Desde la época en que las orillas del Riachuelo eran el hábitat común de los dos, allá por los comienzos del siglo pasado. Desde aquel primer duelo del que se tienen registros periodísticos, en 1913 (aunque algunos aseguran que el primer choque se dio en 1908).
Boca y River construyeron sus grandes historias siempre intentando apartarse el uno del otro. Y en el poco trascendente -para el campeonato- superclásico que viene, las diferencias nuevamente son las que se imponen.
Esta vez se trata de una disimilitud meramente futbolística. Porque, en lo que a momento general respecta, el cuadro se parece bastante: los dos llegan heridos, muy lejos de la lucha por el título, con una necesidad imperiosa de no perder (más que de ganar). Dentro de lo mal que arriman los dos al duelo de toda la vida, River es el que menos golpeado aparece: el triunfo frente a Huracán el pasado domingo llevó tranquilidad al búnker millonario, Leonardo Astrada parece tener claro adónde va y cómo quiere hacer para llegar. Todo lo contrario ocurre en la trinchera xeneize, donde la única certeza es que no hay nada claro.
Preparado. Si bien todavía no realizó ningún ensayo de fútbol, el Negro Astrada hizo muchas pruebas y se fue de Ezeiza con el equipo en la cabeza. El técnico tiene definido que Matías Almeyda regrese al equipo titular luego de perderse el encuentro contra Huracán por un problema muscular. El que le dejará su lugar será el juvenil Roberto Pereyra. De esta manera, al técnico le queda solamente por definir quién será el compañero de zaga de Alexis Ferrero: Nicolás Sánchez o Gustavo Cabral.
Por el lado de Boca hubo práctica formal, pero solamente sirvió para agregar signos de interrogación en la probable formación. En el minipartido, el Chueco paró a Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Jesús Méndez y Matías Giménez para los titulares y realizó un par de cambios de posición. Los que salieron del equipo fueron Cristian Erbes, Fabián Monzón, Ariel Rosada y Cristian Chávez, mientras que Gary Medel pasó del lateral derecho a la mitad de la cancha y Claudio Morel, de la zaga central al lateral izquierdo. Claro que no se trató de algo definitivo, sino que es una más de las tantas pruebas que realiza el entrenador en busca de un equipo que todavía no apareció. De un lado, todo listo. Del otro, nada. River y Boca, otra vez, juegan al juego de las diferencias.
