Tres décadas de guerras, masacres y violencia sectaria han dejado una cantidad de viudas que podrÃa acercarse al millón, según estadÃsticas del gobierno. Hameeda Ayed es una de ellas.
A los 45 años, con tres hijos, Ayed integra una sufrida cofradÃa, que incluye más de 100,000 mujeres que perdieron sus maridos en la violencia que siguió a la ocupación extranjera encabezada por Estados Unidos. Para estas mujeres, la ayuda gubernamental es Ãnfima.
Ayed tiene derecho a una pensión del equivalente a unos 130 dólares por mes, más 12 dólares por cada hijo. Pero no tiene amigos influyentes y luego de dos años de trámites burocráticos inacabables, se resignó a no contar con esa ayuda. Pasaba horas haciendo colas y desatendÃa a sus hijos de 10, 12 y 15 años.
Se las arregla vendiendo golosinas y gaseosas desde su casa en un barrio chiita del sur de Bagdad, al que se trasladó de un sector sunita luego de que su esposo fuese asesinado en el 2007.
"Ahora hacemos una vida de miseria y desesperación", afirmó. "Esto es lo que nos queda de la ocupación y la ilusión de una democracia: huérfanos, viudas, desamparados, fugitivos y personas desplazadas".
Nahdah Hameed, de la oficina del gobierno abocada a ayudar a las mujeres, calcula que hay un millón de viudas en esta nación que, además de la invasión, soportaron una guerra con Irán entre 1980-88, la Guerra del Golfo en 1991 y las brutales campañas de Saddam Hussein contra los chiitas y los curdos en los años 80 y 90.
DOLOR
Las viudas frecuentan cementerios polvorientos donde están enterrados sus maridos. Lloran bajo un sol abrasador y recuerdan los viejos tiempos. Sus hijos se aferran a sus vestidos negros.
"Tenemos una cantidad de viudas enorme", dijo Jinan Mubarak, director de una organización no gubernamental que ofrece educación y capacitación laboral a las mujeres. "Es un problema de una dimensión social grave. También hay muchos huérfanos que atender".
En el 2008 el gobierno creó un Directorio de Atención Social de Mujeres que se está haciendo cargo de las pensiones del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, sobre el cual pesan denuncias de ineptitud y corrupción.
Hameed, la directora de ese organismo, dice que no tiene fondos para servir zonas afuera de la capital y tampoco tiene autoridad para promover reformas y erradicar la corrupción de los departamentos que deben asistir a las viudas.
Hay un gran contraste en la situación de las viudas cuyos maridos fallecieron después de la invasión y las que perdieron sus esposos antes de la ocupación. Saddam usó el dinero del petróleo para repartir terrenos, autos y generosas pensiones entre las viudas de la guerra con Irán, en la que fallecieron medio millón de personas de ambos bandos.
Pero las viudas de los miles de individuos que fallecieron en los conflictos internos no recibieron asistencia.
Mubarak y otras activistas dicen que la pobreza empuja a muchas mujeres a la prostitución, tanto en Irak como en las vecinas Jordania y Siria, paÃses que recibieron grandes cantidades de refugiados iraquÃes.
"Muchos vecinos de Irak están explotando a las mujeres iraquÃes", afirmó la activista Suzan Kazim Kashkoul.
Se dice que la violencia redujo la cantidad de maridos potenciales para las viudas. Además, ante tanta violencia sectaria, no son comunes los matrimonios entre chiitas y sunitas, y tampoco es frecuente que se case una mujer de más de 30 años.
"La crisis económica es la principal razón de los problemas de las mujeres en Irak", manifestó Mubarak.
Iman Kazim, de 40 años, con tres hijos, vive en el barrio chiita de Bagdad de Hurriyah, escenario de intensos enfrentamientos sectarios.
Kisrah al-Hassani, trabajador textil jubilado con quien estaba casada, falleció en una explosión de mortero en enero del 2007, al regresar a su casa luego de ir al mercado. Al-Hassani tenÃa dos esposas. Iman era la segunda y vivÃa con un hermano de Al-Hassani y su familia. Tras la muerte de Al-Hassani, se casó con un panadero diez años menor. Pero el matrimonio no funcionó, pues él le pegaba a ella y a sus hijos, e Iman quiere divorciarse.
Iman goza de una pensión equivalente a 90 dólares al mes porque su finado marido trabajaba en una fábrica del estado. A eso se suman 190 dólares que gana limpiando una escuela.
Dice que ese dinero le alcanza para cubrir "solo las necesidades más básicas". Mubarak sueña con conseguirle a Kazim un trabajo digno de alguien que terminó la secundaria.
"Quiero una ley que obligue a que se reservan para viudas calificadas un cierto porcentaje de trabajos en el sector privado", expresó. "Y que se cree un organismo que costee proyectos pequeños de viudas".
