En un viejo edificio de la calle Rosenthaler en Berlín se conserva imperecedero el recuerdo de una niña cuya vida se extinguió igual que la de millones de judíos en un campo de concentración de la Alemania nazi.
Su nombre, Ana Frank. Su legado, un diario que conmovió al mundo con los relatos, sueños, inquietudes y aspiraciones de su autora, que quería ser periodista o escritora.
Su muerte ocurrió un día de marzo de 1945, en el campo de concentración de Bergen-Belsen en Alemania.
Comenzó a escribir sus memorias a la edad de 13 años, cuando su padre le regaló un diario con motivo de su cumpleaños. "Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario. No solo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años". A la fecha, el diario de Ana Frank ha sido publicado en más de 60 idiomas.
Una historia vigente.
Ana Frank: aquí y hoy es un recuerdo de temas universales que el mundo no debe olvidar. Entre ellos la tolerancia y el respeto a los derechos humanos.
Como parte de la exposición se presenta a los visitantes los testimonios actuales de cinco jovencitos de diferentes edades y procedencias, quienes como Ana Frank en su diario, cuentan sus proyectos e ilusiones futuras.
Varias pantallas muestran imágenes de Ana Frank, quien nació el 12 de junio de 1929, mientras la voz de una niña resuena con pasajes del famoso diario.
Asimismo, se pueden ver y escuchar los relatos de varios amigos de la familia de Ana Frank, quien permaneció escondida junto a su hermana, sus padres y cuatro personas más en un depósito vacío del edificio donde Otto Frank tenía su empresa de mermeladas, en Holanda.
"Me angustia más de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen", escribió Ana en su diario.
Complementa la exposición el filme "La corta vida de Ana Frank", que se puede escuchar en español, inglés, alemán, francés, italiano, hebreo y neerlandés.
Pero donde más se detiene el visitante durante su recorrido es en el pasillo donde están colocadas decenas de fotografías de Ana desde que era una bebé hasta su corta adolescencia.
Una niña sonriente y feliz va creciendo ante los ojos del lente, ya que Otto Frank era un entusiasta de la fotografía.
Luego, las fotos de la niña, su hermana, Margot, sus tíos, abuelos y padres, van siendo sucedidas por el escondite de donde fueron sacados por los nazi tras más de dos años de encierro.
Entre cuatro paredes, Ana Frank escribió su sentir y pensar. "Me angustia más de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen". La menor cuenta que toma de té tilo, para calmar los nervios y la depresión.
A la par de sus fotografías, en la pared de enfrente, están las imágenes del progreso amenazante del nazismo, de Adolfo Hitler y su maquinaria de la muerte, de judíos humillados, hacinados y asesinados. Pero también de los que lograron sobrevivir a uno de los más grandes genocidios que ha conocido la humanidad.
La detención.
En la Casa de Ana Frank se exhiben también ediciones de diarios y revistas anunciando el fin de la II Guerra Mundial, así como el árbol genealógico de Anna, desde 1860 hasta 1945.
La familia Frank inició su escondite el 6 de julio de 1942. El 4 de agosto de 1944 fueron detenidos por los nazis, avisados por un delator.
Solo Otto Frank logró sobrevivir a los campos de concentración. Su leal amiga, Miep Gies, quien falleció el pasado mes de enero en Austria, le entregó las hojas que su hija había escrito durante su encierro.
Uno de los sueños de Ana era publicar un libro, en el que escribió entre el 14 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944. Lo llamaría "La casa de atrás", como solía referirse a su escondite.
Finalmente, el 25 de junio de 1947 fue publicado bajo el título de "El anexo", en una edición de 1,500 ejemplares que se vendieron rápidamente.
Cerca de la entrada al museo donde hoy se recuerda la memoria de Ana Frank está un muro lleno de "post its" con mensajes en alemán, portugués, inglés y japonés, entre otros idiomas.
El diario, dice un mensaje, es: "Una lección para toda la humanidad".
"Ana: todos los judíos están juntos. Somos una familia. Gracias por tu libro y por mantener tu memoria viva", dice otro.
Su recuerdo, escribió en el prólogo del libro "Una historia vigente" el director de la Casa Ana Frank, Hans Westra, "está íntimamente ligado a la preocupación por el mantenimiento de la libertad, del respeto de los derechos humanos y de la sociedad pluralista y democrática".
