Honduras
Gritos de dolor y llanto resonaron en el hospital Mario Catarinos Rivas y una clínica privada en donde fueron llevados cinco heridos de la masacre en una zapatería en San Pedro Sula.
"No se metía con nadie, él trabajaba para mí", reclamaba con llanto desgarrador Melania Contreras, madre de Julio César Contreras, un joven de apenas 19 años.
La progenitora primero fue al Mario Catarino a reclamar el cuerpo de su hijo, donde fueron remitidos otros tres heridos, pero como le dijeron que todavía seguía en la escena del crimen se fue al lugar de la matanza.
"¡Es mi hijo, Dios mío, es mi hijo!", expresaba a pocos metros del taller de zapatería de la colonia San Francisco en donde ocurrió el múltiple crimen. Relató que ella salía de su trabajo cuando le notificaron de la tragedia.
Otros familiares de las víctimas llegaron a ese sanatorio en busca de un milagro, con la esperanza de que sus parientes sobrevivieran.
Para la mayoría no hubo buenas noticias.
Moisés Velásquez Chávez (16) y Mario Alberto, de 15 años, también fallecieron en la emergencia del hospital público. La cuarta víctima es Junio Cardona, de 18 años, por quien su abuela, doña María, lloraba desconsolada.
Los familiares de estos se hacían un nudo y se abrazaban fuerte para darse consuelo.
Madres, hermanos, esposas y demás parentela de los infortunados protagonizaron escenas conmovedoras.
Pedían explicación del porqué a ellos les tocó la tragedia.
"¡Hay qué dolor, qué dolor!", se escuchaba en el centro de atención.
Su pronóstico era reservado por la gravedad de las heridas de bala que recibió.
Además, en la clínica Ochoa de San Pedro Sula fue ingresado otro joven, sin embargo, al llegar a la instalación ya había expirado.