En 2006, la Reuni贸n Regional de los Estados Americanos Miembros de la Organizaci贸n Internacional del Trabajo (OIT) declar贸 el inicio de una "D茅cada de promoci贸n del trabajo decente", a partir del informe sometido por el director general de la OIT en tal ocasi贸n. Juan Somavia propuso una agenda hemisf茅rica con metas muy precisas.
De particular importancia son las metas referidas a eliminar las peores formas de trabajo infantil para 2015 y todo trabajo infantil para 2020. Los pa铆ses centroamericanos, Panam谩 y Rep煤blica Dominicana han asumido dichos objetivos con gran seriedad; y para alcanzarlos han redactado, con una amplia participaci贸n p煤blica y privada, hojas de ruta.
En cada pa铆s se han analizado las pol铆ticas y planes nacionales y su incidencia en la prevenci贸n y erradicaci贸n del trabajo infantil y sus peores formas. El proceso de an谩lisis ha sido muy participativo: han tomado parte gobiernos, organizaciones de empleadores, de trabajadores y de la sociedad civil. Las hojas de ruta nacionales detallan los procesos, tiempos y recursos necesarios para la prevenci贸n y erradicaci贸n del trabajo infantil. Dichas hojas de ruta han sido validadas de forma tripartita. Una vez validadas, se avanza en la adopci贸n por parte de los Estados de la hoja de ruta subregional para hacer de Centroam茅rica, Panam谩 y Rep煤blica Dominicana una zona libre de trabajo infantil, marco estrat茅gico que comprende los esfuerzos nacionales y fortalece su compromiso en el combate sostenido a este flagelo.
En la regi贸n hay una conciencia creciente de que el respeto a la dignidad de ni帽as, ni帽os y adolescentes debe traducirse en su no participaci贸n en trabajos que puedan perjudicar su desarrollo educativo, f铆sico y mental. Ello supone acciones concretas en 谩mbitos como la lucha contra la pobreza, la promoci贸n de la salud, las pol铆ticas educativas y de protecci贸n de los derechos humanos de los integrantes m谩s j贸venes de las sociedades.
La acci贸n a favor del desarrollo integral de la ni帽ez y adolescencia, mediante el combate al trabajo infantil, debe articularse posteriormente con una pol铆tica de promoci贸n de trabajo decente para la juventud que contemple la permanencia -lo m谩s posible- de los adolescentes en espacios educativos que les permitan adquirir destrezas y habilidades id贸neas que hagan que su ingreso y participaci贸n en el mercado laboral (como trabajador dependiente o independiente o como emprendedor) se produzca en las mejores circunstancias posibles.
La promoci贸n del trabajo decente para la juventud supone desterrar la opci贸n por la mano de obra barata, falsa ventaja competitiva, pues las democracias del siglo XXI deben buscar pol铆ticas orientadas a la mejor calificaci贸n del recurso humano.
Personas adecuadamente formadas hacen la diferencia en la econom铆a del conocimiento, en la cual los pa铆ses deben insertarse ventajosamente para sacar provecho de la globalizaci贸n. El combate al trabajo infantil debe articularse tambi茅n con pol铆ticas promotoras del trabajo decente y empleos productivos para los padres y madres de los ni帽os y ni帽as m谩s expuestos a trabajar: hijas e hijos de desempleados y subempleados y de hogares pobres.
En estos tiempos de crisis ha aumentado el n煤mero de jefes o jefas de hogar con menores posibilidades de estar adecuadamente empleadas y recibir suficientes ingresos para la manutenci贸n de sus familias.
Es indispensable canalizar esfuerzos p煤blicos y privados -como lo sugiere el Pacto Mundial por el Empleo- para consolidar un modelo de desarrollo que ponga al centro de las pol铆ticas a las personas concretas: los Jos茅s y las Mar铆as que son padres de los Pedros y Martas de estas tierras.
El combate al trabajo infantil y sus peores formas es crucial para la consolidaci贸n democr谩tica. Del 茅xito en dicha tarea, en los plazos indicados, depender谩 el avance de la justicia social y de la libertad en el hemisferio.