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Hacinamiento afecta salud de decenas de albergados

El Comité de Emergencia Municipal (Codem) reportó ayer 25 albergues habitados por damnificados de los 40 que se mantienen activos.
31.05.10 - Actualizado: 31.05.10 11:16pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Su tristeza, desesperación y desgracia es ahora la de 14 familias con las que desde el medio día del domingo comparte espacio en un reducido salón de clases de la Escuela Juan Guifarro López de la colonia Betania.

En menos de 48 horas, doña Deysi de Jesús Palma, de 29 años, ha conocido más a sus vecinos que en 10 años que lleva habitando en la peligrosa zona.

La madre naturaleza hizo sucumbir el pequeño cuarto que alquilaba con su esposo y sus tres niños. Ahora es una de las miles de damnificadas que dejó en la capital el paso de la tormenta tropical Agatha.

Pero su cuarto resulta enorme en comparación al aula de clases de quinto grado de este centro educativo, de cinco metros de ancho por seis de largo, donde se albergan 50 capitalinos damnificados.

La estrechez del lugar es tanta que para poder tomar los alimentos, apuntarse en las interminables listas de ayuda o para tomar un descanso, unos se tienen que salir para permitir la entrada de otros.

Pero estas 14 familias no son las únicas que viven tan dramática situación. En total son cinco salones de clases los habilitados para casi 60 familias que tuvieron que ser evacuadas de emergencia de sus colapsadas viviendas, localizadas en la ribera de la cuenca Guacerique.

El hacinamiento es terrible, y estos 400 capitalinos literalmente viven unos encima de otros. Lo más crítico es que apenas hay dos baños sanitarios que son compartidos por niños, mujeres, hombres y ancianos.

La falta de agua potable ha desatado una epidemia de diarrea y enfermedades respiratorias, lo que obligó ayer a llevar una brigada médica al interior del albergue.

El Cesamo del barrio Villa Adela atendió el angustioso llamado de estos capitalinos, ya que la mayoría de sus niños pasaron la noche con temperatura, vómito e irritación.

"Estamos en una situación precaria, no sabemos si estamos más seguros acá o en nuestras destruidas viviendas porque hay una de zancudos y la falta de agua es alarmante", confirmó Alex Rivera, coordinador del albergue.

En los pasillos y áreas de juegos de la escuela no cabe un mueble más y la humedad e insalubridad han comenzado a pasar factura en la salud de estas personas.

El doctor Raúl Batres, encargado de la brigada médica, confirmó que en el albergue se reportan graves problemas de hacinamiento, inadaptabilidad y deterioro en la salud de los damnificados.

Además se detectó el caso de un paciente de la tercera edad con tuberculosis, que en medio del hacinamiento y rodeado de decenas de niños se convertía en un foco infeccioso grave.

El anciano de 70 años fue remitido al Instituto Nacional de Tórax para su ingreso inmediato.

"Las fiebres en los niños son producto de un cuadro viral o de infección bacteriana debido a las condiciones inapropiadas de agua, y el contacto extremo entre estas personas facilita las infecciones respiratorias", diagnosticó el galeno.

Las patologías más comunes en el albergue son las Infecciones Respiratorias Agudas (Iras), enfermedades de la piel, cuadros diarreicos y, en el caso de los adultos, algunas descompensaciones de sus enfermedades crónicas asociadas a la situación de estrés.

Tres de las aulas presentan enormes goteras y la preocupación de sus inquilinos temporales es que cuando comience a llover tengan que salir corriendo también de la escuela.

Saturación en albergues

A las 3:00 de la mañana del sábado anterior, doña Norma Zelaya y sus hijos se despertaron por el estruendo que causó la caída del muro de su humilde vivienda en la colonia Los Pinos.

Sin pensarlo dos veces, esta angustiada madre tomó entre sus brazos, medio adormitada, a su pequeña Katherin Martínez, de 10 años, y con gritos sacó a los demás.

Bajo la lluvia se fue a refugiar en la escuela Jaime Romero Zúniga, siendo la primera albergada de la zona.

En esta escuela se reportaban hasta la tarde de ayer 43 familias, que representan un total de 202 personas, diseminadas en cinco aulas de clases.

Las condiciones de salud son estables en la mayoría de personas albergadas, quienes solo esperan que pasen las lluvias para volver a sus hogares.

El coordinador residente de la zona, Dennis Barahona, informó que ayer se realizaron las inspecciones técnicas casa por casa. De estas, unas 15 viviendas no podrán ser habitadas de nuevo y estas familias tendrán que ser reubicadas.

Activación de acopio

El Comité de Emergencia Municipal (Codem) reportó ayer 25 albergues habitados por damnificados de los 40 que se mantienen activos.

Escuelas, jardines de niños, centros comunales y hasta las iglesias están sirviendo de albergues en sus comunidades.

El recuento actualizado hasta las 3:00 de la tarde de ayer oficializaba 3,000 damnificados, de los cuales 1,275 se encuentran en los albergues.

Al centro comunal de la colonia Las Torres se trasladaron 35 personas cuyas viviendas resultaron dañadas.

En el albergue activado en el centro comunal de la colonia Flor del Campo se aglutinan 109 personas, con las pocas pertenencias que lograron arrebatar a las embravecidas aguas del río Choluteca. Entre ellas estaba doña Rosa Velásquez, una anciana de 69 años que asegura se ha salvado en tres ocasiones de la furia de las tormentas.

El huracán Mitch a finales de 1998, la tormenta tropical número 16 a finales de 2008 y la tormenta tropical Agatha la han dejado literalmente en la calle, junto a su familia.

"Si alguien sabe del terror que producen las crecidas del río, esa soy yo... Bajo todos los santos del cielo y el Señor de Esquipulas siempre me ha protegido", comenta con resignación.

Entre los albergues más llenos de damnificados también destacan la iglesia Sagrado Corazón de la colonia Miramesí, con 100 personas, y la escuela Toribio Bustillo de la colonia Las Brisas, con 190.

La mayoría de los 23 albergues registran en promedio de 50 a 90 damnificados.

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El llanto y el dolor no han cesado en la angustiada vida de doña Camila Torres, quien tuvo que ser evacuada de emergencia de El Edén y está albergada en la escuela Amílcar Raudales.
El llanto y el dolor no han cesado en la angustiada vida de doña Camila Torres, quien tuvo que ser evacuada de emergencia de El Edén y está albergada en la escuela Amílcar Raudales.

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