La 41ª edición de Art Basel, la mayor feria de arte contemporáneo del mundo, abrió en Basilea (noroeste de Suiza), en un contexto de crisis económica y financiera que empuja a los compradores a privilegiar la adquisición de obras de calidad.
"Hemos observado claramente una recuperación en los últimos meses en las galerías y las subastas", explica a AFP el codirector de la feria, Marc Speigler.
"Para nosotros, la crisis ha provocado un aumento de la calidad", añade el dirigente de Art Basel, que propone este año obras de 2,500 artistas procedentes de 37 países.
Entre los 300 expositores, el galerista David Nahmad menciona también la búsqueda de calidad. Los aficionados de arte se vuelven prudentes con la crisis, por lo que prefieren apostar por valores seguros y duraderos, explica.
Pero esta búsqueda de calidad no es siempre fácil.
"La gente intenta protegerse (de la caída de los mercados) a través de las inversiones en oro o en arte. El oro es más fácil de comprar que el arte, se necesita más conocimientos para comprar arte", observa David Nahmad.
"Estamos aquí para explicarles a las personas cuál es el valor real del arte", añade el galerista.
Esta búsqueda de calidad se ve claramente en los stands, donde las obras vendidas están marcadas con un punto rojo. Apenas unas horas tras la apertura de las puertas, ya se había vendido un Picasso y un Egon Schiele.
Otros valores seguros presentes en la feria son los ineludibles Andy Warhol o Joan Miró.
Pero esta feria es también la ocasión de contemplar las piezas históricas que desaparecerán rápidamente para acabar en los muros de los adinerados coleccionistas privados, como una pintura de 1910 de Vassily Kandisky, pintor ruso naturalizado alemán y luego francés.
