La celebración moderna del DÃa de la Madre se la debemos a Ana Jarvis, ciudadana norteamericana, que luego de la muerte de su madre en 1905, decidió escribir a polÃticos, lÃderes religiosos, abogados y otras personalidades para que apoyaran su proyecto de celebrar el "DÃa de la Madre" el segundo domingo de mayo, dÃa del aniversario de la muerte de su madre.
En 1910 se celebra por primera vez el DÃa de la Madre en varios estados de los Estados Unidos de América; finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como el DÃa de la Madre; más tarde otros paÃses se unieron a la celebración; entre ellos Honduras.
La festividad del DÃa de la Madre se celebra con mucho más alegrÃa y fuerza que el DÃa del Padre, y me parece muy justo que asà lo sea.
No hay duda de que, en el hogar, las madres han desempeñado y seguirán desempeñando el papel más importante para fortalecer a toda la familia, criar a los hijos en rectitud y educarlos.
Yo no puedo imaginar mi niñez y mi juventud sin el tierno amor de mi bella madre.
Es increÃble la disposición de sacrificio y trabajo que las madres tienen por nosotros.
El mundo estarÃa desprovisto de mucha ternura, amor, paciencia, compasión y guÃa sin la maravillosa influencia que las madres ejercen sobre sus hijos.
La vida moderna les ha impuesto a las madres una gran presión; muchas se ven en la necesidad de trabajar fuera del hogar a fin de contribuir a sostener materialmente a la familia.
Los esposos e hijos, en los hogares donde las madres trabajan para contribuir al sostén de la familia, deben ser comprensivos y colaborar con las tareas del hogar.
Claro que lo ideal serÃa que las madres pudieran estar en el hogar cuando los niños aún están muy pequeños; esto porque nadie podrá jamás sustituir el tierno y amoroso cuidado de una madre.
Son muchos los peligros -fÃsicos, emocionales y psicológicos- a los que los hijos se enfrentan cuando quedan al cuidado de otras personas ajenas al seno familiar.
El mal más grande que está sucediendo en nuestra sociedad es la desintegración de la familia y la pérdida de las tradiciones familiares que hicieron hogares fuertes en el pasado.
No hay duda de que la madre es la piedra principal en el arco familiar; ellas, por designio divino, ejercen una influencia edificante y espiritual en el hogar.
Me gustarÃa sugerir a las madres algunas actividades familiares, que si se convierten en una tradición, ayudarán a fortalecer el hogar, tener mejores hijos y matrimonios más estables:
ASISTIR A LA IGLESIA JUNTOS
Desarrollemos el hábito de asistir cada semana, como familia, a las ceremonias religiosas de nuestra iglesia. La iglesia tiene el poder de ejercer una influencia fortalecedora en toda la familia.
ORAR COMO FAMILIA
Establezcan la tradición de arrodillarse como familia cada mañana al levantarse y cada noche antes de acostarse para orar. Tomen turnos para hacerlo. La madre o el padre pueden ayudar a los niños más pequeños para que aprendan a orar.
COMER JUNTOS
Hay que recuperar la tradición de sentarse como familia a la mesa para comer juntos.
Desde que apareció la televisión, la sana costumbre de comer juntos ha ido desapareciendo de la mayorÃa de los hogares.
Lo importante de comer juntos no es lo que se come, sino el tiempo que se comparte y la oportunidad que se genera de hablar con los hijos. Hay que buscar por lo menos un tiempo de comida al dÃa que se pueda hacer como familia.
PASEOS FAMILIARES
Yo recuerdo con mucha alegrÃa todos los dÃas feriados y algunos sábados que paseamos como familia.
Los paseos a rÃos, playas, parques y a otros pueblos con sus jornadas de viaje, se convirtieron en oportunidades para conversar como familia y escuchar muchos consejos de mis padres.
LEER LAS ESCRITURAS
La madre, el padre y los hijos podemos apagar el televisor, por unos minutos en la noche, y dedicar ese breve tiempo para leer y analizar un pasaje de la Biblia.
Estas pequeñas gotas de espiritualidad ayudarán a nuestros hijos a resistir el mal y tomar mejores decisiones en su vida.
Aprovecho esta oportunidad para felicitar y agradecer a todas las maravillosas mujeres que son madres; a las jóvenes, adultas y ancianas; a aquellas que son madres solas y que con afán luchan sin la presencia paterna para sostener educar a sus hijos.
A las madres que además de velar por sus hijos también les toca soportar un hombre que no las aprecia y valora.
Las felicito a todas, que Dios les bendiga siempre, que el cielo recompense su amor y sacrificio con grandes creces.
A aquellos que tienen la dicha de tener sus madres con vida aún; ámenla, sÃrvanla, visÃtenla, y cuÃdenla; desde el cielo hay un Dios que nos observa y cuenta nuestras acciones de gratitud.
Nuestra madre es el ser terrenal más parecido a Dios que tenemos cerca de nosotros; amémosla y celebremos su dÃa. Dios bendiga siempre a todas las madres.