La vanidad es un defecto que sabe ocultarse bien. No siempre podemos reconocerla en nosotros, sin embargo es la causa de muchas de nuestras acciones.
La vanidad está detrás de toda forma de ostentación y de búsqueda de reconocimiento, ya sea por los conocimientos que se tienen, por las destrezas y habilidades, por la belleza física, por el magnetismo de la personalidad o por las cosas materiales que se poseen.
El vanidoso tiene una necesidad constante de ser admirado y adulado; por eso genera o busca las circunstancias que le permitan poner en evidencia sus cualidades o sus posesiones para hacerse notar.
Goza con los halagos, las frases agradables y los aplausos. Busca los honores, los premios y la valoración. El vanidoso sufre de toxicomanía de los halagos.
El vanidoso le da más importancia a las cosas vanas y pasajeras de la vida, y es muy sensible a la opinión de los demás. Esta superficialidad es un obstáculo que le impide desarrollar su vida interior.
La vanidad tiene aliados poderosos como la envidia, la crítica y los celos. Cuando estos defectos están juntos, el vanidoso reacciona menospreciando las acciones de los demás, restándoles sus méritos y hasta generando bromas que los ridiculicen y los hagan quedar mal.
¿Cómo reconocer si somos vanidosos?. Un buen ejercicio es identificar con honestidad cuál es la finalidad de nuestras acciones:
Cuando muestras tus habilidades con ostentación, cuando disfrutas si tienes público que te observa trabajar, eres un vanidoso.
Cuando trabajas esperando ver los resultados inmediatos para ser reconocido y felicitado, la vanidad está detrás de tus acciones.
Cuando te molesta o te incomoda que haya otras personas que brillen o reciban más reconocimientos que tú, estás siendo víctima de la vanidad.
La vanidad está presente cuando limitas tus acciones por miedo a quedar mal y perder tu buena imagen ante los demás. Está detrás de la mentira o la justificación que dices para disimular un error o cuando no preguntas para ocultar lo que no sabes.
Algunos consejos para vencer la vanidad. Vive con profundidad y desarrolla tu vida interior para que afirmes tus valores y no tengas que depender de las cosas vanas y superficiales del mundo.
Desarrolla la autenticidad y la honestidad para hacer crecer lo verdaderamente valioso en ti y así no tengas que recurrir a las apariencias.
No es necesario presumir de virtudes cuando realmente podemos conquistarlas. Sé perseverante hasta que logres verdaderos progresos.
Desconfía de los lisonjeros y cierra tus oídos a las voces de la adulación porque alimentan tu vanidad y te hacen presa fácil de la manipulación. La adulación nubla la luz de la inteligencia y enciende el fuego de las pasiones.
Habla menos de ti y esfuérzate por escuchar y encontrar las virtudes en los demás. Alégrate sinceramente y celebra los progresos y logros de tus compañeros y amigos.
Acrecienta tu generosidad realizando buenas acciones de manera anónima.
Si tienes habilidades o destrezas, úsalas para construir un mundo mejor. Haz feliz a alguien, con palabras amables o gestos de cortesía inesperados.
Cuida mucho de no caer en la intelectualidad. Estudia con reflexión y profundidad, aplica lo que aprendes para lograr verdaderos cambios interiores. La vanidad se desarrolla con mayor facilidad en los intelectuales que presumen de sus conocimientos y ostentan sus títulos para sentirse importantes y superiores a los demás. En Nueva Acrópolis no queremos intelectuales sino verdaderos discípulos que estudien, trabajen y se esfuercen por transmutarse a sí mismos. Practica la humildad, una poderosa virtud que te ayudará a vencer la vanidad.
