A Rossel Barralaga lo mataron la noche del veinticinco de febrero, en una calle solitaria de la colonia Miraflores, en Tegucigalpa, poco antes de las doce de la noche.
Menos de veinte minutos antes había salido de su oficina, diciéndoles a tres personas que lo acompañaban que iba a reunirse con uno de sus empleados, para tratar algunos asuntos sobre el canal de televisión que tenía en Tocoa, Colón.
Según Carmen Julia, una arqueóloga de profesión y catedrática universitaria, con la que tuvo tres hijas, a su marido le gustaba trabajar de noche, se sentía menos presionado y su cerebro funcionaba mejor cuando estaba bajo la presión de algún caso importante y complejo.
Esa noche hablaron por teléfono antes de que saliera de la oficina y él le dijo que llegaría a cenar. Ella, acostumbrada al horario de su marido, se dispuso a esperarlo.
Habían peleado esa mañana, algo pasajero y tal vez sin importancia pero que venía repitiéndose desde hacía un par de meses.
Rossel había cambiado mucho; aunque seguía siendo cariñoso y detallista, se veía preocupado, no estaba muy bien económicamente y su trabajo no iba tan bien como deseara.
Además, estaba invirtiendo demasiado en el canal y apenas dejaba para sostenerse. Carmen Julia lo apoyaba pero a veces los celos la hacían sacar las uñas y le decía cosas de las que después se arrepentía.
AÑOS
Eran muy jóvenes cuando se conocieron. Rossel todavía no se graduaba en la universidad y ella ya impartía clases. Él la buscaba, le decía que estaba enamorado de ella y no le importaban sus rechazos.
Pero como bien dicen que a veces el hombre consigue más por necio que por guapo, Carmen Julia terminó cediendo y se fue a vivir con él cuando supo que esperaba a su primera hija.
Veintitrés años después, un asesino se lo quitó para siempre, lo que jamás pudo hacer ninguna mujer.
Según un amigo de Rossel, él decía siempre que "Carmen Julia era el amor de su vida y que Helga era su pasión eterna; vivir sin ellas era como estar muerto en vida".
Dice ese mismo amigo, y dos más confirman sus palabras, que después de tantos años, a Rossel ya se le hacía difícil llevar aquella vida.
Sabía que Carmen Julia vivía en su propio mundo, en años no le había reclamado nada nunca y la consideraba su esposa ante Dios y ante los hombres, aunque nunca se casaron legalmente; además, le había dado tres hijas a las que amaba con todo su corazón y nunca jamás podría separarse de ellas.
Con ella había hecho todo lo que tenía y a ella la amaría para siempre.
En cuanto a su "pasión eterna", ya no era como antes, su carácter explosivo, irascible, manipulador, violento y dominante le había marchitado sus sentimientos y deseaba alejarse de ella para siempre, sin embargo, tenía miedo; decía que esa mujer era capaz de perseguirlo el resto de sus días y que sería como una sombra maligna de la que no podría alejarse jamás.
Ya muchas veces lo había ridiculizado en público, lo obligaba a hacer cosas contra su voluntad y su propio machismo y dudaba mucho si al alejarse de ella pudiera encontrar la paz que tenía con Carmen Julia. Pero iba a tomar una decisión y sería muy pronto. En esos días lo mataron.
CRIMEN
Era una noche fresca, llena de viento y estrellas, aunque sin luna. La calle estaba iluminada por varios focos que lanzaban sobre el pavimento una luz difusa, el silencio era completo y solo de vez en cuando se oía el ladrido de algún perro o el rugido del motor de algún carro que pasaba por el bulevar.
Rossel estaba dentro de su Mercedes Benz, conversando con su empleado, le interesaban algunos asuntos técnicos del canal y él era el más indicado para ayudarle, confiaba en él y necesitaba su ayuda. Por eso fue a visitarlo tan tarde.
Trevor estaba sobre la acera de su casa, tenía los brazos apoyados en la puerta del carro y platicaba con él con la cara en el centro de la ventana.
El carro estaba encendido, el aire acondicionado estaba funcionando y la música suave que le gustaba al abogado amenizaba el ambiente.
Fue en ese momento cuando por el retrovisor vio que una sombra se movía al final de la calle, a unos setenta metros atrás de él. Poco o poco la sombra fue tomando forma y le dijo a Trevor que estuvieran alertas, que un hombre venía caminando solo por el centro de la calle. Trevor lo miró venir y siguió platicando.
Rossel era muy listo, podía oler el peligro aunque estuviera lejos y no dejó de ver por el retrovisor como el hombre se iba acercando. Menos de un minuto después pasó cerca de ellos, a menos de un metro del Mercedes.
Trevor lo miró bien. Era un hombre delgado, no muy alto, cara fina, con apariencia joven y de piel clara. Estaba seguro de que podría reconocerlo si volviera a estar frente a él.
Cuando el hombre se alejó un par de metros del carro, Trevor y Rossel vieron que se detenía, se dio vuelta despacio, se llevó una mano a la cintura y sacó una pistola.
En ese momento Rossel dio un grito, Trevor lanzó a aire una palabrota y se metió a su casa de un salto, Rossel aceleró el carro, las ruedas chirriaron sobre el pavimento y el motor rugió con fuerza. Un segundo después, Trevor escuchó un disparo.
Un momento más tarde, se escuchó un estruendo. Cuando salió para ver qué había pasado, el hombre había desaparecido y unos metros más allá, el Mercedes de Rossel se había detenido, estrellado en una acera, bajo un árbol viejo y frondoso.
El motor seguía encendido. Trevor se acercó con miedo, vio a su jefe caído sobre el timón, metió una mano en la cabina y apagó el carro. Rossel estaba muerto.
Para él, el corazón le había fallado al sentirse amenazado y murió de un paro cardíaco. Estaba lejos de la verdad.
CARMEN
Fue la primera en llegar a la escena. Estuvo llamando a su marido desde las doce de la noche y le extrañó mucho que no le contestara. Cuando recibió la mala noticia, sintió que el mundo se abría a sus pies.
La tragedia había llegado a su vida y no sabía si podría soportarla. Cuando los detectives de Homicidios de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) sacaron el cuerpo del vehículo, se dieron cuenta que tenía sangre en un costado; cuando le quitaron el saco vieron que tenía una herida de bala que seguramente la había lesionado el corazón.
Era hora de llamar a Inspecciones Oculares. Los técnicos no tardaron en encontrar un casquillo de bala de .9 milímetros, cerca del lugar donde Trevor les dijo que el hombre se había detenido para volverse hacia ellos con la pistola en la mano.
RETRATO
Trevor habló hasta por los codos, repitiendo su historia a los detectives. Como en todo caso criminal, debía darle al retratista de la DNIC los datos necesarios para elaborar un retrato hablado del asesino, y no omitió detalle alguno.
Había estado a menos de dos metros del hombre y había visto bien su rostro. Era imposible que no lo describiera perfectamente. Podía estar seguro de eso.
Además, daba la impresión de que si volviera a verlo, lo reconocería sin equivocarse entre un millón, aunque todas fueran caras parecidas. Marcelo Mendoza tomó el caso.
CAPTURAS
En El Paraíso se habían extraviado varios cheques de un sacerdote. La DNIC investigaba el caso. Cuando supo que uno de los cheques estaba a nombre de Merling, alguien muy cercano a Rossel Barralaga, creyeron estar sobre una buena pista, y cuando supieron el nombre de quien había cobrado el cheque, se despejaron muchas dudas sobre el caso.
Noel era un policía de Análisis y su nombre, su firma y su número de identidad estaba en el cheque que lo ligaba al buen Merling.
Los detectives hicieron algunos allanamientos, encontraron cartas de amor de un sacerdote para su amante homosexual, ligaron algunas cosas sospechosas con el crimen del abogado y tejieron una teoría que no parecía nada ilógica: La muerte del Rossel Barralaga era un crimen pasional; un homosexual frustrado estaba detrás del asesino y la trama iba más allá de la delincuencia común.
Se pidieron algunos datos más sobre los sospechosos, y cuando la foto de Noel se comparó con el retrato hablado del asesino, el parecido impresionó a los detectives.
La exactitud superaba el noventa y cinco por ciento. La DNIC estaba segura de que tenían al asesino del abogado Barralaga. Ahora era cuestión de conocer los motivos.
AUDIENCIA
Noel estaba detenido. La fiscal Bustillo llevaba el caso por buen camino y el testigo protegido estaba listo para declarar ante el tribunal. La prensa estaba a la expectativa, Carmen Julia se secaba las lágrimas, Helga miraba con su rostro de piedra lo que pasaba en la sala y, poco a poco, todo el mundo esperaba a que se hiciera justicia.
Sentaron a Noel en el banquillo de los acusados y llegó el momento en que el tribunal quiso saber si el testigo protegido reconocía a la persona que había disparado contra el abogado Rossel Barralaga la noche del veinticinco de febrero.
El testigo vaciló un poco, guardó silencio algunos segundos, se vieron brillar en su frente algunas gotas de sudor y, despacio, puso su mirada insegura en el policía de Análisis.
Parecía que las palabras se negaban a salir de su boca pero al fin dijo, con voz indecisa: "Creo que se parece a él", y señaló a Noel que lo miraba a su vez con ojos serenos, en silencio, un poco pálido y nervioso y con los dientes apretados.
Eso fue todo. La justicia no se basa en suposiciones; a pesar de la descripción exacta que le dio al retratista de la DNIC, Trevor no estaba seguro de que Noel fuera el hombre al que vio aquella fatídica noche.
Era un poco diferente, tenía barba y bigote, tenía el pelo más largo… No podía asegurar si se trataba del mismo hombre. El tribunal decidió dejar en libertad a Noel con sobreseimiento provisional.
La DNIC debía aportar más pruebas en los próximos cinco años. Por ahora, el caso estaba estancado. Nadie se acordó de los cheques y a nadie le dio por preguntar cómo era que Noel cambió un cheque que se le había perdido al sacerdote y que estaba a nombre de Merling, el hombre cercano a Rossel Barralaga.
¿Y lo demás cheques? ¿Y la identidad del abogado que encontraron en la captura? ¿Qué relación unía a aquellas dos personas? Si el testigo fue tan específico con el retratista y el retrato hablado coincidía casi perfectamente con el rostro del policía, ¿por qué dudaba ahora? Si todo aquel que comparaba el retrato hablado con la foto del sospechoso no dudaba en decir que eran la misma persona, ¿por qué Trevor creía ahora que se parecía a Noel?
MÁS
El caso sigue en investigación. Un mujer de Jacaleapa declaró que su marido mató a un hombre en Tegucigalpa, la noche del veinticinco de febrero, que vendió la pistola asesina y que habló con un hombre por teléfono esa madrugada, después de que le hizo el amor, y que preguntó: "¿Seguro que está muerto?" Esa noche él llegó con mucho dinero, y su marido es policía.
Además, Belisario, un destazador de Danlí, dice que él vino a Tegucigalpa a hacer un trabajo con un amigo, que este mató a un hombre y que dos días después le entregó la pistola, un arma de .9 milímetros, para que la guardara o la vendiera.
Dijo que está dispuesto a declarar si le garantizan la vida. Alguien más dice que tres amigos "sacaron la verdad a un tipo y que este les dijo quien mandó a matar al abogado, una mujer poderosa que les pagó cincuenta mil lempiras".
Y otro más dice que hay un seguro de vida de por medio. Para un analista criminal de Estados Unidos el caso está resuelto. Los detectives de la DNIC no se equivocaron al decir que fue un crimen pasional.
Según un perfil psicológico, quien ordenó el asesinato es una persona sociopática y, por tanto, peligrosa y vengativa. Para él, la DNIC debe atar todos estos cabos y presentar el caso a la fiscalía.
Falta que ver si los nuevos testigos están dispuestos a sostener lo que han dicho hasta ahora y ponen a la mujer en manos de la Policía. Eso lo sabremos en la segunda parte de este caso, cuando las pruebas se presenten en la historia titulada: "Receta para un crimen".
Por mientras, Carmen Julia sigue penando. A ella le han puesto mil trabas para entregarle las cosas de su marido, una juez, que debe ser muy sabia, se negó a reconocer sus veintitrés años con Rossel como un matrimonio de hecho, según especifica la ley, y detienen extrañamente la declaración de sus hijas como herederas de su marido, mientras a Elca, una hermosa fiscal del Ministerio Público, ya le declararon heredero al hijo que tuvo con el abogado, y al que él quería como a sus propios ojos.
¿Qué habrá detrás de todo esto? ¿Por qué la Fiscalía no entrega el Mercedes que está a nombre de la hija mayor de Rossel y Carmen Julia? ¿Quieren dejar en la calle a Carmen Julia y sus hijas? ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Por qué a ella le piden los tribunales tantos requisitos para seguir un trámite sencillo y a otras personas las bendicen con resoluciones fáciles y rápidas?
Realmente, ¿están capacitados estos jueces para aplicar justicia o el criterio del juez del que habla la ley se basa en el capricho, la conveniencia, el favoritismo o la solidaridad entre colegas y camaradas?
La nueva hipótesis del crimen Barralaga sigue libre y la conoceremos muy pronto en el caso "Receta para un crimen".