¿Qué serÃa de nosotros sin el olfato? El olor a pino puede transportarnos a un frondoso bosque lleno de árboles y un hermoso verde... Y todas las sensaciones que nos puede traer el sentir un aroma agradable: bienestar, comodidad, alivio.
¿Alguna vez ha sentido el olor de un apetitoso platillo y de inmediato empieza sentir el ligero cosquilleo en el estómago provocado por el hambre? Esto se debe a que nuestro cerebro se educa relacionando algunos olores con emociones, situaciones especÃficas y el recuerdo de escenas vividas. Hay estudios que interrelacionan la memoria, sobre todo la primera, que se da antes de la segunda década de vida, es un catálogo de olores.
Signo de pertenencia
Hay olores que pueden evocar una situación pasada con mucha mayor exactitud que los sentidos de la vista o el oÃdo. Y es cierto: la cocina de mi abuela en mi inocente infancia viaja conmigo por todos los senderos de mi vida. Investigadores galos han descubierto que el olfato humano es capaz de discernir entre 10,000 olores distintos. Puede que sea poco en comparación con lo que huele un perro, pero el organismo humano alberga de doscientos a mil genes codificadores de receptores olfativos.
El sentido del olfato es a menudo el primero en advertirnos acerca de un peligro que somos incapaces de ver.
Solemos considerar que los humanos somos superiores a los animales, sin embargo el sobreestÃmulo de algunos sentidos, como la vista, nos ha llevado a la atrofia de otros.
Todo ser vivo tiene un olor especial y caracterÃstico. En la naturaleza, los seres vivos se perfuman (y perfuman a otros) como una forma muy principal de comunicación. Precisamente por eso, en un acto de información dirigido hacia sà mismo, un animal puede marcar su entorno y sus recorridos con su propio olor, formando asà una especie de invisible ruta perfumada, un rastro que le sirve de referencia y orientación en sus desplazamientos, facilitándole el camino de regreso hacia su territorio, su grupo, su colonia o su hogar.
El olor depositado en seres u objetos puede utilizarse como un signo de pertenencia; al modo de una extensión de la propia persona. Asà hace cierta mariposa macho que espera pacientemente a que la elegida de su corazón surja de su capullo para, apenas recién nacida, bañarla en su propio olor con lo que informa a los posibles pretendientes que él "la ha visto primero" y que "la dama es suya". Diversos experimentos muestran cómo seres tan distintos como insectos o mamÃferos son capaces de reconocer e identificar a sus crÃas entre diferentes individuos, a veces verdaderas multitudes, por su olor personal.
Un animal doméstico puede restregarse contra los humanos que convive para estrechar el lazo con ellos, "inundándolos" en su aroma, asà como puede "consolarse" en soledad tumbándose encima de una prenda que huele a su amo.
Olos a emociones
El olor tiene en los animales amplias resonancias emocionales, factor que utilizan con toda premeditación aunque no sean demasiado conscientes de ello, en sus ceremonias nupciales, para atraer, para extasiar y embriagar al otro sexo. Unas responsables de tales "maniobras naturales" son las feromonas, hormonas sexuales que desencadenan y subyacen en los ritos de cortejo.
Los sentimientos y las emociones se huelen, por ejemplo, el miedo en sus diversos grados, la cólera, el equilibrio anÃmico, la tranquilidad, la alegrÃa y la disposición afectuosa hacia otro ser tienen una representación olorosa. Olfateando, un animal puede captar el posible peligro en su entorno, sus presuntos depredadores, sus futuras conquistas, además de sus presas favoritas.
El olor es también un mecanismo de defensa bastante utilizado en el mundo animal. Un ser acosado puede emitir un olor desagradable que hiera la sensibilidad pituitaria del agresor y que funcione como una barrera invisible frente a su contrincante. Si pensamos en las mofetas, ¿podrÃa alguien dudar de tal afirmación?
Los humanos también empleamos la comunicación olfativa entre nosotros pero muy mediatizada culturalmente, ya que en muchas sociedades de las llamadas "civilizadas" no se considera nada adecuado el olfatear directamente a otras personas. Además, tendemos a suprimir los olores naturales de nuestro cuerpo, considerándolos desagradables, bien por un déficit higiénico como ha ocurrido en algunos momentos de nuestra historia o, aún disfrutando de un grado razonable de limpieza, superponiendo en cambio otros aromas extraÃdos de frutas, flores, plantas o de glándulas animales -muchos de ellos empleados por el propietario para atraer sexualmente- que, paradójicamente, nos parecen más apropiados.
Las personas, actualmente y sobre todo en nuestra sociedad occidental contemporánea, somos poco sensibles conscientemente a la acción de los olores, por lo que no solemos prestarles demasiada atención ni utilizarles demasiado activamente para otorgarles la importancia necesaria, aunque a veces un determinado perfume modifique nuestro estado de ánimo, nos excite o nos serene, nos llene de alegrÃa o nos ponga momentáneamente tristes, nos haga rememorar sentimientos, evocar imágenes o recordar hechos pasados; aunque, de vez en cuando, nos refiramos en algunas de nuestras comunicaciones al "aroma de nuestro hogar", al "hedor de la muerte" o al "olor de la tragedia", manifestaciones que, desde luego, son algo más que meras alegorÃas o simples metáforas poéticas.
Inquietudes nuevas, que en verdad son muy viejas, como la aromaterapia, es decir, curar, tranquilizar y cambiar estados de ánimo por medio de esencias aromáticas, tal vez sà tengan una validez que no ha sido suficientemente estudiada. Al menos, es para pensar…
