La Feria Mundial de Shanghái no tendrá pagodas, granjeros en arrozales ni masas de ciclistas pedaleando por calles estrechas.
En cambio, cuando la feria abra sus puertas el 1 de mayo, el visitante encontrará un pulpo gigante, una pradera alpina y una “ciudad verde” en forma de manzana, entre decenas de pabellones de todas las formas, colores y tamaños que muestran un caleidoscopio de visiones acorde con el tema de la Expo: “Un ciudad mejor, una vida mejor”.
Y, por supuesto, también habrá millones de turistas.
Es probable que la Expo de Shanghái sea la feria universal más grande de todos los tiempos, pues se prevé que la visitarán 70 millones de personas en seis meses, antes de su cierre el 31 de octubre.
Sin duda es el evento más grande de China desde las Olimpiadas de Beijing en el 2008.
El gigantesco evento internacional mostrará a China como una potencia industrial mundial y le dará a Shanghái, su ciudad más grande, la oportunidad que tanto ha esperado para exhibir su impresionante transformación de pueblo de fábricas en decadencia a moderna metrópoli global.
NUEVO RUMBO. En una era de realidades virtuales y 24 horas de información, es poco probable que los visitantes de la Expo Mundial de Shanghái encuentren el tipo de avances tecnológicos, como la televisión, que debutaron en ferias mundiales décadas atrás.
Pero gobiernos, grupos y promotores corporativos, con exposiciones a lo largo de 5.28 kilómetros cuadrados a ambos lados del río Huangpu, ofrecerán ideas variadas para vivir de forma sostenible en las ciudades.
Al igual que las Olimpiadas de Beijing, la Expo dejará un legado de nuevos monumentos.
El más llamativo de ellos es el pabellón de China, una estructura escarlata de 69 metros de altitud, que algunos dicen parece una mesa del juego chino mahjong.
Pero aunque es imponente, es mucho más pequeño que la Torre Eiffel de 300 metros que se construyó para la Exposición Universal de 1889.
