandonó.
Los documentos están hechos. A simple vista parecen normales. El acta de defunción dice que fallecí el 25 de diciembre de 2009 y que me sepultaron el 26 de diciembre en el barrio Sipile de esta ciudad, en el Cementerio General. El acta de matrimonio reza que contraje nupcias en 2008.
Es por esta razón que nos vemos obligados a gestionar una nueva operación con un segundo contacto, es decir con otro tramitador, se busca una acta de matrimonio que pruebe la tesis de que en Honduras una persona se puede morir y luego casarse. Un par de días después volvemos al RNP a gestionar con un nuevo tramitador el documento que buscábamos.
Se le dan al tramitador las indicaciones necesarias y la explicación de la fecha que deberá contener el acta de matrimonio.
La misión se cumplió. La certificación que nos registraba como "casados" después de estar "muertos" estaba en nuestras manos. La fecha de la boda, que tiene el acta, es el 1 de enero de 2010, siete días después de haber fallecido, según el acta de defunción.
Si lo hubiésemos deseado también pudimos haber nacido de nuevo, al menos en las redes de las bandas organizadas que trafican y falsifican documentos.