Podemos expresar en cualquier forma la pena que sentimos por ser simples espectadores del transitar irremediable hacia el descalabro social, gritar nuestra inconformidad por ese estatus que nos sitúa entre los paÃses menos desarrollados y más corruptos del mundo, y nada, absolutamente nada, hará que los hombres responsables de nuestro desastroso pasado, calamitoso presente y futuro menos halagüeño, cambien, recapaciten y hagan un alto en esa vorágine de irresponsabilidad y corrupción.
Me niego a aceptar que los pueblos tienen los gobiernos que merecen. Nuestra incivilidad nos hace elegir a dirigentes deshonestos e incompetentes. Seguimos botando el voto por una bandera sin importar quien la enarbola y ahà es donde nos hacen bola. Por irresponsables tenemos lo que no merecemos. Y no me excluyo.
"Esta victoria en sà misma no es el cambio que buscamos. Es solo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes". Barack Obama. AquÃ, se habla de cambio y nada cambia, el único cambio que miramos es al hombre que cambia a su antojo y destajo el rumbo de nuestra nación. ¿Qué cambio verán nuestros hijos? ¿Qué estamos haciendo para que ellos tengan una Honduras diferente a esta que hemos permitido nos deformen los gobernantes imprevisores? No hay cambio si no hay cabeza y esta se fortalece con estudio, entendimiento e inteligencia. Los gobernantes ineptos son bien acogidos en un medio creado para que la mediocridad sobresalga sin importar lo que arrastra el actuar sin pensar.
Nuestro conformismo inexplicable e insultante nos hace soportar cuanto abuso satisface el ego y la ambición del gobernante. Pero mientras exista la palabra y el pensamiento libre no comprometido ni asalariado, hay que protestar por todo lo que a nuestro juicio esté mal planteado y peor consumado.
No importa que seamos pocos los que escribimos ni que sean menos los que leen, lo verdaderamente importante es compartir la inconformidad para no morir silenciado por los que abusando del poder destruyen nuestra patria. No hay que callar ante la ofensa y el cinismo repetitivo de quienes ocupan el gobierno y que nos tienen descalabrados económica, social y moralmente.
Decir siempre la verdad hará que alguien nos secunde y esa suma algún dÃa contará para llegar al cambio que merecemos.
No debemos aceptar seguir siendo usados y violentados por los que llegan a gobernar para su disfrute. Justo es que reclamemos y más aun que exijamos cumplan sus deberes con honradez, no basta con la tertulia que nos entretiene en los cafetines, eso es cobardÃa. Hablar en privado para no ser escuchado y señalado, es complicidad. El silencio también es corrupción.
Se están robando nuestra esperanza, se nos está dejando sin patria, no tendremos nada que ofrecerle a nuestros hijos, solo deudas y vergüenzas. Todos los gobiernos, sin excepción alguna, han ejercido la corrupción y la han ido perfeccionando convirtiendo los escándalos en aciertos para justificar su dolo. Se premia a incompetentes corruptos conocidos. No hay vergüenza ni dignidad porque nada ni nadie detiene su delito. Mañana serán los intocables orgullosos de sus fechorÃas que callados veremos pasar.
Nuestra actitud tiene una cobardÃa inocultable. De nada sirven FiscalÃa, Corte de Justicia, Tribunal de Cuentas, DEI, y cuanta comisión se nombre. Nada, todo está amañado. Nos hacen de chivo los tamales. El pueblo no se engaña pero apaña, mientras los que nos decimos pensantes callamos, por indiferentes y por cobardes.