La gran gesta

La educación era para los privilegiados y los que podían accesar a las pocas escuelas de primeras letras.
ElHeraldo.hn

Honduras

04.09.2010 - Faustino Ordóñez Baca - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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El árbol de la libertad de las provincias de Centroamérica comenzó a dar sus frutos trece años antes de que se gestara la independencia y sus ramas ideológicas también cobijaron a ilustres luchadores entre los que destaca un esclavo de la corona española.

Cada año esta parte del mundo celebra una fecha más de la emancipación política abordando, en la mayoría de los casos, con mucha superficialidad uno de los acontecimientos más importantes de la historia universal.

Este 15 de septiembre se cumplen 189 años del triunfo de aquella gran lucha, que si bien es cierto no terminó en masivas muertes, sí dejó en el ambiente toda una estela de persecución, represión y torturas de quienes, en aquel momento, tenían bajo su mando la Capitanía General del Reino de Guatemala. Honduras es parte de esa historia justa, digna y revolucionaria.

La organización

Al dar comienzo el siglo XIX, Honduras tenía la organización de Intendencia, a cargo de un gobernador nombrado por el rey, cuya residencia era Comayagua, capital de la provincia que dependía de la Capitanía General, con sede en Guatemala.

Cinco ciudades figuraban como las más importantes: Comayagua, Trujillo, Gracias, San Pedro Sula y Sonaguera, aparte de las villas de Tegucigalpa, Choluteca, Nacaome y Yoro. Había 118 pueblos de indios y 122 "reducciones de españoles y ladinos".

La población, por aquel año de 1801, no pasaba de las 128 mil personas "sin contar los indios, zambos, mosquitos, xicaques y payas, ni la población de Omoa".

El principal patrimonio del país era la industria minera, extraída rudimentariamente, trabajo que hacían los indios y esclavos. La agricultura tenía poco auge, no así la ganadería que vendía vacunos a los países vecinos.

El comercio era activo. De España, Perú y Guatemala llegaban a los puertos de Omoa y Trujillo todo tipo de telas, vinos, aceites, medicinas, herramientas, sementales de vacuno y equinos. No había carreteras. Todo era a lomo de mula.

La educación era para los privilegiados y los que podían accesar a las pocas escuelas de primeras letras.

En Comayagua había un colegio tridentino o Seminario de San Agustín, que formaba clérigos y bachilleres en filosofía. Los grados mayores se obtenían en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

La Ilustración y su influencia

Todo este panorama rodeó las primeras luchas por la independencia que tuvo en la Ilustración la primera influencia ideológica.

La Ilustración era una corriente de pensamiento que nació en Francia y se extendió al resto de Europa hasta llegar a América.

Las obras de Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Campomanes, Jovellanos y Feijoo se extendieron por toda América. En Honduras y el resto del área estos libros rápidamente llegaron a manos de frailes progresistas y de los criollos. La Ilustración, aunque llegó tardíamente a América, "no perdió por ello su efectividad", logró rápidamente saltar "sobre los temibles tribunales de fidelidad y del tenebroso Tribunal de la Inquisición, para llegar al criollo y despertar en él un sentimiento nuevo que le empujaría a buscar los caminos de la libertad", dice el extinto historiador José Reina Valenzuela en su ensayo "Hondureños en la independencia de Centroamérica".

"No es verdad que la emancipación política se hizo en un abrir y cerrar de ojos, o como comúnmente se dice, de la noche a la mañana. Fue un proceso lento, provocado por causas diversas que se fueron acumulando, sometido a las variantes del miedo y de valor de la intimidación, del sufrimiento, de la intolerancia y la violencia y presidido a modo de obstáculo por la acendrada fe religiosa", agrega.

La invasión napoleónica y la desconcentración de la corona.

Otro hecho que reforzó la batalla ideológica de los revolucionarios de aquel momento, fue la "desconcentración" de las autoridades de España que le dieron prioridad a la lucha por expulsar a Napoleón Bonaparte, que había invadido su territorio y había obligado a abdicar al monarca español.

"De este lado del Atlántico había un fermento de inconformidad que estaba pronto a dar grandes sorpresas; la inquietud pacientemente fomentada por el criollismo ilustrado y por algunos frailes liberales, no solo daba señales de protesta ante la hiriente discriminación, sino que también sabían cómo estaba cambiando del otro lado del océano el estatus político y social", dice Reina Valenzuela.

Subraya: "Es indudable que los sucesos de España, si no fueron el más poderoso incentivo para desatar la revolución de América, sirvieron de espejo fiel de lo que un pueblo puede hacer por su libertad".

Longino Becerra, otro historiador laureado de Honduras, considera que "la crisis del modelo colonial, tanto desde el punto de vista económico como político, se encontraba en el nivel más alto a partir de la segunda década del siglo XIX.

Las relaciones esclavistas feudales impuestas por los colonizadores en Centroamérica frenaban la marcha de la sociedad".

"Los sectores sociales de mayor visión -los criollos y muchos intelectuales mestizos- luchaban por el logro de esa meta con el apoyo de otras capas, entre ellos los indios más avanzados. Todo estaba listo para el cambio, solo faltaba una chispa que fuera capaz de desencadenar las energías reprimidas",

México, el gran ejemplo

El "Grito de Dolores" del cura Miguel Hidalgo y Costilla, que proclamó la independencia de México el 16 de septiembre de 1810, se convirtió en otra causa que encendió la chispa libertaria del istmo centroamericano.

Igualmente, tuvieron su influencia los gritos de independencia de Quito y Caracas, en América del Sur.

El 24 de febrero de 1821 el coronel Agustín de Iturbide, inducido por la aristocracia mexicana, lanzó el llamado Plan de Iguala por medio del cual México rompió los lazos que lo ataban a España.

Iturbide era un antiguo coronel de las tropas españolas que había reprimido las huestes de Miguel Hidalgo y de Morelos.

El artículo dos del Plan de Iguala dice: "la Nueva España es y será independiente de la Antigua, y de toda otra potencia, aún de nuestro continente".

De esta manera creaba una monarquía cuyo emperador sería el rey Fernando VII.

"El hecho, en el fondo, fue una maniobra de las clases dominantes de dicho país aunque el movimiento armado de Hidalgo y de Morelos había concluido en una relativa derrota con el ajusticiamiento de ambos. Lo cierto es que en México existía una situación revolucionaria madura en todos sus aspectos, tanto por el nivel de las contradicciones internas, como por el influjo que ejercía la epopeya revolucionaria de la América del Sur", dice Becerra.

Primeros intentos de emancipación

Varios fueron los primeros intentos de emancipación que fracasaron por la represión de la Capitanía.

En esta etapa entre 1808 y 1821 aparecen nombres de personas que la historia no registra como los grandes próceres de la independencia, pero sí les da el mérito de haber sido "las primeras figuras históricas" que sufrieron represión y cárcel en un intento desesperado de España por amedrentar el espíritu revolucionario.

Las primeras manifestaciones que marcaron la lucha independentista se realizaron a través de palabras de persona a persona, en reunión privadas y mediante pasquines que circulaban clandestinamente.

En 1808 el poeta Simón Bergaño y Villegas, oriundo de Escuintla, fue capturado por órdenes del capitán general Bustamente y sometido a proceso acusado de ser el cabecilla y promotor de un motín durante el cual había gritado: "abajo los chapetones y viva Guatemala libre".

Pedían una Junta de Gobierno compuesta solo con criollos.

Un año después el barbero de raza negra, Agustín Vilches, fue encarcelado acusado por tener "indicios de andar propagando especies de insurrección" y de habérsele visto visitar las tiendas de los artesanos para persuadirles de que era falsa la instalación de la Suprema Junta Soberana Nacional (la de Sevila, supone Reina Valenzuela) y afirmar que los franceses han de gobernar las Américas". "La insurrección iba en serio, se encaminaba a provocar rebeliones en los cuarteles, a deponer las autoridades coloniales, a tomar las armas que fuesen necesarias y a disparar los fusiles para defender y afianzar la causa emancipadora", dice el historiador.

El 23 de abril 1811 fue capturado en Chinandega, Nicaragua, el soldado de la Octava Compañía de Milicias, Encarnación Valladares, por tratar de sublevar las milicias de la localidad y "por ciertas palabras que tocan a la infidencia".

Se le mantuvo incomunicado en la cárcel de León, con grillete en los pies.

La historia destaca el papel sutil que desempeñó Vicente Artica, un esclavo del alcalde de Tegucigalpa, quien -mientras hacía el trabajo de su amo español- servía de correo a los revolucionarios.

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