Asesinato en la Flores de Oriente

Este relato narra un caso real. Se han cambiado algunos nombres y algunas fechas
ElHeraldo.hn

Honduras

20.03.2010 - Carmilla Wyler - siemprecarmillawylerSPAMFILTER@yahoo.es

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Eva era bonita. A sus escasos nueve años ya daba muestras de lo que sería con el tiempo, y a grandes pasos iba convirtiéndose en toda una mujer.

Alta, demasiado para su edad, bien formada y con ese aire de inocente belleza que solo lucen algunas señoritas como virtud natural; era blanca, delicadamente blanca -y dicen que la mujer blanca es la reina de las mujeres-, pelo largo y brillante y rostro agradable y bonito en el que brillaban, como dos luceros castaños, dos ojos grandes, vivos y hermosos, enmarcados bajo el arco delgado de las cejas y las largas pestañas, curvadas coquetamente hacia arriba. Su nariz, fina y respingada, hacía juego con sus labios gruesos y sonrientes, porque Eva siempre sonreía, como si supiera que nunca hay que dejar de sonreír, aunque se esté triste, porque nunca se sabe si alguien puede enamorarse de nuestra sonrisa, y detrás de esa sonrisa luminosa, aparecían los dientes, blancos y en pleno proceso de formación. Era linda, y era dulce, inocente, sin esa malicia que se adquiere con las amarguras de la vida y que se pega en el corazón adulto como una costra indeseable, para bien o para mal. Estaba en tercer grado y era una alumna normal. Era la menor de tres hermanas, una más linda que la otra, aunque se decía que en algunos años ella sería la más bella de todas. Pero eso no habría de suceder jamás.

LA TRAGEDIA. La mañana del dieciocho de diciembre de 2008, antes de las nueve de la mañana, dos niños harapientos que recogían basura para reciclar a la orilla de una quebrada, encontraron su cadáver semidesnudo sobre una cama de arena, boca arriba y en medio de un charco de sangre fresca. Era una escena espantosa y los niños se quedaron paralizados por el miedo. Cuando se recuperaron de la impresión, se acercaron despacio, como si temieran despertarla, y se quedaron detrás de los matorrales que la ocultaban a la vista como un cancel. La niña estaba muerta, tenía los ojos abiertos, la lengua saliendo entre los dientes y las manos clavadas en la arena, como si en su agonía hubiera buscado un lugar donde aferrarse. Los niños la reconocieron y salieron corriendo, dispuestos a avisarle al primer ser humano que encontraran en la calle.

LA FLORES DE ORIENTE. En la zona de Suyapa, en Tegucigalpa, hay varias colonias que se levantan sobre los cerros desnudos, con calles de tierra llenas de baches, casas pequeñas con familias numerosas, la mayoría inmigrantes que creyeron que la vida en la capital sería de oportunidades y progreso, y que forman una ciudad satélite donde la pobreza se profundiza cada día más y donde las esperanzas de desarrollo se han ido apagando lentamente, en medio de tantas necesidades y falsas promesas. Y entre estas colonias, se cuenta la Flores de Oriente, una colonia realmente grande, de gente pobre pero trabajadora, digna de mejor suerte. Aquí vivía Eva, y aquí fue asesinada.

LA ESCENA.A la orilla de la quebrada, bajo las ramas de varios árboles inmensos y entre arbustos enanos y matorrales amarillentos, estaba el cadáver, ya cubierto de moscas, con la piernas separadas, un charco de sangre alrededor y los curiosos maldiciendo y amenazando. Cuando llegaron los detectives de Homicidios de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC), todos se hicieron a un lado y empezaron a exigir que encontraran al criminal y que se los entregaran para quemarlo vivo. Nelson Aguilera sonrió; siempre sucedía lo mismo. La quebrada es un hilo de agua podrida que baja de los cerros más altos, cruza varias colonias, a las que sirve de basurero, y se pierde varios kilómetros después en un río que también se ha convertido en una enorme cloaca al aire libre.

EL INSPECTOR.Cuando se detuvo frente al cadáver de Eva, algo se revolvió en su interior. A pesar de su estatura, se notaba que la víctima era solo una niña, y él odia a los abusadores de niños. En ese momento sintió que no tendría paz hasta que no encontrara al asesino.Hizo que los curiosos se retiraran y se quedó solo con el cuerpo. Alrededor había varias huellas pero la escena estaba demasiado contaminada y no encontró nada que pudiera servirle como evidencia. Sin embargo, entre las piernas de la niña había varios huecos, marcados claramente en la arena. Dos eran gruesos y profundos, y uno más era largo y estrecho. Un poco más atrás estaba una huella de zapato burro, casi borrada por las pisadas de los curiosos, y a unas pulgadas, encontró otra, parecida y casi de iguales dimensiones. Iba por buen camino.Nelson Aguilera es un hombre común que pasa desapercibido en cualquier lado. No muy alto, trigueño, delgado, cejas negras, espesas y desordenadas, nariz gruesa sobre dos labios gruesos también, ojos oscuros y desconfiados, voz suave y chillona y pelo peinado a lo "Mel" Zelaya; de carácter firme y decidido y amante de una profesión que ya le dura dieciséis años y que lo convirtió en inspector de policía. Aunque es abogado también, espera jubilarse "para no perder el tiempo que le sirvió a la DIC", y, mientras tanto, trata de cumplir con su deber al pie de la letra.LA TEORIA. Ahora se puso de rodillas, rodeó el cadáver despacio, sin despegar los ojos del suelo, y no tardó en encontrar algo que le llamó la atención. A un lado de la pierna derecha de la niña estaba una hebra pequeña y negra que sobresalía levemente entre el polvo y la arena, pidió una lupa, se acercó más al suelo y sonrió con la malicia típica del investigador que sabe que ha encontrado algo propio del criminal en la escena. Luego pidió una pinza y una bolsita para embalaje de evidencia.El vello púbico salió despacio de la tierra, Nelson lo sopló para quitarle el polvo y luego lo guardó en la bolsita transparente. Un compañero suyo se encargó de enumerarlo. Pero eso no era todo. Tres vellos más salieron de la arena y Nelson volvió al cadáver, satisfecho de lo que había encontrado."La estrangularon después de violarla varias veces –dijo, mientras alguien cerca de él tomaba notas–; la niña se resistió, la golpearon, la desnudaron con violencia y le metieron el blúmer en la boca para que no gritara. Tiene marcas de dedos en los brazos, lo que significa que mientras uno la violaba el otro la tenía inmovilizada. Como no hay restos de semen entre la sangre, creo que los violadores usaron condones. Tal vez los botaron cerca de aquí. Díganles a los de Inspecciones Oculares que no dejen un centímetro cuadrado sin revisar. Si encontramos los condones, será más fácil ubicar a los asesinos". "Los asesinos son dos -le dijo a uno de sus compañeros-; uno alto y delgado, más bien flaco, y el otro pesado y grueso. Entre las piernas de la víctima se pueden ver claramente lo que me parece que son las rodillas de los violadores".

ENTREVISTAS."Si creemos a lo que dicen los vecinos -razonó Nelson-, la niña era amistosa y agradable, desconfiada y sin malicia. En algún punto entre su casa y la pulpería estaban los asesinos, ella pasó cerca de ellos, uno la llamó, tal vez por su nombre porque quizás la conocía, y ella se acercó sin ningún temor. En este momento la inmovilizaron, le taparon la boca para que no gritara y la llevaron hasta la quebrada. Entre la pulpería y la casa de la niña hay varias calles, pero solo un callejón que se pierde entre dos solares bajando a la quebrada. Creo que los asesinos estaban más cerca de la pulpería que de la casa y que se la llevaron por ese callejón. Como están seguros de que nadie los vio cuando secuestraron a la niña, como saben que no hay testigos de su crimen, estarán confiados y creo que volverán a sentarse en las piedras que dan al callejón. ¡Vamos a hacer una cosa!" Eran casi las siete de la mañana cuando Eva salió de su casa a la pulpería, a comprar el pan para el desayuno. La pulpería no estaba lejos pero las calles estaban vacías, hacía frío y las nubes se movían lentamente ocultando la luz del sol como un manto enorme y oscuro. Fue en este trayecto de menos de cien metros en el que la niña desapareció. El perfil geográfico que elaboró el inspector no se apartó de este punto y coincidió en su cercanía con la escena del crimen, situada a cien metros de la pulpería, a setenta de la calle y a poco más de ciento cincuenta de la casa de la víctima.

LA REDADA. Las patrullas de la Policía Preventiva taparon las calles cercanas a la pulpería, los detectives se desparramaron en todas direcciones y no tardaron en regresar con varios hombres que empezaron a subir a los vehículos. Antes de las tres de la tarde habían capturado a treinta y seis sospechosos, hombres de todas las edades que no trabajaban y que pasaban el tiempo fumando, drogándose o viendo al que va y al que viene. A pesar de las protestas, los llevaron a la DNIC. Las entrevistas duraron casi hasta el amanecer. Todos accedieron a entregar una muestra de sus vellos púbicos. Después de esto, los dejaron ir. Pasaron tres semanas.

LAS PRUEBAS.Esta prueba es la que se realiza con cabellos o pelos para determinar su procedencia y es de mucha ayuda en la investigación de homicidios ya que permite ubicar al sospechoso en la escena del crimen con un margen bajo de error. Aunque algunos expertos forenses dicen que no individualiza a nadie, otros están seguros de su efectividad porque sirve para comparar la corteza de los cabellos, la textura y la médula y, por lo general, las comparaciones arrojan resultados exactos por cada individuo. Eso sucedió en este caso. Nelson volvió a sonreír. El caso casi estaba resuelto. Nelson aprendió hace mucho que con el laboratorio de Biología Forense hay que tener paciencia, pero insistió cada día para que le entregaran los resultados de la prueba tricológica.

EL POLLO Y EL MOSCA.A las cuatro de la tarde, Nelson se sentó frente a El Mosca, con varios papeles en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja, suspiró y trató de relajarse sobre la silla. "Ya sabemos quién mató a la niña -le dijo, como si acabara de quitarse un enorme peso de encima-; dice El Pollo que vos la secuestraste, la violaste y después la estrangulaste". El Mosca trató de decir algo pero no pudo, la boca se le quedó seca de repente, los ojos casi se le salen de las órbitas y, al rato, dio un grito. "Ese maldito traidor fue el que me dijo que la agarráramos. Él le tapó la boca y se la llevó por el callejón hasta la quebrada. Dijo que la cipota le gustaba y que él desde hacía dos semanas que no tocaba mujer. Ese maldito fue el que me metió en esto. Yo no quería".Nelson se puso de pie, avanzó arrastrando los pasos hacia la salida y cerró la puerta sin decir nada. Un minuto después estaba con El Pollo. "Ya sabemos quién mató a la niña -le dijo-. Tú amigo El Mosca dice que fuiste vos"…Cuando Nelson llevó a El Pollo hasta la otra sala, este se abalanzó contra El Mosca. "No te hagás para atrás, bazuka -le dijo-; vos estabas allí y vos también gozaste a la chavala…". El Mosca se quedó sin palabras. Después dijo que ellos estaban cerca de la pulpería, que habían bebido toda la noche anterior, que vieron venir a la niña y que El Pollo le propuso que la llevaran a la quebrada. Jamás imaginó que la iban a matar. Y nunca pensó que la DNIC los iba a capturar. Ahora entendía para qué les arrancaron los pelos…Fueron condenados por secuestro, violación especial y asesinato. El Pollo saldrá en libertad en 2040, a los setenta y dos años de edad. El Mosca saldrá de la cárcel en 2039, a los cincuenta y ocho años.Cuando los detectives de Capturas los apuntaron con sus pistolas, los dos hombres se quedaron con la boca abierta, se levantaron despacio de las piedras en que estaban sentados y levantaron las manos. El Mosca trató de oponerse. Un empujón lo lanzó a la paila del doble cabina y no volvió a abrir la boca. Media hora después estaban en la DNIC. A las nueve de la mañana empezó el interrogatorio.

LA ESCENA.

A la orilla de la quebrada, bajo las ramas de varios árboles inmensos y entre arbustos enanos y matorrales amarillentos, estaba el cadáver, ya cubierto de moscas, con la piernas separadas, un charco de sangre alrededor y los curiosos maldiciendo y amenazando. Cuando llegaron los detectives de Homicidios de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC), todos se hicieron a un lado y empezaron a exigir que encontraran al criminal y que se los entregaran para quemarlo vivo. Nelson Aguilera sonrió; siempre sucedía lo mismo.

LA REDADA. Las patrullas de la Policía Preventiva taparon las calles cercanas a la pulpería, los detectives se desparramaron en todas direcciones y no tardaron en regresar con varios hombres que empezaron a subir a los vehículos. Antes de las tres de la tarde habían capturado a treinta y seis sospechosos, hombres de todas las edades que no trabajaban y que pasaban el tiempo fumando, drogándose o viendo al que va y al que viene. A pesar de las protestas, los llevaron a la DNIC. Las entrevistas duraron casi hasta el amanecer. Todos accedieron a entregar una muestra de sus vellos púbicos. Después de esto, los dejaron ir. Pasaron tres semanas.

LAS PRUEBAS.

Nelson aprendió hace mucho que con el laboratorio de Biología Forense hay que tener paciencia, pero insistió cada día para que le entregaran los resultados de la prueba tricológica.

Esta prueba es la que se realiza con cabellos o pelos para determinar su procedencia y es de mucha ayuda en la investigación de homicidios ya que permite ubicar al sospechoso en la escena del crimen con un margen bajo de error. Aunque algunos expertos forenses dicen que no individualiza a nadie, otros están seguros de su efectividad porque sirve para comparar la corteza de los cabellos, la textura y la médula y, por lo general, las comparaciones arrojan resultados exactos por cada individuo. Eso sucedió en este caso. Nelson volvió a sonreír. El caso casi estaba resuelto.

EL POLLO Y EL MOSCA.

Cuando los detectives de Capturas los apuntaron con sus pistolas, los dos hombres se quedaron con la boca abierta, se levantaron despacio de las piedras en que estaban sentados y levantaron las manos. El Mosca trató de oponerse. Un empujón lo lanzó a la paila del doble cabina y no volvió a abrir la boca. Media hora después estaban en la DNIC. A las nueve de la mañana empezó el interrogatorio.

A las cuatro de la tarde, Nelson se sentó frente a El Mosca, con varios papeles en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja, suspiró y trató de relajarse sobre la silla. "Ya sabemos quién mató a la niña -le dijo, como si acabara de quitarse un enorme peso de encima-; dice El Pollo que vos la secuestraste, la violaste y después la estrangulaste". El Mosca trató de decir algo pero no pudo, la boca se le quedó seca de repente, los ojos casi se le salen de las órbitas y, al rato, dio un grito. "Ese maldito traidor fue el que me dijo que la agarráramos. Él le tapó la boca y se la llevó por el callejón hasta la quebrada. Dijo que la cipota le gustaba y que él desde hacía dos semanas que no tocaba mujer. Ese maldito fue el que me metió en esto. Yo no quería".

Nelson se puso de pie, avanzó arrastrando los pasos hacia la salida y cerró la puerta sin decir nada. Un minuto después estaba con El Pollo. "Ya sabemos quién mató a la niña -le dijo-. Tú amigo El Mosca dice que fuiste vos"…

Cuando Nelson llevó a El Pollo hasta la otra sala, este se abalanzó contra El Mosca. "No te hagás para atrás, bazuka -le dijo-; vos estabas allí y vos también gozaste a la chavala…". El Mosca se quedó sin palabras. Después dijo que ellos estaban cerca de la pulpería, que habían bebido toda la noche anterior, que vieron venir a la niña y que El Pollo le propuso que la llevaran a la quebrada. Jamás imaginó que la iban a matar. Y nunca pensó que la DNIC los iba a capturar. Ahora entendía para qué les arrancaron los pelos…

Fueron condenados por secuestro, violación especial y asesinato. El Pollo saldrá en libertad en 2040, a los setenta y dos años de edad. El Mosca saldrá de la cárcel en 2039, a los cincuenta y ocho años.

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Una niña es encontrada muerta a la orilla de una quebrada. Los criminales la violaron antes de asesinarla.
Una niña es encontrada muerta a la orilla de una quebrada. Los criminales la violaron antes de asesinarla.

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